El gobierno se encuentra entre dos fuegos, entre dos demandas antagónicas.

Por un lado, la «oposición», en sus diversas variantes, que reclama soluciones y mejoras a la situación económica del país. Ahora, cuando este reclamo se traduce en cuestiones concretas uno escucha una larga lista de aspiraciones y deseos: generar empleos, frenar el aumento de tarifas, aumentar los salarios de los trabajadores, atender a los sectores más vulnerables, robustecer la industria nacional, etc. etc.

Uno no puede menos que coincidir con tales aspiraciones. El problema es que al momento de traducir tales aspiraciones en medidas, nada concreto aparece. Cuando se esbozan tales medidas, se trata de instrumentos demagógicos sin sustento, tales como la prohibición de despidos, nacionalización de servicios, no al endeudamiento, cierre de importaciones, etc,  Medidas que han sido repetidamente ensayadas y que sólo han agravado nuestros problemas y con graves efectos colaterales.

Por otro lado, cuando se escucha al elenco estable de economistas que critican al gobierno sin estar enrolados en la oposición, se puede oír de ellos las tradicionales recetas que exigen: reducir drásticamente el gasto público, mejorar el atraso cambiario (devaluación), acelerar el aumento de tarifas y así un número de medidas que impactarían seriamente en la gente haciendo perder rápidamente todo sustento político, respaldo vital para cualquier gobierno.

Así, el camino de equilibrio y de medidas graduales que ha adoptado el gobierno aparece como una gestión adecuada. No veo el modo de acelerar el proceso de reconstrucción de las instituciones de la República y del desarrollo básico elemental para poder proyectar salir del estancamiento crónico.

Cali
Written by Juan Carlos Villalonga