Cambio Climático: el “costo” de actuar inhibe la acción.

Suelo escribir unas líneas para cada fin de año destinadas a compartir mis preocupaciones y deseos acerca de algunos asuntos que nos conciernen a todos. Como vengo destacándolo en este sitio y desde hace muchos años, creo que enfrentamos dos desafíos de trascendencia mayúscula para nosotros y la sociedad global: el cambio climático y la caída de la calidad y valoración de la democracia.

Estos dos desafíos determinarán en gran medida la calidad de vida que tendremos en los próximos años y, fundamentalmente, la de nuestros hijos. Ambos temas se conectan y comparten su suerte. Son desafíos que se intensificarán durante este siglo y, particularmente para la lucha contra el cambio climático, arranca una década clave.1

El cambio climático nos asegura que la sociedad global se transformará radicalmente. Esto sucederá tanto si actuamos correctamente para enfrentarlo como si fracasamos en hacerlo. En el primer caso, los cambios sociales, tecnológicos y económicos que debemos impulsar nos conducen a un mundo bien distinto al que hoy conocemos. Si no lo hacemos, los efectos del cambio climático también provocarán cambios radicales que transformarán caóticamente nuestro entorno natural y social.

Obviamente, es preferible ser quienes administramos esos cambios y preservar lo más posible nuestro ecosistema planetario para bien de todos. Ahora los cambios que debemos introducir no son nada sencillos. Esos cambios difícilmente puedan realizarse si no contamos con un marco político transparente, democrático y de gran dinámica social y cultural.

Si no contamos con un marco de negociación democrático robusto, tanto al interior de nuestros países como a escala global, veo muy difícil que los cambios de la magnitud y rapidez necesarios puedan desarrollarse fácilmente. Más, creo que será imposible que ocurran si no sabemos administrar las controversias y diferentes prioridades que surgirán. Es aquí donde la “gobernanza” será clave.2

Mucha gente suele obviar que combatir el cambio climático exige una transición rápida y radical de nuestra economía hoy fuertemente basada en los combustibles fósiles y el despilfarro y uso ineficiente de recursos. Esa transición exige “apagar” actividades y “encender” otras, y eso es un proceso complejo. Habrá, aunque sea transitoriamente, “perdedores” y “ganadores”. Sectores de la economía que deberán abandonarse y otros que se deberán impulsar. Cuando digo “sectores” me refiero a gente, empleos, economías regionales, poblaciones. Nadie querrá ser la “víctima” de la transición. Nadie querrá tampoco ser el victimario. Este es el mayor desafío político de la transición.

Imaginemos por un momento que tales cambios deberán ocurrir, por ejemplo, en enclaves petroleros, como se dan en provincias como Neuquén o Chubut en nuestro país. Lo mismo sucederá en cuencas carboníferas de Europa y Asia o en países tradicionalmente exportadores de petróleo. La transición llevará a que esas economías dejarán de ser viables. Eso provocará tensiones por el quebranto económico y las crisis sociales que eso generará. La calidad de las decisiones, la planificación, la negociación de prioridades y reparaciones serán cuestiones críticas.  

Administrar esa transición es un desafío inmenso para la política ya que ese cambio debemos producirlo en 30 años aproximadamente. Sin mecanismos robustos de negociación, compensación y reducción de daños será muy difícil y la tendencia a demorar la transición será muy fuerte.  Sin mecanismos democráticos fuertes, sin un multilateralismo creíble, auguro muchas dificultades, infinitas dificultades.

En otras notas me he dedicado a mostrar el por qué debemos producir esa transición en no más de 30 años. Tal transición resulta hoy factible de pensarse dado la maduración tecnológica de la industria de las energías renovables, por ejemplo. La urgencia de la transición y la disponibilidad de las tecnologías para hacerlo son tópicos que van  quedando cada vez más claros. Sin embargo, lo que ocurre es que a pesar de esas evidencias, resulta muy costoso para los gobiernos enfrentar seriamente la transición debido a sus tensiones inevitables.3

Quiero citar algunos ejemplos recientes en donde algunas medidas que van en la dirección correcta para acelerar la transición energética fueron fuertemente resistidas por la sociedad. No critico la resistencia social, sólo señalo que debemos tomarla como un dato inevitable, y que si la ignoramos o soslayamos, estaremos engañándonos y, por lo tanto, no siendo serios cuando hablamos de cambio climático.

