marzo 5, 2017 Publicaciones 1 comentario

Quiero compartir algunas reflexiones sobre la situación económica de la Argentina. Un tema que nos preocupa a todos, desde hace ya muchos años.

En la actual coyuntura, no podemos decir que gozamos de una economía «próspera», ni se puede desconocer la complejidad que enfrenta el país ni las penurias que millones de argentinos sufren por su situación de pobreza crónica, precariedad laboral e incertidumbres asociadas a la extrema fragilidad económica en que viven la mayor parte de los argentinos. Son muchos los asuntos económicos y sociales que están en muy malas condiciones en nuestro país y el trabajo emprendido para reconstruirlos es lento y está costando que sus resultados se hagan palpables para la gente.

Ahora, dicho esto, me parece que abundan por estos meses las críticas despiadadas a la actual gestión y a la política económica que lleva adelante el gobierno de Cambiemos. Mucho de lo que se escucha y lee es crítica sobreactuada y todos sabemos que la misma irá creciendo al calor del año electoral.

Muchas críticas provienen de gente que posee preocupaciones y ansiedades más que justificadas. Pero sorprende que haya tantos periodistas, economistas, dirigentes sociales y políticos que agiten sus demandas por resultados inmediatos cuando saben muy bien lo difícil que es obtener tales resultados en tan corto plazo. Algunos de ellos lo reconocen «off the record». Pero existen otros también que se animan a reconocer públicamente las dificultades que enfrentamos, puesto que no tienen interés en ser parte de las venideras campañas políticas o por su propia honestidad intelectual. Incluyo como ejemplo de esto último a las declaraciones del economista Miguel Bein, quien ha venido coincidiendo con la política económica del gobierno y resaltando los resultados que poco a poco se van obteniendo. Vale destacar que Bein fue el economista insignia del candidato del FpV, Daniel Scioli.

Es muy difícil pretender analizar y sintetizar la economía de un país en base a algunos indicadores aislados, sean los que fueren. Pero voy a tomar algunos de ellos para intentar analizar un poco más racionalmente lo que está pasando. Es ese ejercicio el que me permite tener una dosis de optimismo aún dentro del contexto tan complejo en el que estamos.

Decía de las críticas despiadadas a la actual situación -y esto es muy cínico- las hacen quienes cuando ocupaban sitios de decisión no supieron remediar lo que critican ahora o, por el contrario, ejecutaron políticas que agravaron el escenario con que hoy nos enfrentamos. También están los que «opinan desde afuera», o mejor dicho, opinan manteniéndose prudentemente «afuera», porque no tienen demasiada idea de lo que harían si tuviesen que tomar decisiones siempre difíciles y desagradables. Un mango que va para un lado, deja de ir para otro.

Como todos estamos siendo parte de la «economía» todos podemos opinar como ésta nos trata, claro que sí. Y la mayoría de nosotros opina legítimamente desde la experiencia propia y directa. Pero los analistas, los dirigentes y políticos deberían poder elevarse un poco y salir del rol de «indignados mediáticos» para ayudar a la sociedad a comprender cuál es el mejor camino, ya sea el que toma el gobierno u otro que ellos recomienden. Pero sólo alarmar, escandalizar y patalear por TV no es digno de un «dirigente».

Antes de seguir quiero explicar brevemente mi pensamiento en materia económica. Lo que la humanidad viene ensayando a lo largo de la historia ha sido un fracaso en términos de solidez y resultados a largo plazo. La economía global nos conduce a un suicidio de marginación, desempleo, destrucción ambiental y escasos paraísos temporales y muy acotados. No hay experimento feliz. Ni desde la extrema planificación al fundamentalismo liberal; desde la vía socialdemócrata a los experimentos populistas, desde las teorías más centradas en la plena globalización a aquellas pensadas para mercados locales de «vivir con lo nuestro». Todos estos ensayos mostraron sus límites y muy baja estabilidad en el tiempo. O sea, no desconozco que estamos mal. A  pesar de eso, la aventura de la civilización es encontrar la correcta vía para avanzar a un futuro deseable y sostenible. En eso estamos, algunos procurando estar más informados, otros pensando tan sólo hasta las próximas elecciones.

