Acuarela 5: (5) Una de Piratas

Continúo con el contenido de nuestro número 5. Número definitivo en diversos aspectos personales y por los sucesos que ocurrían alrededor nuestro. Sigo recorriendo el contenido:

-“La idea de la soberanía popular”: sobre esta nota ya me explayé en en una entrada particular dedicada a la misma. No es necesario, por ahora, abundar más.

Luego, venían dos poesías de Héctor Paruzzo, nuestro poeta “beatnik” en los ´60 en Rosario.paruzzo_cara168 Los títulos, “accesis, x” y “La Ciencia”. Héctor Paruzzo falleció en el 2006 a los 62 años. Con él compartimos muchas tertulias, programas de radio y largas temporadas de cine (amante absoluto del cine) en el Cineclub de Rosario, junto a su esposa, Hilda Capitano, viendo hasta lo inimaginable en esa extraordinaria institución. ¿Qué será ahora?.

Hay bastante en internet sobre Hector Paruzzo. Quiero recatar este texto publicado en Rosario/12 en el 2006:

PEQUEÑO, PELUDO Y SUAVE

Por Oreste Brunetto

A Garea chico, in memoriam

Así era ya, tal que el Platero de Juan Ramón Jiménez, el joven Héctor Roberto Paruzzo en su doble calidad de pimpollo de poeta como de pichón existencialista. En ésa, su dualidad de librepensador y vate, con melena y barba de gaucho malentretenido, podía divisárselo, allá por el ’60, ’61, en las inmediaciones de la librería de usados “América”, de Mendoza al tres mil trescientos puesto que el mozuelo había constituido allí su base de operaciones. (El dueño de la librería era de Don Américo Luis Garea, quien también era pequeño, pero nada peludo: lucía una rigurosa medio americana‑, y nada suave. Por el contrario: áspero. Lo que se dice áspero).

Por otra parte, y para acentuar su singular apariencia de santón, de proto hippie, de adelantado beatnik, de extraño de pelo largo cuando el sonajero era el único instrumento de Roque Narvaja, de Allen Ginsberg litoraleño, Héctor Roberto Paruzzo también cargaba sempiternamente un pesado bolso lleno de libros, que si no fuera porque no tenía pinta de viejo, hubiera sido sindicado como el Hombre de la Bolsa por los pibes.

La librería de Garea aseguraba la consecución de todo tipo de literatura subversiva, léase maximalista, naturista, filocastrocomunista, etc. Esto a causa de que su dueño, cuando había ejercido de maestro y director de su propia escuela había formado parte ‑me enteré muchos años después‑ del grupo de anarquistas del barrio. Entre los que también se contaban una muchachita suiza, nacida en el Ticino: Alfonsina Storni, y otras lobeznas rerezarpadas de Echesortu y zonas aledañas. Todo esto me lo fue contando Garea chico, o sea, Daniel. Me lo fue soltando de a poco, reservada, grave, tabicadamente (como si el tiempo se hubiese detenido en milnovecientos, y el comisario inspector Ramón L. Falcón todavía estuviese constituyéndose en empedernido perseguidor de ácratas antes de haber saltado por los aires con muy poco donaire por la bomba que le arrojó el anarquista Simón Radowisky, quien aun siendo bastante pequeño, ya que contaba con sólo dieciocho ucranianos añitos, tal vez haya sido peludo, pero ya me dirán si el hombre era suave).

En cuanto al lobizón Paruzzo: me lo topé el sábado pasado en El Cairo, e interrumpiendo la amable plática que él HÉCTOR 1 mantenía, volví‑ reconozco que algo pegajosamente‑ a comentarle cómo, siendo yo un chico, me impresionaba verlo con sus crines nihilistas al viento. Y de paso le comenté algo de mi tardío descubrimiento de la adscripción libertaria de Garea. De la cual él algo sabía. O mucho, y medio se hizo el burro y me tabicó todavía más anacrónica cuan desconfiadamente que Garea chico. Y más bien dequerusa, o sea, como al pasar, me comenta que sabía que Don Garea había conocido a Radowisky, porque cuando ya había purgado veinte años en Tierra del Fuego, el Peludo Irigoyen, a pocos días de ser derrocado, no va que lo indulta, entonces el Ruso desde Ushuaia, se viene para acá, pasa por Rosario. Y de aquí se va a agitar a Montevideo. Y después, a combatir a España, en contra del alzamiento contra el gobierno republicano. Integra las Brigadas Internacionales, porque lleva una carta que le ha dado Garea, para Buenaventura Durruti, el anarquista que comandó la famosa, la aguerrida columna que combatió desde Barcelona hasta Madrid, pasando por Aragón. La suegra de Garea había conocido a Durruti en Barcelona.