Por supuesto que ningunos de estos ejemplos configura un caso en estado “puro” donde se puede trazar una línea directa entre medidas y reacción social. Pero siempre las medidas que se tomen estarán atravesadas por múltiples situaciones que contribuyen a su conflictividad, eso ocurrirá siempre, inevitablemente. Veamos:

  • Francia: A finales de 2018 el gobierno de Emmanuel Macron decidió introducir una tasa a los combustibles líquidos en base a su contenido de carbono (combustibles fósiles). Eso, obviamente, genera un aumento del precio de dichos combustibles. Inmediatamente la medida fue resistida socialmente y generó el enorme movimiento opositor de los “chalecos amarillos”. Este conflicto, violento en muchos casos, puso en jaque al gobierno francés y debió anularse la medida. Los chalecos amarillos siguen estando hoy muy  activos y son un factor gravitante en la política de ese país. Colocar tasas o “carbon tax” a los combustibles fósiles es un modo correcto de hacer que dichos combustibles paguen un precio más adecuado a sus verdaderos costos. Se trata de “internalizar” sus costos ambientales y desincentivar su consumo.4
  • Ecuador: En octubre de este año, el gobierno de Lenin Moreno tomó la decisión de quitar subsidios a los combustibles líquidos (combustibles fósiles). Esta medida produjo inmensas movilizaciones que pusieron al país entero en estado de convulsión social y llevó al gobierno a revertir la medida. Quitar subsidios a los combustibles fósiles es una de las medidas claves para acelerar el ingreso al mercado de la energía a las renovables, se trata de equilibrar la cancha en materia energética y es una medida reclamada por la ONU y por el activismo climático global.5
  • Argentina: A finales de 2017 se discutió en el Congreso una reforma impositiva amplia a escala nacional. Allí, correctamente, el Poder Ejecutivo Nacional introdujo el Impuesto al Carbono. Dicho impuesto reemplazaba impuestos preexistentes de tal modo que en el corto plazo no impactaba en el precio de los combustibles líquidos, aunque claramente abría un sendero de incrementos para que en la década venidera pasase a ser cada vez más relevante dicho gravamen. Además introducía ese impuesto para el gas y el carbón, hasta ese entonces exentos de todo gravamen. La resistencia al mismo no llegó a las calles, pero las empresas energéticas y las provincias petroleras, (Ej. Neuquén) activaron todos los mecanismos para que eso no sea aprobado. En el debate parlamentario ese impuesto fue reducido a su mínima expresión y la presión neuquina logró que el gas quede exento del impuesto al carbono. Las razones, obviamente, eran el impacto económico que eso produciría en la viabilidad de Vaca Muerta y el daño que eso ocasionaría a la economía neuquina.6
  • Argentina: La quita de subsidios energéticos durante 2016 condujo inevitablemente a una suba de los precios en los combustibles, la electricidad y el gas. Si eso no ocurre vía precios, ocurre vía impuestos, en definitiva, en subsidios. La matriz primaria de energía argentina depende en un 87% de combustibles fósiles. Es imposible que una quita de subsidios a los fósiles no implique un encarecimiento de las tarifas de la energía. Puede decirse que el costo político pagado por el gobierno que tomó esas medidas fue muy grande y eso explica, en parte, su reciente derrota electoral.
  • Argentina: Durante este año se produjeron protestas y tensiones entre el sector camionero contra la revitalización del tren de carga. Sin duda el transporte de cargas por ferrocarril resulta en una medida que hace a la eficiencia energética y que claramente hace parte de la transición necesaria. Sin embargo, esa medida también generó tensiones en el mundo laboral.7  

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Cada uno de estos ejemplos es “imperfecto” porque está dado en un contexto complejo que contribuye a que las medidas señaladas sean impopulares en extremo: falta de empleo, inflación, tensiones  y desigualdades sociales, recesión económica, descontento político, etc. ¿Cabe esperar que esos contextos adversos no existirán en los años venideros? Lamento decir que no creo que eso cambie mucho. Nada hace sospechar que lograremos neutralizar todos esos conflictos a corto plazo y a escala global. Por lo tanto, la transición deberá producirse en contextos “adversos”. No será en condiciones óptimas.

Si esperamos las condiciones “apropiadas”, no habrá transición a la velocidad adecuada para contener el aumento de la temperatura por debajo de los 2°C. Si hay transición, la misma deberá hacer un delicado equilibrio entre pujas y tensiones sociales muy complejas. No habrá escenario ideal. 

De allí que sea imprescindible que fortalezcamos nuestras democracias y el multilateralismo. No veo otro modo para mejorar las condiciones de negociación política. Necesitamos que exista la ayuda internacional y no caigamos en una puja comercial salvaje e interminable. Si vamos a un escenario de exacerbación de pujas, lo más probable es que ganen los sectores más poderosos y el status quo.

La  tentación de demorar la adopción de medidas y postergar la conflictividad será muy grande. Es lo que ya está sucediendo.