Para ser viable una economía debe cumplir y dar solidez a tres pilares básicos: hacer un uso eficiente de  los recursos naturales, ser de baja  intensidad de carbono o descarbonizada y, por supuesto, ser socialmente inclusiva.

Estos son los pilares de la economía «verde» a la que debemos aspirar. ¿Estamos lejos?, si. ¿Podemos cumplir con estos objetivos? Debemos intentarlo, no tengo dudas.

En síntesis, todo ha venido fallando. Debemos ir hacia otra economía. El camino es incierto y no está escrito.

Pero ahora volvamos a la Argentina y su coyuntura.

Como ya lo dije anteriormente, no existe una única variable económica valedera o representativa. Más aún, muchas de las que generalmente se utilizan no reflejan necesariamente el bienestar de la población ni mucho menos los aspectos de la economía verde anteriormente señalados. No obstante, en el corto plazo, hay que usar algunas de ellas para medir los avances en la materia y su impacto en las personas. Debemos tener en cuenta que la economía es un sistema bien complejo, donde se pueden determinar algunas reglas casi infalibles, pero también la existencia de variables que funcionan bajo una fuerte influencia política y emocional y, además, una dosis de incertidumbre propia del caos imperante en todo sistema tan complejo.

Sin duda, si uno procura tomar una variable representativa del estado de la economía, una de ellas, sin duda, es la «inflación». Insisto, es difícil verla disociada de todas las demás, pero vamos a tratar de ver su estado de situación dada su relevancia.

Para la gente, la «inflación» ha estado siempre asociada al valor del dólar y las corridas cambiarias para protegerse en la moneda estadounidense como un modo de cuidar sus ahorros y su dinero.

Que estas dos variables – inflación y valor del dólar -estén hoy evolucionando de manera ordenada hace a la previsibilidad de la economía familiar, permite el desarrollo de los pequeños negocios y genera un clima de tranquilidad para el intercambio de bienes y servicios a escala nacional. Se trata de condiciones básicas y necesarias, aunque no suficientes.

Entonces, veamos qué ha pasado con la inflación durante los últimos años en la Argentina. La serie histórica nos muestra lo siguiente:

