Para muchos la «política verde» se reduce a los tópicos tradicionales de la agenda «ambiental». No es así, la política verde es un programa político basado en valores democráticos, de solidaridad y sostenibilidad. Recomiendo hacer una recorrida por nuestro «Manifiesto» para comprender esta visión.

En un documento titulado, justamente «Nuestra Visión», decimos que «impulsamos la adopción de medidas enérgicas contra el crimen, el fraude, la malversación y la evasión fiscal en los sectores financieros y de seguros». Desde esta perspectiva quiero hacer una reflexión sobre un tema financiero de actualidad, a modo de continuación de «Panamá Papers: política, economía y el gran pecado», nota que escribí a raíz del sainete que se generó en Argentina con los «Panamá Papers».

Es necesario eliminar los «paraísos fiscales», la evasión y las guaridas a las que recurren los grandes (y no tan grandes) capitales para refugiarse de cargas impositivas y de riesgos institucionales. No hace falta que repita lo que en la nota mencionada expongo. Sólo diré, a modo de síntesis, que las medidas que evitan la fuga de capitales son básicamente dos: por un lado, la no existencia de paraísos fiscales, y para esto es preciso un acuerdo político de la comunidad internacional, algo que está avanzando; y por otro lado, debemos dar seguridad y previsibilidad al marco jurídico en que estos capitales son regulados. Es decir, no deben existir «cuevas» adónde refugiarse y así evadir impuestos, y tampoco deben existir gobiernos o marcos jurídicos que permitan adoptar medidas discrecionales y erráticas, ya que eso, invariablemente hará que los capitales busquen sitios más seguros, aún tributando en otros países. Nadie pone la guita en los bancos si existe la posibilidad de que aparezca un «corralito» o medidas de ese tipo.

¿Por qué es importante evitar la fuga de capitales? Por dos razones centrales: porque ese capital (en dinero o bienes) que no tributan al Estado, no cumplen con la carga fiscal a la que todos estamos obligados para así sostener las funciones que delegamos al Estado. Por otro lado, ese capital financiero, es ahorro o capital acumulado, que debidamente canalizado a través del sistema bancario, es capital que comienza a moverse en créditos accesibles para el consumo, para el crédito inmobiliario o inversiones productivas. Ese es el objeto social del sistema bancario, movilizar dineros que de otro modo estarían guardados y no accesibles para generar el crédito que la sociedad necesita.

Se sabe que los capitales fugados o no declarados son inmensos en nuestra región y en nuestro país en particular. Una historia económica alocada ha incentivado esa fuga. De allí que me parezca hipócrita la escandalización de los Panamá Papers, ¿alguien no sabía que muchísimas empresas argentinas tienen dinero en el exterior?

Bien, dicho esto, quiero resaltar que el «blanqueo» de capitales que acaba de finalizar y que ha sido un gran éxito, es una medida que consolida, al mismo tiempo que pone de manifiesto, una normalización económica del país. Me refiero con esto a que comienza a ser creíble un clima institucional que sea capaz de revertir la histórica «fuga» de capitales y que, por el contrario, los aliente a  permanecer dentro del país, tributando al Estado argentino.

Ha sido una buena y oportuna medida este «blanqueo» y su éxito es muy importante, ya que contribuye a un desarrollo económico más transparente, con una mayor dosis de solidaridad y desalienta a que los económicamente más poderosos «fuguen» sus capitales. ¿Esto soluciona todos los problemas económicos’, claro que no. Pero veamos algunos datos.

El «blanqueo» que acaba de finalizar totalizó unos US$ 116.800 millones. Todo ese capital estaba en «negro», fuera del sistema económico lícito. Para dimensionar esta cifra, ese monto representa el 21,6% del Producto Bruto Interno (PBI). Eso nos muestra la enorme cantidad de dinero en «negro» que ahora se incorporó a la economía en blanco.

Ese «sinceramiento fiscal», a pesar de los incentivos que contenía, ya generó un ingreso directo para el Estado de $ 148.600 millones. De ahora en más generará ingresos nuevos para el Estado ya que la base imponible  del impuesto de los bienes personales, que antes rondaba en US$ 116.000 millones, ahora se elevó a US$ 226.000 millones, un aumento del 94%.

Este blanqueo es el segundo más exitoso del mundo, detrás del realizado por Indonesia que sumó unos US$ 330.000 millones. El monto blanqueado es 16 veces mayor que el resultado de los dos blanqueos realizados durante el gobierno de Cristina Kirchner (2008 y 2013), pese a que las multas en este caso eran superiores.

Dos elementos coadyuvaron a este éxito. Por un lado, un nuevo clima global que está siendo cada vez más hostil con las operaciones de evasión y de mayor intercambio de información tributaria entre  los países. Pero también ha sido determinante la confiabilidad que ha dado el actual gobierno, de otro modo algo así hubiera sido  imposible.

¿Para qué servirá este dinero? De los $ 148.000 millones ya recaudados, $ 80.000 ya fueron girados a la ANSES para financiar el programa de reparación histórica a los jubilados. El resto será invertido para que sirva de fondo para continuar cumpliendo con ese compromiso de la ANSES.

Recordemos que este blanqueo fue aprobado por el Congreso Nacional con el objetivo de financiar la resolución de los juicios que mantenían los jubilados con el sistema jubilatorio.

Puede verse entonces que es una medida que ha permitido destinar recursos con un propósito claramente solidario y de equidad. Entonces, cuando señalamos la necesidad de combatir la «evasión fiscal», particularmente de los más poderosos, tenemos en este caso un buen ejemplo. Eliminar la evasión fiscal permite recomponer equilibrios y aumentar principios de equidad dentro de un sistema económico que aún debe seguir evolucionando y mucho.

Cali

Written by Juan Carlos Villalonga