El gran desafío para la dirigencia política y social es ser claros en lo que significa el cambio climático y, fundamentalmente, lo que significa enfrentarlo. El discurso radical y simplón contra las corporaciones o la prédica voluntarista de las acciones individuales, distraen más de lo que ayudan.

Sólo si existe la suficiente valentía para comunicar la dimensión del desafío, si somos capaces de movilizar a los gobiernos a hacer lo que hay que hacer desde ahora, sin más demoras, habrá chances de evitar las peores consecuencias del Cambio climático. Habrá chances sólo si logramos que el costo de tomar decisiones hoy sea menor que el costo a pagar por no actuar. Mientras esa ecuación siga resultando más favorable a la inacción, seguiremos en la parálisis actual. 

Para finalizar quiero compartir una nota que complementa en mucho lo que expresé anteriormente y que fue escrita al finalizarse la Cumbre de New York convocada por el secretario General de la ONU, Antonio Guterres. Cumbre que sirvió de punto de partida de lo que deberá ocurrir durante el año que se inicia.

Que tengamos todos un buen 2020!

Cali

Luego de fracasar en Nueva York, debemos remodelar las políticas climáticas

Publicado el 24/09/2019, 16:40. Climate Home News

Por Nick Mabey8

La Cumbre de Acción Climática convocada por Secretario General de la ONU tomó finalmente la temperatura de las políticas climáticas globales.

Spoiler alert – no estaba lo suficientemente caliente.

La cumbre también fue el disparo de largada para una serie de decisiones claves que deben adoptarse durante el 2020 hacia la COP26 en Glasgow. Habiendo tantos gases de efecto invernadero en la atmósfera, si no hay un gran incremento de la acción climática en Glasgow, se hará prácticamente imposible mantener al cambio climático dentro de límites seguros.  

Desde el Acuerdo de París en 2015, hemos desarrollado mejores tecnologías limpias, pero las emisiones globales de gases de efecto invernadero siguen incrementándose. Los impactos del cambio climático están golpeando antes y peor de lo pensado. Pueden verse daños catastróficos en el Caribe, en África, en Europa y son noticias en los titulares de los periódicos regularmente. Las advertencias científicas sobre los riesgos del cambio climático se convierten un drama real con el derretimiento de hielos sin precedentes en Groenlandia y los incendios forestales en el Amazonas.  

La gente está muy ansiosa por ver actuar a quienes tienen el poder y la autoridad para hacerlo. Pero, lamentablemente, los tibios resultados de la Cumbre de Acción Climática de la ONU nos dan poca esperanza de que el termómetro de las negociaciones políticas se esté elevando.

A pesar de que el Secretario General de las Naciones Unidas fue más allá de las usuales sutilezas diplomáticas –permitiéndole tener voz únicamente a los líderes que anunciaran compromisos reales– la respuesta de los mayores contaminadores siguen siendo prácticamente inexistentes. Si las soluciones son cada vez menos costosas, si la opinión pública está movilizada y los impactos son cada vez más claros, ¿por qué la acción política no avanza?

La batalla para definir y darle forma a la política climática depende de la respuesta a esta pregunta. Es vital contestar correctamente a esa pregunta. No hay tiempo para pelear en batallas políticas equivocadas. 

Algunas de las respuestas usuales son incorrectas. Si bien diez compañías pueden ser responsables de la mayoría de la contaminación por emisiones de carbono, la inmensa mayoría de los combustibles fósiles pertenecen a países no a los capitalistas. El cambio climático requiere el acuerdo entre Estados.

El problema tampoco es ya con quienes niegan la ciencia climática. Fuera de Estados Unidos y Australia, el negacionismo climático tienen hoy muy poca influencia. La sistemática siembra de dudas sobre la ciencia ha atrasado la acción climática global, pero ya no se la puede culpar por la falta de acción.

El mundo está lleno de grandes problemas con soluciones disponibles al alcance de la mano, desde la indigencia hasta la malaria. El cambio fracasa por varias razones, desde inercia burocrática hasta resistencia ideológica. Los políticos demoran la acción cuando temen que los riesgos por actuar pesen más que los riesgos por la inacción. 

Pero, a diferencia del cambio climático, el fracaso en la mayoría de esos problemas no impide tener éxito en el futuro. El cambio climático es inédito en ese sentido porque el fracaso de hoy es el fracaso para siempre. Quienes retrasan la acción climática deben ser convencidos de que ir despacio ya no es económicamente seguro. Las compañías que resisten el cambio deben ser presionadas a demostrar que son aptas para un mundo con bajas emisiones de carbono o los inversores se llevarán su dinero a otra parte. Los accionistas y los ahorristas deberán usar los tribunales para impugnar las malas decisiones de los administradores de su dinero.  Propuestas como el “Green New Deal” pueden brindar respuestas a los legítimos temores de los trabajadores a quedar olvidados. 