En Madrid, al final murió, Durruti. En la Plaza de la Moncloa, si no me equivoco, el veinte de noviembre de 1936, comenta Paruzzo, con un tono entre conspirativo y litúrgico, propio de una catacumba romana, pues luego de tomar aliento, susurra: parece que se le disparó el propio fusil: ¡Un verdadero pecado!.., remata, lamentándose con una expresión tan franca cuan inesperadamente pía, mientras se mesa suavemente la rebelde barba ‑de mendicante, que ha conservado in honoris juventus‑ pues Paruzzo es suave, tal que su poesía, tal que sus modos, que son gentiles y recatados. Como lo eran los de todo ácrata que se preciara de serlo: nada de guasadas, no se puede propugnar un mundo mejor usando un lenguaje guarango. Por eso abrazaron tan entusiastamente el esperanto, el que, como todo el mundo sabe, no contiene mala palabra alguna. Es suave, pero no vas a querer ir a discutirle algo de El ser y la nada, porque te acuesta, pero mal, mal.

El Ruso, o sea Radowisky, en cambio, sobrevivió y se fue a vivir a México, continúa como repasando una lección en voz alta, pero suavemente que ni fuera Elvis Costelo cantando un misterio del rosario con música de “Suavemente”. Por lo que cuenta Daniel, pasó por Rosario. Se había estado aguantando en San Jenaro, en la casa de un tal Vimos, creo. El Ruso era indoblegable. También: ¡Había sobrevivido a veinte años en Ushuaia y la guerra civil española! “¡Arroja la bomba que escupe metralla! ¡Coloca petardo, empuña la Star!”, parece que fue lo último que dijo, son los primeros versos de la marcha anarquista. Y al repetirlos: arroja la bomba, etc, nos galvaniza que ni fuera Kropotkin. Sí, ahí y en pleno 2005, en una plácida mañana de sábado de verano rosarino, logra hacernos animados por los exaltados espíritus de Bakunin, o Severo Di Giovani, de Bartolomeo Vanzetti o Nicola Sacco.

Es bravo, el hombre, uno no se puede descuidar, porque suave‑suave como se presenta, Héctor Roberto te lee sus versos, y te deja en la lona, te hace saltar por los aires con mucho más donaire con el que lo hizo el finado Ramón L.. Con esa facha de monje copto, o de pastor griego, ojo, que el muy travieso de Paruzzo mientras suavemente te recita sus poemas o te cuenta la vida de Malatesta o la parusía de Sartre, es muy, pero muy capaz de soplarte la dama.

Luego le sigue “…una de piratas”, la nota que escribí sobre Serrat, buena continuación a lo anterior, por varias razones, pero se hace muy largo. Sólo dejo el tema, del que era en ese momento, el último disco de Serrat, “En Tránsito”.

4 Comentarios

  • ¿Como va la vida?
    Como estoy lejos me llama la atención el debate de ideas que se lleva en Buenos Aires. Como si hubiera que explicar y fundamentar y demostrar una y otra vez hasta el cansancio que de esta manera, con este modelo y con estos dirigentes, no va. En el blog me empapo de las aguas subterraneas. Esta bueno. Una pregunta inocente pero certera y trascendental: ¿qué pasa con Sabatella? Hay algo más de lo que vemos. Algo raro. Es mi olfato alternativo que detecta no se qué.
    Pero hoy nevó por primera vez en el año acá y eso indica que estoy lejos para entender.

    Alejandro Bariloche 11 mayo, 2009
  • La vida anda. Lo que no anda, como vos decís, es esta ficción política.

    Sobre Sabbatella, no pongo expectativas, creo que comparte una matriz ideológica que no lo diferencia de la mayoría, vale destacar, quizás, una diferencia en honestidad que, insisto, no es menor.

    Supongo que tu olfato alternativo detecta lo mismo que detecto yo.

    Disfrutá de la nieve. Luego voy a repasar quienes pueden pasar el “desafío de la blancura”!!

    Cali 13 mayo, 2009
  • Gracias, Cali, por difundir text “Pequeño…”
    que supone ya, ay!, 2 In memoriam… 1 abrazo

    muntaner 28 septiembre, 2009
  • El del comentario de “Pequeño…”, reokviamente, soy yo, Oreste, gracias un´altra volta, 1 abrazo

    muntaner 28 septiembre, 2009