septiembre 20, 2016 Publicaciones No hay comentarios

Veamos ahora la parte más peliaguda y compleja de lo que se viene en relación al Acuerdo de París. Hasta ahora, y por estos meses, la cuestión central pasa por no perder el impulso político, consolidar el proceso de ratificaciones y así lograr su entrada en vigor lo antes posible. De alcanzarse ese objetivo rápidamente, se harán más realistas las posibilidades de lograr los objetivos climáticos del Acuerdo, puesto que la acción temprana, pre-2020, es crucial.

Ahora, la cuestión, como ya vimos, es que las INDCs (Intended Nationally Determined Contributions) presentadas no alcanzan a estar a la altura de las exigencias que impone el Acuerdo de París. Por lo tanto, el Acuerdo deberá impulsar una revisión, de mayor ambición, de los objetivos de mitigación hasta ahora presentados por cada uno de los países. Como ya lo hemos señalado, los países miembros del G20 deberán mostrar  liderazgo y compromiso, como ningún otro conjunto de países.

Entonces aquí viene la pregunta: ¿qué debe hacer Argentina con su INDC?

Por empezar, la INDC presentada el 1 de octubre de 2015 se convertirá en la NDC en el marco del Acuerdo si no hay modificación alguna  antes de que el mismo entre  en vigor. Lo  primero a decir es que Argentina deberá modificar sustancialmente su INDC y elevar su nivel de ambición de manera drástica. ¿Es eso posible de hacer a corto plazo? Hacerlo bien, requiere de tiempo, mucha dedicación, mucho compromiso político y un trabajo de consenso y acuerdos internos dentro del gobierno, entre las fuerzas políticas y los distintos sectores económicos. Sólo de ese modo es factible presentar una meta como la que se espera que Argentina contribuya.

¿Cuándo debe ocurrir esto? En algún momento antes de 2018, un tiempo que permitirá ser serios en la propuesta a desarrollar y que permitirá llegar a ese año con una nueva meta cuando se deba realizar una revisión global de dónde estamos parados y cómo estamos con el efecto agregado de todas las contribuciones.

Pero primero que nada, recordemos cuál ha sido la INDC presentada por Argentina. El siguiente gráfico muestra el compromiso presentado:

argentina Como puede verse, en línea roja tenemos la evolución de las emisiones de GEI en un escenario de Business as Usual (BAU), es decir, un escenario tendencial. Es una suposición acerca de cómo evolucionarían las emisiones en caso de no adoptarse políticas específicas de mitigación.

Según el inventario de emisiones de GEI realizado para la 3° Comunicación Nacional ante la Convención, el volumen total de emisiones en el año 2012 fue de 440 MtCO2eq. Como puede verse, la curva BAU ese año muestra un valor que supera holgadamente los 450 Mt CO2eq.  Es decir que, desde el arranque, la curva roja está por encima de lo real, ya arrancamos con un valor “inflado”.

La curva punteada verde clara es la trayectoria de emisiones que propuso Argentina a partir de aplicar medidas de mitigación, por eso la curva verde clara llega al 2030 con un 15% de reducción respecto de la curva BAU (meta incondicional). Este 15% de reducción es relativo al BAU y el BAU es una especulación, que como vimos, está sobredimensionada. Con lo cual, ese 15% es muy probable que se logre sin hacer ningún esfuerzo adicional. Se reduce “hot air”, nada, sólo es una reducción en los papeles. Lo inadmisible e irrisorio de esta meta es que para el 2030 las emisiones argentinas continúan creciendo. Esto despierta sonrisas, en el mejor de los casos, a nivel internacional.

La curva verde más oscura plantea realizar un esfuerzo de reducción un poco mayor, reducir un 30% condicionado a la obtención de ayuda financiera del exterior (meta condicional).

El objetivo de inflar la curva BAU es para que la reducción que se produzca se pueda traducir en porcentajes significativos, tales como el 15% o el 30%, cuando en realidad, son reducciones mucho más modestas.

La denominada “meta condicional” resulta un poco más realista. Plantea un crecimiento de las emisiones llegando a su máximo para el 2025 para iniciar luego su descenso y volver a los niveles actuales para el 2030. Esta propuesta estaría en línea con lo expresado en el Artículo 4 del Acuerdo de París cuando dice que “las Partes se proponen lograr que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcancen su punto máximo lo antes posible, teniendo presente que las Partes que son países en desarrollo tardarán más en lograrlo”. Es claro que esta meta resulta un poco más admisible.

Ahora, lo cierto es que las emisiones de Argentina deben tener un declive mucho más pronunciado. Aquí el inconveniente es que la dirigencia política local aún no ha tomado debida cuenta del esfuerzo que hay que realizar. Revisar la meta para llevarla a un nivel compatible con la meta de los 2°C es un debate que debemos darnos con profundidad. Hoy no estamos aún en condiciones de afrontar ese desafío. Luego de la ratificación, vendrá un aceleramiento de las negociaciones y eso creará un clima más propicio a nivel nacional.

Entonces mi propuesta es que la INDC actual se convierta en la NDC (contribución determinada a nivel nacional) argentina automáticamente cuando el Acuerdo entre en vigor. Domésticamente, debemos asumir que la meta a cumplir es la que corresponde a la reducción del 30% de la fantasiosa curva BAU y comenzar ya mismo el trabajo de revisión de una nueva NDC para ser presentada en 2017.(1)

Esta nueva meta hay que comenzar a construirla desde ahora, responsablemente y con la participación de la sociedad. Se tratará de la Política de Estado más importante para los próximos 15 años y determinará qué tipo de desarrollo deberá tener cada uno de los sectores de la economía nacional. Eso requiere mucha madurez.

Luego sigo con una estimación de la trayectoria que debería presentar Argentina el año próximo.

Cali

(1) La que debe ser aprobada por Ley del Congreso Nacional. Las únicas leyes de Cambio Climático realmente útiles son: la Convención de Cambio Climático, el Acuerdo de París y una ley específica que asuma la meta de reducciones de aquí al 2030.

Written by Juan Carlos Villalonga