Lo que vale para las compañías también vale para los países. Los inversores internacionales deben decirles a los países sin planes creíbles que dejen de construir infraestructura sucia o enfrentarán mayores costos de endeudamiento. Los gobiernos deben asegurarse de que el dinero de quienes pagan impuestos no está siendo gastado en mantener industrias contaminantes.

Desafortunadamente, la cumbre en Nueva York mostró líderes que se encuentran absorbidos por otros problemas económicos, sociales y de seguridad. Algunos de estos problemas han sido de su propia creación – como el Brexit – y otros son geopolíticos, como la guerra comercial entre Estados Unidos y China. La fragmentación geopolítica que entorpece la acción climática fue evidente cuando Trump entró inesperadamente a la cumbre de Naciones Unidas, pero sólo por diez minutos para poder mirar el discurso de Modi, Primer Ministro de la India, su nuevo mejor amigo. Un planeta sostenible no puede ser construido sobre los cambiantes caprichos personales de los líderes mundiales. 

Con los líderes así distraídos en otras prioridades se requerirá de más voces que las de los estudiantes para lograr elevar la vara de la acción climática. Los líderes en finanzas, agricultura, turismo, ciudades y bienes raíces saben que sus grandes intereses económicos están siendo dañados por el cambio climático. Es momento de que hagan de la acción sobre el cambio climático su demanda número uno cuando se reúnan con los dirigentes políticos. Los diplomáticos deben entender que, a menos que el cambio climático sea abordado de manera efectiva, no habrá otra geopolítica de la que ocuparse. 

No hay una bala de plata o una solución mágica para lograr dinamizar la política sobre el cambio climático. Se necesita acción en las salas de negociación, en las legislaturas, en los ministerios, tribunales y en las calles, si vamos a lograr los cambios al ritmo sin precedentes en que se necesitan. 

En la mayoría de los países, son más las personas que quieren la acción climática que las que no. Las fuerzas de acción en contra del clima son socialmente débiles pero concentradas; las fuerzas de acción a favor del clima son potencialmente poderosas pero mal organizadas. El problema no es cómo concientizar, sino cómo alinear estas fuerzas para generar un impacto en las miles de decisiones necesarias para remodelar nuestras economías y sociedades. 

Como coanfitriones de la cumbre climática en Glasgow, el Reino Unido e Italia necesitarán movilizarse y canalizar todas estas fuerzas en una cumbre “de toda la sociedad” en 2020.  Ello requerirá creatividad, liderazgo y una disposición para asumir riesgos políticos y diplomáticos. Pero estos no son nada comparados con los riesgos que estamos asumiendo con nuestra seguridad y prosperidad no haciendo nada.

Nick Mabey es jefe ejecutivo y director fundador de E3G.

Notas

1. Existe la discusión acerca de cuándo arranca la “década”. Hago uso del modo coloquial en que la década de 2020 arranca este 31, en pocas horas. Para entender la discusión ver este artículo.

2. ‘El término gobernanza se usa desde la década de 1990 para designar la eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado, que proporciona buena parte de su legitimidad en lo que a veces se define como una “nueva forma de gobernar” en la globalización del mundo posterior a la caída del muro de Berlín (1989)’ (ver Gobernanza).

3. Ver, por ejemplo, “En Estado de Emergencia Climática” o “Hacia el futuro, 3 millones de años atrás”, entre otras en esta web. 

4. Ver: “Los estallidos de París, un síntoma del rechazo global a pagar por las energías limpias”; “Francia subirá los impuestos del diésel y subvencionará su abandono”; “Gobierno francés anuló el aumento de los impuestos al combustible”.

5. Ver: “Lenín Moreno anuncia 6 medidas económicas y 13 propuestas de reforma”; “Protestas en Ecuador contra decisión gubernamental de eliminar subsidios al combustible”; “Crisis en Ecuador: una historia de subsidios, el origen de las protestas”; “Lenín Moreno firmó el decreto que deroga el aumento de los combustibles y que desató violentas protestas en Ecuador”.

6. Ver: “Novedad tributaria: el impuesto a las emisiones de dióxido de carbono”; “En foco. Energía: mitos, verdades y polémicas”.

7. Ver: “Medida de fuerza de transportistas: «El uso del tren está dejando sin trabajo a los camioneros de Junín y la zona», explicó Ramón Jatip”; “Camioneros bloquearon las vías del Belgrano Cargas en protesta por los subsidios al tren”.

8. “After failure in New York, we must reshape the politics of climate change”, Climate Home News, 24/9/19.

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