Argentina, aún sin estrategia frente a la Cumbre del Clima

Hace 11 mil años que las temperaturas no eran tan altas en la Tierra, treat y esto se debe a la quema de petróleo, gas y carbón, lo que produce gases que atrapan el calor en la atmósfera. Si seguimos a este ritmo, en tres décadas nos habremos gastado todo el llamado “presupuesto de carbono”, es decir la cantidad de emisiones que podemos seguir arrojando para que el aumento del termómetro quede en 2 grados centígrados, considerado como el límite de la catástrofe. Esto significa que no hay margen de espera y que todos deben hacer esfuerzos para bajar su impacto, purchase incluyendo naciones como la Argentina que sólo aportan aproximadamente el 1 por ciento de los gases.

Hace dos años, en Varsovia, se acordó que todos los países hicieran propuestas voluntarias de mitigación y adaptación al cambio climático. En teoría, la fecha límite para presentarlas es en octubre. Pero qué va a decir la Argentina es un misterio. Y el interrogante no es menor porque lo que se diga en ese compromiso -conocido por una antipática sigla en inglés, INDC- equivale a la estrategia que se usará para desarrollarse en los próximos años.

Consultados por este asunto, en la Secretaría de Medio Ambiente respondieron a este diario con evasivas, llamados que no llegaron y excusas. Pero a otros actores les pasó algo similar. Recién la semana pasada llamaron a las ONG, aunque no les dieron ninguna información técnica. En unos días se convocará al sector privado y académico con una filosofía parecida. Esta ausencia de diálogo es significativa: si se firma un compromiso en la cumbre de París, ocurrirá el 11 de diciembre, cuando ya haya otro gobierno en la Rosada. O sea que en la confección de los compromisos de mitigación, cuyo cumplimiento deberá ocurrir a partir de 2020, tendrían que haber estado involucrados también los partidos políticos, aunque estos hablen -al menos por ahora- tan poco de la temperatura planetaria en sus discursos.

México fue el primer país latinoamericano en presentar sus INDC. Perú, Chile, Colombia y Uruguay, entre otros, están muy avanzados en sus procesos. Por ejemplo, Perú propone, entre otras cosas, reducir sus emisiones en 2030 un 31 por ciento. La línea de base para hacerlo, sin embargo, es difusa: se llama business as usual. Esto quiere decir que, si no tomara medidas de mitigación, sus emisiones aumentarían el doble para esa fecha.

Argentina puede ofrecer muchas cosas en sus escenarios de mitigación (por ejemplo, terminar con la deforestación, mejorar la eficiencia energética y repotenciar su capacidad de energía renovable, francamente envidiable y subexplotada), pero por ahora el foco de desarrollo -en cambio- parece seguir estando en Vaca Muerta, el yacimiento de petróleo y gas shale, que hay que explotar con el polémico método de la fractura hidráulica o fracking.

Cali Villalonga, presidente de la Agencia de Protección Ambiental de la ciudad de Buenos Aires y referente de la agrupación Los Verdes, dice que “el volumen de subsidios que recibe la energía nuclear y los hidrocarburos es enorme”. Y agrega que, en cambio, “la energía eólica compite en cualquier mercado sin subsidios, igual que la biomasa. La solar está en el borde, con una curva que sigue en picada en materia de precios”.

Haciendo un estudio del presupuesto 2015, la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) descubrió que el Estado nacional tiene planificado gastar 1 peso en fondos compatibles con la lucha contra el cambio climático contra 310 pesos para el sector de generación energética con combustibles fósiles. El 75 por ciento de los gases de efecto invernadero en el mundo se generan, justamente, en el sector de generación de energía, según un estudio del World Resources Institute. Pero en la Argentina un 40 por ciento de las emisiones corresponderían al campo. El dato preciso se conocerá justamente esta semana, cuando la Secretaría de Ambiente presente en sociedad el inventario actualizado de gases de efecto invernadero.

Hay que recordar que el año 2015 viene marcando temperaturas planetarias récord, un fenómeno del que nuestro país no está exento. Lo sabemos por la experiencia empírica (el otoño prácticamente no existió), pero porque también está medido. Según admitió la propia Secretaria de Medio Ambiente, la temperatura aumentó, por ejemplo, un grado en la Patagonia.

Pero al hacer política con el cambio climático, el país parece estar parado más del lado de los escépticos que de los que ofrecen soluciones. “Argentina está asociada a los peores jugadores, que ven las negociaciones internacionales como una trampa”, dice Villalonga.

Si bien es cierto que los países desarrollados han contribuido más a esta verdadera crisis ecológica, persistir en el uso de las energías fósiles es como quedar aferrado a una tecnología antigua. Como dice Enrique Maurtua Konstantinidis, de FARN, “sólo en materia energética, para la Argentina la contribución nacional puede ser la oportunidad de abandonar los obsoletos paradigmas del desarrollo y aprovechar inversiones duraderas para asegurar la soberanía e independencia energética en un futuro próspero y sustentable”. Así es.

Científicos, con la encíclica de Francisco

La Unión Geofísica de los Estados Unidos, una entidad científica que ha estado a la vanguardia de la investigación de cambio climático, felicitó al papa Francisco por su encíclica, llamada Laudato Si. “La comunidad científica -afirmó- por mucho tiempo estuvo de acuerdo con que el cambio climático es uno de los desafíos más grandes que enfrenta la sociedad global y nuestra posición es que no hay ninguna duda de que la actividad humana está jugando un papel predominante en la modificación del clima y que hay que tomar medidas inmediatamente.”

“Nuestra esperanza es que un documento como la encíclica, que proviene de un líder de una comunidad religiosa que tiene miles de millones de fieles en todo el mundo, servirá para elevar la cuestión a un público que no está suficientemente al tanto de lo que sucede con el clima y promoverá el dialogo”, agregó el documento.

Fuente: Clarín