Año IPC INDEC (%) IPC extraoficial (%) Presidentes
1945 19,9 Edelmiro Farrel
1946 17,6 Edelmiro Farrel. Juan Domingo Perón
1947 13,6 Juan Domingo Perón
1948 13,1 Juan Domingo Perón
1949 31,0 Juan Domingo Perón
1950 15,6 Juan Domingo Perón
1951 36,7 Juan Domingo Perón
1952 38,8 Juan Domingo Perón
1953 4,0 Juan Domingo Perón
1954 3,8 Juan Domingo Perón
1955 12,3 Juan Domingo Perón. Eduardo Lonardi Pedro Eugenio Aramburu
1956 13,4 Pedro Eugenio Aramburu
1957 27,7 Pedro Eugenio Aramburu
1958 22,5 Pedro Eugenio Aramburu. Arturo Frondizi
1959 113,7 Arturo Frondizi
1960 27,3 Arturo Frondizi
1961 13,5 Arturo Frondizi
1962 28,1 Arturo Frondizi. José María Guido
1963 24,0 José María Guido. Arturo Umberto Illia
1964 22,2 Arturo Umberto Illia
1965 28,6 Arturo Umberto Illia
1966 31,9 Arturo Umberto Illia. Juan Carlos Onganía
1967 29,2 Juan Carlos Onganía
1968 16,2 Juan Carlos Onganía
1969 7,6 Juan Carlos Onganía
1970 13,6 Juan Carlos Onganía, Roberto Levingston
1971 34,7 Alejandro Agustín Lanusse
1972 58,5 Alejandro Agustín Lanusse
1973 60,3 Alejandro Agustín Lanusse, Héctor Cámpora, Raúl Lastiri, Juan Domingo Perón
1974 24,2 Juan Domingo Perón. Isabel Martínez de Perón
1975 182,8 Isabel Martínez de Perón
1976 444,1 Isabel Martínez de Perón. Jorge Rafael Videla
1977 176,0 Jorge Rafael Videla
1978 175,5 Jorge Rafael Videla
1979 159,5 Jorge Rafael Videla
1980 100,8 Jorge Rafael Videla
1981 164,7 Jorge Rafael Videla, Roberto Eduardo Viola. Leopoldo Fortunato Galtieri
1982 343,5 Leopoldo Fortunato Galtieri. Reynaldo Bignone
1983 433,7 Reynaldo Bignone. Raúl Alfonsín
1984 688,0 Raúl Alfonsín
1985 385,4 Raúl Alfonsín
1986 81,9 Raúl Alfonsín
1987 174,8 Raúl Alfonsín
1988 387,7 Raúl Alfonsín
1989 3079,5 Raúl Alfonsín. Carlos Saúl Menem
1990 2314,0 Carlos Saúl Menem
1991 84,0 Carlos Saúl Menem
1992 17,5 Carlos Saúl Menem
1993 7,4 Carlos Saúl Menem
1994 3,9 Carlos Saúl Menem
1995 1,6 Carlos Saúl Menem
1996 0,1 Carlos Saúl Menem
1997 0,3 Carlos Saúl Menem
1998 0,7 Carlos Saúl Menem
1999 1,1 Carlos Saúl Menem. Fernando de la Rúa
2000 -0,9 Fernando de la Rúa
2001 -1,1 Fernando de la Rúa. Ramón Puerta. Adolfo Rodríguez Saá. Eduardo Camaño
2002 40,9 Eduardo Camaño. Eduardo Duhalde
2003 13,4 Eduardo Duhalde. Néstor Kirchner
2004 4,4 Néstor Kirchner
2005 9,8 Néstor Kirchner
2006 10,9 Néstor Kirchner
2007 8,5 24,0 Néstor Kirchner. Cristina Fernández de Kirchner
2008 7,2 23,8 Cristina Fernández de Kirchner
2009 7,7 16,4 Cristina Fernández de Kirchner
2010 10,9 25,9 Cristina Fernández de Kirchner
2011 9,5 24,0 Cristina Fernández de Kirchner
2012 10,8 26,0 Cristina Fernández de Kirchner
2013 10,9 23,3 Cristina Fernández de Kirchner
2014 23,9 38,5 Cristina Fernández de Kirchner
2015 Suspendido 26,8 Cristina Fernández de Kirchner. Mauricio Macri
2016 39,2 Mauricio Macri

Como se puede ver, allí está nuestra historia trágica en relación a los procesos inflacionarios, con el agravante de que los saltos desde los valores altos y las abruptas caídas se deben, fundamentalmente, a mega ajustes que hacen colapsar la economía en general. Hoy esos modelos están descartados por los efectos adversos y por no resultar sostenibles en el tiempo, si no se corrigen los orígenes estructurales de la inflación. Somos un claro ejemplo de que la salida a la inflación por la vía del ajuste abrupto no funciona. Por eso, el proceso anti-inflacionario, según recomiendan hoy todas las escuelas económicas, es la salida progresiva y lenta. Por ese camino es que transita la Argentina y no veo una opción mejor a la vista.

Enfoquemos la inflación en los últimos años:

A partir de 2007, el falseamiento de los valores oficiales (en azul) era tan evidente que comenzaron a publicarse  valores generados por consultoras privadas y gobiernos provinciales (valores en rojo). En el año 2015 no se publicó el índice oficial a la espera de retomar una metodología cierta de cálculo. El valor de 2016 se correspondió con los calculados por las entidades privadas.

Como se puede ver, la inflación bajísima del 2000, 2001 producto de una recesión descomunal, tuvo luego un repunte inflacionario en 2002 con la devaluación, el más alto de esta serie. Luego viene una caída a partir de 2003 que comienza a desbordarse a partir de 2005 y conduce al cambio de metodología de cálculo en el INDEC de manera que no represente los verdaderos valores de la inflación. A partir de 2007 podemos ver en barras rojas la inflación creciente y muy alta que se mantiene hasta hoy.

