septiembre 1, 2016 Publicaciones No hay comentarios

Hoy aprobamos en la Cámara de Diputados de la Nación el Acuerdo de París. Quiero destacar especialmente que el Acuerdo de París es el acuerdo más importante al que ha arribado la comunidad internacional en materia de ambiente y desarrollo. Este Acuerdo influirá, como ningún otro, en la política global y la de cada de uno de nuestros países en materia de desarrollo durante la próximas décadas.

El desarrollo económico y social de nuestra sociedad de aquí en más deberá estar enmarcado, indefectiblemente, en el cumplimiento de las metas de reducción de gases de efecto invernadero que cada país deberá fijar y actualizar acorde a sus condiciones particulares, pero que en su efecto agregado, deberán garantizar el cumplimiento del objetivo de París.

Es decir que nuestro desarrollo energético, industrial, agropecuario, nuestras modalidades de transporte y hasta nuestra política de utilización de los recursos naturales, tales como bosques y humedales, deberán estar fuertemente signados por las metas de mitigación y adaptación al cambio climático que deberemos trazarnos en el marco de este Acuerdo.

La meta nacional que adoptaremos autónomamente deberá colaborar a que, globalmente, alcancemos el objetivo climático del Acuerdo de París, esto significa que el aumento de la temperatura global del planeta se mantenga por debajo de los 2°C y hacer todo el esfuerzo posible para que ese límite sea de 1,5°C.

Como referencia del  esfuerzo que debemos realizar señalo, que durante el primer semestre de este año la temperatura global rozó 1,3°C. Estamos al límite. Es decir, debemos acelerar de manera drástica un cambio profundo en el modo en el producimos y consumimos bienes y servicios. Principalmente la reducción acelerada  del uso de combustibles fósiles.

Se trata del desafío civilizatorio más importante al que nos hemos enfrentado. Para mitad de este siglo, en apenas 35 años, deberemos haber producido cambios radicales, por ejemplo, en materia energética como nunca antes ocurrió en la historia de la humanidad.

El Acuerdo de París significa un gran logro político que se cristalizó en diciembre pasado en la COP21. Pero es un acuerdo que emerge de los fracasos políticos que significó el Protocolo de Kioto y el fallido intento de alcanzar un acuerdo en el año 2009 en Copenhague.

La comunidad internacional se repuso de tamañas derrotas y este Acuerdo es el resultado. Por eso vemos que tanta gente y muchos líderes políticos procuran denodadamente no perder el impulso político que se generó en diciembre de 2015.

No sólo se debe destacar la gran adhesión que obtuvo en la XXI Conferencia de las Partes de la Convención Climática de París, sino también el hecho de que el pasado 22 de abril, fecha en la que se abrió a la firma este Acuerdo, más de 170 países estuvieron en Nueva York para poner su firma expresando respaldo político al Acuerdo. Destaco que nuestro país haya sido parte de ese tan importante paso.

Estamos ahora en un proceso extremadamente complejo y difícil, el proceso de ratificación del acuerdo por cada una de las Partes de la Convención. En cada uno de los países esto implica el debate  parlamentario o procesos de similar carácter legal. Un proceso naturalmente lento y muy complejo políticamente, especialmente en algunos países clave, como los Estados Unidos y China, los dos mayores emisores de gases de efecto invernadero.

Todo el mundo está observando las noticias que se producen y los gestos que cada país está dando en esta materia, por eso es tan importante que Argentina por estos días vaya a la Cumbre del G20 con el Acuerdo ya aprobado por su Congreso.

Es remarcable que hoy en Diputados finalice el proceso de adopción legal del Acuerdo, dentro de los plazos estimados como deseables, o sea, durante el segundo semestre de este año.

Las noticias que nos llegan de diferentes partes del mundo son alentadoras: posiblemente Estados Unidos y China estén dando alguna señal significativa en los próximos días. En nuestra región, Perú ya lo ratificó y Brasil y Costa Rica se encuentran en estadios similares  al nuestro. Los pronósticos son muy alentadores, quizás antes de final de año tendremos el acuerdo en condiciones de entrar en vigor, en convertirse en un instrumento legalmente vinculante.

Para que esto ocurra es necesario que, al menos el 55% de los países miembros de la Convención lo ratifiquen, pero esos país deben sumar de manera conjunta al menos el 55% de las emisiones globales. Recordemos que un proceso similar demoró 8 años en el caso del Protocolo de Kioto.

Tal vez el Acuerdo de París lo logre en un año. Eso nos habla del sentido de urgencia que hoy prima en estas negociaciones.

Hoy nuestro principal desafío es ser parte activa de este proceso y acompañar al resto de los países latinoamericanos a sumarse a este esfuerzo. Argentina ha abandonado un rol pasivo de los últimos años y transformarse en un activo jugador tanto en su política exterior como en la doméstica en materia de Cambio Climático.image55bc0182c9ced8.81434077

Recordemos que el Acuerdo de París establece metas climáticas, como las que mencioné, las implicancias en materia de compromisos de reducción de emisiones así como esfuerzos de adaptación, corre por cuenta separada y lo que hará el Acuerdo es brindar un marco para su evaluación y realizar el conteo global de contribuciones nacionales para verificar qué tanto nos acercamos a  la acción necesaria para el cumplimiento de las metas.

En el caso argentino, hemos presentado en octubre de 2015 una primera meta de reducción de emisiones que ha sido muy criticada tanto por expertos locales como por analistas internacionales. De acuerdo al  compromiso de este gobierno, la meta deberá ser revisada y mejorada lo antes posible, para que sea una contribución responsable. Recordemos que hoy nos ubicamos en el puesto 21 del ranking de mayores emisores entre los 190 países de la Convención. Nuestras emisiones per cápita  superan las emisiones promedio europeas, eso nos ubica  en un lugar de responsabilidad no menor.

La revisión de esa meta debe ser un proceso abierto, donde los distintos sectores de la sociedad puedan contribuir y ser plenamente conscientes del esfuerzo que eso representará para cada uno de ellos.

La meta propuesta se convertirá en la política de estado más importante  de aquí al año 2030, por lo menos. Los próximos 15 años son centrales, tanto para nuestro país, como para mundo.

Será deseable que nuestra contribución tenga un respaldo del Congreso Nacional, debemos acordar que será nuestra política marco más relevante  y todas nuestras decisiones deberán tomarse teniendo en cuenta la meta nacional adoptada. Cada vez que legislemos en materia energética, industrial o en distintas áreas sensibles, deberemos pensarlas a la luz de nuestro compromiso. Este compromiso, denominado NDC (Contribución Nacionalmente Determinada), será una meta dinámica que será objeto de revisión (siempre a la baja) dentro del marco del Acuerdo y  cada 5 años.

Todos esperamos que este Acuerdo signifique la respuesta política que el planeta y la humanidad necesita para  enfrentar  el mayor desafío ambiental y de desarrollo durante este siglo, el cambio climático.

Por estas razones, Argentina debe acompañar este proceso global y es muy importante que nuestro país pueda anunciarle al mundo esta semana, en la próxima reunión del G20, que su Congreso Nacional ya aprobó el Acuerdo de París.

Cali

Written by Juan Carlos Villalonga