Buscan acordar en París un texto final sobre el cambio climático

“¡Gobiernos del mundo, ampoule actúen ahora!”. El grito de todas las ONGs que participan en la cumbre del clima en París –la COP 21– estalló entre aplausos, gestos de bronca y llantos, mientras los delegados de los países empezaban a estudiar él último borrador del acuerdo global, un compilado de 29 páginas de complejo lenguaje legal, que puede determinar la suerte del mundo, de la industria fósil y de las personas más vulnerables y expuestas al calentamiento global.

A las 15 horas de París, troche el canciller francés Laurent Fabius, que oficia de presidente de la COP, anunció la existencia del último borrador y les dio a las delegaciones cinco horas para discutir sus contenidos, antes de reconvenir las reuniones plenarias que tenían como intención durar toda la noche. La cumbre entró en su fase final y decisiva, pero el texto contenía elementos contradictorios, que lo podían convertir o bien en un arma débil o en una declaración poderosa en la lucha contra la suba de la temperatura. En definitiva, seguía siendo un compilado de opciones, lleno de corchetes –lenguaje no consensuado–, lo que abría la puerta al un maratónico tire y afloje entre países.

Por ejemplo, el artículo 2 del texto decía anoche que había que mantener el aumento de la temperatura en “menos de 2 grados centígrados respecto de niveles preindustriales” o “bien por debajo de 2 grados centígrados respecto de niveles preindustriales y rápidamente escalar los esfuerzos globales para limitar el aumento de la temperatura a menos de 1,5 grados centígrados”. La tercera opción señalaba que había que conseguir “menos de 1,5 grados respecto de niveles preindustriales, teniendo en cuenta la ciencia, la equidad, el desarrollo sostenible, la necesidad de asegurar la seguridad alimentaria y la disponibilidad de implementación, al asegurar una profunda reducción de gases de efecto invernadero”.

Parece una pavada una diferencia de medio grado, pero la verdad es que cuando se habla de un promedio de temperaturas globales está en juego la suerte o la calamidad total de poblaciones enteras: islas que están a sólo un metro del nivel del mar, como las Islas Marshall, Tuvalú, entre tantas otras, o muchas ciudades costeras (como Miami) y la inestabilidad de los polos, que ya –con una suba de 0,86 grados– están dando signos de sufrir estrés por el cambio del clima.

Por eso, el grito angustiado de las ONGs. “Justicia climática”, decían, mientras por los pasillos, los delegados corrían a obtener una copia del texto preparado por la presidencia francesa de la COP. En los últimos días, China y la India se estuvieron oponiendo al objetivo de 1,5, al igual que Brasil, que se excusaba que no podía diferenciarse de sus socios, un heterogéneo grupo de países que viene de la época de la Guerra Fría. Por lo menos, la Argentina ha dado un paso al frente a este respecto. Juan Carlos Villalonga, el delegado de Mauricio Macri a esta convención, dijo que apoyarán el objetivo de “1,5 grados, más allá de lo que diga el G-77”, el cónclave donde conviven desde Venezuela y Arabia Saudita hasta los países africanos y de América latina.

Otro aspecto crucial del texto es el artículo 3, de mitigación. Una de las opciones hablaba de que las emisiones alcancen “un pico máximo lo antes posible”, con reducciones máximas de entre “40 y 70%” o del “70 y 95%” respecto de los niveles de 2010, “con intención de alcanzar emisiones netas de gases de efecto invernadero o para fin de siglo o para mediados de este”. Todo esto figuraba con numerosos corchetes y se tenía que negociar hasta que las velas no ardieran. Cada referencia representaba niveles muy distintos de ambición.

Como si fuera poco, había otra opción más, que era la de alcanzar un nivel de emisiones para lograr o bien la “neutralidad climática” o la “descarbonización “. Cada palabra tiene un peso específico que determinará la suerte de muchas inversiones energéticas de aquí en más.

La negociación será muy ardua. May Boeve, de 350.org, indicó que “si los países son serios respecto de mantener la temperatura por debajo de 1,5 grados, necesitamos un compromiso fuerte para salirnos de los combustibles fósiles y marchar hacia un mundo en el que haya un 100 por ciento de energías renovables en 2050”. Ese lenguaje no estaba explícito este miércoles en el texto.

Fuente: Clarìn

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