noviembre 21, 2015 Microblogging No hay comentarios

Si verdaderamente el mundo marcha a cumplir con la meta de limitar la suba de la temperatura global a menos de 2°C, tendremos que generar cambios drásticos en el sector energético.

Cambiar a una matriz energética baja en carbono no sólo significa dirigirse hacia otras fuentes energéticas, también significa que las inversiones en fósiles, que sin duda las habrá en el corto y mediano plazo, deberán ajustarse a una ecuación financiera muy delicada. Esta ecuación deberá responder a las necesidades de corto plazo sin comprometernos con la necesidad de amortizar las inversiones en períodos que se prolongan más allá del tiempo previsto para su abandono.

Esta ecuación deberá ser resuelta antes de cada nuevo desarrollo, cada nueva inversión en exploración o en nuevas instalaciones de generación. Es el caso del desarrollo en nuestro país de nuevas fronteras como los “no convencionales”.

Reccientemete el BID publicó un breve artículo sobre los impactos financieros del cambio climático y, entre otras cosas,  se señala:

Cambio en el valor, niveles de utilización y vida útil de activos intensivos en carbono, por compromisos y políticas que tienen metas establecidas sobre la reducción de emisiones. El logro del nuevo acuerdo global en #COP21, para llegar a la meta global de estabilización climática de 2°C representa que no se podrían quemar hasta un 80% de las reservas de gas, carbón y petróleo de empresas cotizadas en la bolsa. En el sector eléctrico, se estima que no se recuperaría el 40% de la inversión inicial en nueva capacidad generada por combustibles fósiles.

 

Written by Juan Carlos Villalonga