abril 13, 2011 Publicaciones 1 comentario

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El accidente nuclear que enfrenta hoy Japón en los reactores de Fukushima constituye un hecho inédito para la industria nuclear y un nuevo episodio dramático que vive ese sector. 

Desde el 11 de marzo, generic cuando se produce el terremoto y el posterior tsunami, hasta el día de hoy no ha sido posible dominar la situación. Por el contrario no ha dejado de agravarse, al punto que hoy las propias autoridades lo califican en nivel 7, similar a Chernobyl. Creo que sobran las palabras.

Decimos que se trata de un suceso inédito porque no sólo se ha producido un grave accidente en una planta nuclear sino que esto está ocurriendo en cuatro reactores simultáneamente, además de otras múltiples contingencias en tantos otros reactores. El peor escenario que podría haberse supuesto, se ha producido.

Sin embargo, no es la primera vez que ocurre un accidente grave en la industria nuclear japonesa. A pesar de la imagen que se pueda tener de Japón como país altamente tecnificado, no ha estado exento de los contratiempos, accidentes serios, además de malos manejos de la información y la seguridad. Algo de eso ha sido reflejado en los medios a lo largo de las últimas semanas.

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Las críticas persistentes que se han hecho al plan nuclear japonés en buena medida han estado centradas en el alto riesgo sísmico de ese país, en particular la zona donde ha ocurrido los perores impactos del terremoto del 11 de marzo. Era un riesgo que Japón decidió correr a pesar de las advertencias concentrando allí plantas nucleares, almacenamiento de residuos altamente radiactivos, y hasta uno de los almacenes más grandes de plutonio.

La decisión de colocar esa cantidad de reactores e instalaciones en una zona de alto riesgo obedece a un superficial optimismo tecnológico que existía en torno a la energía nuclear durante la década de los 60. Esos reactores fueron diseñados y comenzaron a ser construidos a finales de esa década y comenzaron a funcionar durante los 70.

Es aún prematuro evaluar los verdaderos alcances de la tragedia. La liberación de sustancias radiactivas al ambiente ha sido importante, y esa es la razón por la cual Japón pasó de un nivel 4 a 5 y finalmente aceptó que se trata de un accidente de nivel 7, tal como muchos observadores internacional lo calificaban desde hace semanas. Nada nuevo, en cualquier lugar del mundo el sector nuclear es corporativo, cerrado, mentiroso. Miremos el triste papael de la Comisión nacional de Energía Atómica (CNEA) aquí en la Argentina, observemos la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) organismo que debería estar en primera línea brindando información y ayudando a entender lo que sucede. Escondidos abajo de la mesa. Una verguenza. Esa es la actitud del organismo que está para resguardar al público de los riegos de la actividad nuclear en Argentina. No lo olviden.

imageQuiero hacer mención especial a los equipos de operarios que han estado y continúan trabajando tratando de estabilizar la situación procurando evitar que la situación se siga deteriorando en Fukushima. Desde hace semanas han estado expuestos a niveles de radiación altamente peligrosas. Su salud está severamente comprometida y corren riesgos altísimos. Por eso la prensa japonesa e internacional los llamas “héroes”. Claramente están sacrificando sus vidas procurando evitar mayores daños y que este gravísimo accidente no alcance las proporciones de Chernobyl.

Hasta ahora no se ha llegado a Chernobyl debido a las diferencias básicas en la ingeniería del los reactores ya que los japoneses cuentan con barreras más importantes del frágil e imprudente reactor ucraniano. También, a favor de la salud de las personas, en el caso japonés, mal que mal, se han tomado medidas de protección tempranas, las que estuvieron completamente ausentes en Chernobyl. Sanitariamente estamos ante una realidad notablemente diferente. Aunque las zonas aledañas a Fukushima se convertirán en una zona fantasma y deshabitada.

Sin duda este accidente revitalizará el debate acerca de la sensatez o no de continuar con los programas nucleares. Claramente no tiene sentido continuar con una energía cara, peligrosa y sucia cuando las alternativas energéticas existen. Sólo es necesario re-direccionar los apoyos gubernamentales de las corporaciones y lobbys de la industria nuclear a los sectores de la industria de energías renovables. Es una decisión política. La opinión pública puede ser decisiva en tal sentido.

Juan Carlos Villalonga

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Written by Juan Echeverria