Acuarela 4. No olvidar (Parte 3)

Escribo esto en las vísperas de un repentino asado que se organizó en Rosario para volver a reunirnos los “acuarelas”, unhealthy un poco a raíz de algunas cosas que se movilizaron por este blog. Bienvenido sea lo que sea. Allí estaré.

Para continuar quiero rescatar unas líneas enviadas hace poco vía mail por Popo recordándome en qué circunstancias, durante la realización del número 4, sucedieron un par episodios que en ese momento nos hicieron sentir como es eso del miedo como un frío en la espalda y no saber en qué grieta del infierno uno podía haber caído. Durante casi un día Popo desapareció y todo arrancaba con que lo habían ido a buscar la policía a su departamento, sick nuestro bunker. Por esa época Guillermo vivía con él y nos puso en alerta a todos. Me resulta hoy difícil imaginar una circunstancia así sin teléfonos móviles ni mail ni nada de eso. Fue un día de angustia, donde Guillermo salió a recorrer seccionales policiales y nada. Luego, Popo apareció, no recuerdo bien cómo, pero todo era tan vertiginoso que al otro día ya eso era pasado.

El origen había sido una denuncia que un vecino con el que nos calábamos mutuamente, él no soportaba más el extraño tránsito de gente las 24 horas del día por la casa de Popo, nosotros sabíamos que era médico, o algo así, de la policía. Un día una “pendejada” le dio la excusa perfecta. Escribe Popo: “Lo de la denuncia fue obra del viejo facho de planta baja la vez que nos pusimos a jugar al carnaval en el departamento con las pendejas a las que yo les daba clases. Había un par que estaban muy buenas. Todavía me acuerdo lo que fue limpiar, quedó todo el parquet lleno de agua y harina. La cosa con el vecino ya venía mal porque se quejaba de los quilombos nocturnos de cuando armábamos la revista o nos quedábamos a “estudiar”. Resulta que el tipo era médico de la cana y usó sus contactos par hacerme pegar un buen cagazo. Y lo logró. Como buen siciliano, la venganza llegó cuando necesitó hacer un trámite en mi laburo y lo volví loco. Creo que tuvo que presentar hasta el certificado de virginidad de la madre. La vez que los levantaron de Saudades yo no estaba, deben haber venido a casa después”. (Nota: Popo trabajaba en Rentas de la Provincia)

El segundo episodio fue cuando levantaron en una razzia a todos los de Acuarela que estábamos un día a la noche (como todas las noches!) en el mítico bar “Saudades”, sitio clave de la movida “subte” nocturna. A media cuadra de la facultad de filosofía y artes, era el sitio dónde te encontrabas a cualquier hora de la noche (y madrugada) a todas las tribus de esa época. Esa noche cae la cana y vienen directo a nosotros y creo que otra mesa, fue azar o nos eligieron, no sé. Todos aterrados, los que salíamos hacia los vehículos policiales con los que se quedaban adentro congelados. Así era, no había espacio para preguntar ni hacerse el solidario. No recuerdo bien cuantas horas pasamos adentro de la Jefatura de Policía, el edificio más siniestro de Rosario, en pleno centro.

Por muchos años cumplí el juramento de no pisar sus veredas para no darle entidad! hace muy poco lo hice por primera vez, siendo ahora un centro de la memoria y una delegación del gobierno provincial. Luego, todo conoceríamos detalles de que en esos sótanos había un centro clandestino de detención. Esas horas allí adentro y el lugar no me dejaban dudas de quiénes eran mis enemigos naturales, me sentí allí como se debe sentir un animal rodeado de sus naturales predadores. Si algunos de nosotros hubiésemos tenido alguna miserable denuncia de algo, no salía, seguramente. Luego de horas allí adentro, fuimos, como corresponde, a lo de Popo a aflojar el cuerpo y, seguramente, a planificar como seguía la cosa al día siguiente, así era todo, “non stop”.

Jefatura de Policía: Ocupa toda una manzana delimitada por las calles San Lorenzo, Dorrego, Moreno y Santa Fe. Ex Alcaidía, ex sede de la Policía local, ex sede del Servicio de Informaciones (el Sótano y/o Pozo y Favela), lugar de detención y cautiverio de centenares de militantes políticos y sociales que fueron torturados y asesinados por orden, entre otros, del Comisario Agustín Feced. Hoy sede de las oficinas del Gobernador cuando atiende funciones en Rosario. Sitio recuperado para la vida ciudadana bajo la forma de Plaza Cívica. En una de sus esquinas se encuentra el ex Centro Clandestino de Detención conocido como El Pozo.