Durante  2016, el impacto del aumento de las tarifas de la energía, entre otros aumentos, hicieron que la inflación diera un salto respecto de 2015, que se concentra en el primer semestre de 2016. Los valores de inflación en el segundo semestre y los actuales meses permiten suponer un 2017 con un valor de inflación estimado por el gobierno del 17%. Algunas estimaciones privadas llegan hasta un 25%. Es decir, en cualquier caso, retornando a los niveles de inflación de la década pasada.

Esto es lo que indican los números. ¿Podría haber sido diferente? creo que no. O mejor dicho, claro, podría haber sido mucho peor, porque la salida del cepo y la liberación del precio del dólar podrían haber generado una importante devaluación, y eso no ocurrió. La inflación hoy está fuertemente influida por la necesaria recomposición de los precios de los servicios, fundamentalmente, la energía. Eso también influirá en el resultado de 2017.

¿Qué se puede decir? No se puede concluir que algo escandaloso es lo que ha ocurrido. ¿Es mala la situación? por supuesto, pero era inevitable y lo cierto es que la inflación mensual está generando la confianza de que estamos en un sendero de paulatina desaceleración y eso se refleja en que la inflación deja de ser una de las prioridades en el debate económico.

Me parece que estamos en un proceso lógico y totalmente en línea con lo que se prometió y se dice estar haciendo. Un proceso gradual de baja de la inflación cuyo objetivo es llevarla a menos del 10% anual para el 2019. Metas realistas para un país que tiene su economía enferma. Veamos nuevamente la serie histórica de inflación para corroborar nuestra grave enfermedad.

¿Esta es una buena noticia en el corto plazo? Si y no. Si, porque el proceso de desaceleración parece que está en marcha y debemos apostar a él. No, porque el proceso será naturalmente lento y eso aliviará muy lentamente el bolsillo de cada argentino.

Quienes se escandalizan por estos temas deberían decir la verdad. En la última década no se respondió a tiempo a un proceso inflacionario que se disparaba, o mejor dicho, se respondió ocultando las cifras. Y todo se agravó.

Por otro lado, y como señalé más arriba, otra variable vinculada a la inflación que los argentinos observan con recelo siempre es el valor del dólar. Desde el momento en que se unificaron los valores, en diciembre de 2015, y se adoptó un tipo de cambio flexibe -la divisa responde a los vaivenes de la oferta y demanda-, su cotización se ubicó en $ 13,5 y hoy cotiza alrededor de $ 15,7. No se disparó. No hubo estampida. Al contrario, lo que algunos reclaman es que este es un dolar bajo y eso desalienta las exportaciones.

Es decir, el sendero de desaceleración de la inflación estaría en marcha y en línea con lo anunciado y previsto. El dólar ha mantenido su cotización durante más de un año y nadie especula nada raro en esta materia.

Otra vez, ¿son buenas noticias?, sólo son síntomas de que las cosas marchan por un sendero normal y previsible, nada más. Pero aún así, muy valorable. Esto no significa que la economía esté bien, como lo señale al inicio. Sólo quiero resaltar que cuando se habla de economía deberíamos ir señalando aquellas cosas que van bien y aquellas que van mal. Y a quienes le corresponde por su rol dentro  de la sociedad, decir cuál es la alternativa que proponen.

Para cerrar, me parece muy importante leer este artículo de Jorge Lanata: «Gente bastante cínica y jodida».

Cali

ACTUALIZACION (14/4/17)

Esta semana se publicó el índice de inflación de marzo del INDEC, 2,4%. Por supuesto, este valor sirve para que los que necesitan escandalizar y enloquecer a la gente, salgan a decir que «la inflación no baja!», «es todo un desastre!», «están hambreando al pueblo!» y así tantas otras cosas. La verdad, ese valor no hace otra cosa que confirmar lo esperable, con todo lo bueno y malo que eso significa y que describí en esta nota. La inflación está dentro de un derrotero previsible, que obviamente sería mucho más favorable que ya estuviera por debajo del 2% mensual, pero que aún así, no nos coloca en un sendero de descontrol teniendo en cuenta de dónde venimos y los ajustes que se están realizando.

Vamos a poner este valor en perspectiva. Una de las manera de comparar la inflación mensual es con el mismo mes de otros años. Tomemos el valor del IPC Congreso, que este mes dio 2,4% (por debajo del valor del INDEC). Digo de tomar este valor para comparar con el IPC Congreso de los meses de marzo de los años anteriores.

marzo 2011: 2,00%

marzo 2012: 2,31%

marzo 2013: 1,54%

marzo 2014: 3,30%

marzo 2015: 2,12%

marzo 2016: 3,20%

marzo 2017: 2,40%

¿Esto valores dicen que estamos bien? No, muestran que el proceso inflacionario viene de lejos y también nos dicen que estamos en valores similares a años anteriores. La gran diferencia es que ahora se están tomando medidas para reducir la inflación y, más allá de que se pueda coincidir con ellas o no, no se puede ahora escandalizar una inflación que en el 2014 o 2015 se la ignoraba. Seamos serios y no enloquezcamos a la gente.

ACTUALIZACION (7/8/17)

Vamos a actualizar el índice mensual de los meses del año 2017 hasta la actualidad

Enero: 1,3%

Febrero: 2,5%

Marzo: 2,4%

Abril: 2,6%

Mayo: 1,3%

Junio: 1,2% (comienza a calcularse a nivel nacional)

Estos valores estarían proyectando una inflación anual del 22%, tal como lo señalamos en el artículo («algunas estimaciones privadas llegan hasta un 25%»). Es decir que el sendero de decrecimiento de la inflación estaría dentro de lo previsible al inicio del año. Por otro lado, la meta del 17% adoptada por el Gobierno, que si bien resulta difícil de cumplir, permite suponer la adopción de medidas para disminuir aún más la inflación en este segundo semestre. En cualquier caso, se cumpliría el objetivo de disminuir la inflación anual a la mitad durante 2017 respecto de 2016. Insisto, no son números buenos, son números que indican la tendencia clara hacia la baja y en un orden de magnitud que está dentro de lo esperado.

ACTUALIZACION FINAL (20/1/18)

El día 11 de enero el INDEC informó la inflación de diciembre 2017 (3,1%) y con ella, la inflación de todo el año pasado, 24,8%. Ocurrió lo que se estuvo advirtiendo durante todo el año, la inflación decaería, pero no mucho más abajo a un 25% anual. Esta observación es importante porque nada ha ocurrido fuera de lo previsible: se sostuvo una baja inflacionaria aún a pesar de haberse tomado una gran cantidad de medidas que conspiran con una meta inflacionaria baja, por ejemplo, los ajustes tarifarios.

Si bien no se alcanzó la meta del 17%, es muy importante haber logrado una economía que tiende a desacelerar la inflación y al mismo tiempo se revisan los desajustes tarifarios, se reordenan los subsidios en los distintos sectores de la economía y, al mismo tiempo, se comienzan a mover favorablemente numerosos indicadores de la producción y el consumo.

Esta es una pequeña señal favorable para destacar dentro del programa económico actual. La nueva meta inflacionaria para 2018 es ahora del 15%. Sin duda, una meta difícil, pero una meta define el sentido y dimensión de las medidas y los esfuerzos a realizar, no es una mera expresión de fe, tampoco es un pronóstico. Es una meta, un objetivo por el cual trabajar.

No tengo dudas que si se logra cumplir con las metas fiscales trazadas (control de gastos y mejora en la recaudación) y una mejora en los indicadores socio-económicos, aunque sea en valores modestos, pero de manera sostenida hasta el año 2020 y llegamos entonces con una inflación por debajo del 5%, estaremos recién allí en condiciones de discutir seriamente otras instancias más profundas del desarrollo económico.

Mientras la dirigencia política piense a la economía en base a fantasías que nos llevan a jugar con los gastos por encima de nuestras reales posibilidades, mientras se asuma como natural o inevitable vivir pendientes del dólar y de la constante suba de precios por una inflación que erosiona todo proyecto personal o colectivo, mientras se siga pensando a la economía en base a dos o tres consignas pasadas de moda, mientras todo eso ocurra, es impensable que el debate político pueda pensar seriamente en la inclusión social, en la eficiencia en el uso de los recursos naturales y en descarbonizar la economía. 

Written by Juan Carlos Villalonga