septiembre 18, 2018 Publicaciones No hay comentarios

Hace casi un año que no escribo ninguna de mis periódicas notas sobre lo que ocurre en torno a las negociaciones climáticas. Este bache se debió en parte a la agenda legislativa que me llevó a poner el acento en otros temas, pero también sentí la necesidad de esperar algunas señales que me renovaran el interés.

Tengo una profunda preocupación, tal como lo he escrito en la nota que titulé “#CambioClimatico: el 1,5°C ya es inevitable. Nunca lo hubiera querido decir”  (abril 2017). Allí señalé la enorme dificultad que enfrentamos para cerrar la brecha de emisiones luego de la COP22 (Marruecos) y del triunfo de Trump en Estados Unidos. Poco pasó durante 2017, un año de transición y de mucha discusión técnico-administrativa en torno a la implementación del Acuerdo de París.

A raíz de la publicación de una importante y contundente nota en “Nature. International Weekly of Science” escribí unas líneas en “¿Podremos Hacerlo?” (octubre 2017). Esa nota pone en la discusión una renovada señal de alarma y está basada en la campaña que viene realizando la organización M2020, liderada por Christiana Figueres, ex Secretaria Ejecutiva de la Convención de Cambio Climático.

Las señales de alarma siguen sonando de manera constante, pero parece que la agenda política se ha estancado.

Un mes atrás asistí a un encuentro organizado por diversos organismos internacionales y el gobierno de Uruguay denominado “Latin American and Caribbean Climate Week”. Si bien no se trató de una reunión “oficial” o de negociación, su objetivo era impulsar un diálogo entre organizaciones multilaterales, gobiernos, sociedad civil y sector corporativo en torno a la necesidad de aumentar la ambición en las políticas de mitigación, como una contribución regional a lo que se ha dado en llamar el Talanoa Dialogue. De allí que, por ejemplo, entre los participantes destacados a esta reunión estuviera la actual Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, Patricia Espinosa.

A lo largo de los días que estuve allí, salvo algunas excepciones, no observé un sentido de urgencia ni de la real dimensión de la tarea que tenemos por delante. Algo que he comenzado a percibir como discurso dominante en estos años post 2015, un discurso que lo denominaré de “sustentabilidad débil”.

La “sustentabilidad débil” es el discurso que correctamente nos induce a la  necesidad de pasar a la acción, nos convoca a mostrar acciones que se dirigen en la dirección correcta, pero que elude sistemáticamente cualquier mención a la real magnitud y urgencia del esfuerzo que es necesario hacer. Un voluntarismo que nadie podría objetar, dado que se nutre de buenas iniciativas, pero que evita mostrar su dramática insuficiencia.

Emisiones globales: Durante 2016 hubo un estancamiento de las mismas. Debemos acelerar las acciones de corto plazo para cambiar la tendencia creciente y estabilizarlas antes del 2020 e iniciar su descenso. 

Veo muy peligroso quedar atrapado en ese tipo de lógica, ese modo de entender la sustentabilidad en la que se elude el llamado a la acción en la dimensión necesaria para acercarnos a cumplir el Acuerdo de París.

Durante la “Climate Week” escuché mucho de “sustentabilidad débil” y me parece peligroso que autoridades, funcionarios de organismos internacionales, sociedad civil y corporaciones no se salgan de esa monotonía. Así, no vamos a  llegar a cumplir ni siquiera la meta de los 2°C. Por el camino que vamos, nos dirigimos a un aumento de la temperatura global por encima de los 3°C.

Quiero volver a actualizar los datos que desde hace meses tenemos disponibles. Tomemos la última edición del “The Emissions Gap Report 2017” del UNEP. Del mismo se puede concluir que es necesaria una urgente aceleración en las acciones de corto plazo y un sustancial aumento en los objetivos nacionales de mitigación. Lo anterior es imprescindible si queremos aún mantener alcanzables los objetivos climáticos de París. Es decir, que podamos contener el cambio climático por debajo de los 2°C a un costo realista en términos económicos y sociales.

Veamos esto gráficamente:

En el gráfico señalo 3 puntos rojos para indicar: a) el nivel de emisiones que tendríamos al año 2030 si continuamos con las actuales tendencias (“Current policy trajectory”); b) Las emisiones al año 2030 si se cumplen las NDC incondicionales (“Unconditional NDC case”); c) las emisiones al año 2030 en caso de cumplimiento de las NDC condicionales a la ayuda internacional (“Conditional NDC  case”).

En el gráfico aparecen señaladas las enormes diferencias (“gap”) que existen entre las trayectorias mejor estimadas para cumplir con el objetivo de 1,5°C y 2°C, aún cumpliéndose las reducciones previstas en las NDC. De dichas trayectorias, creo interesante destacar lo siguiente:

El “gap” en el año 2030 entre las emisiones tendenciales y las necesarias para estar en la trayectoria para cumplir con los 2°C es de 17 GtCO2e.

El “gap” en el año 2030 entre las emisiones tendenciales y las necesarias para estar en la trayectoria para cumplir con el 1,5°C es de 22 GtCO2e.

¿Qué significa  esto? El gap sigue siendo inmenso, basta compararlo con las emisiones de Estados Unidos, la Unión Europea o China. El esfuerzo es inmenso y a medida que pasan los meses la ventana de oportunidad se nos reduce.

Ya sea por las trayectorias mostradas por UNEP o cualquier otro escenario basado en el limitado “carbon budget” disponible, es decir, la cantidad de emisiones disponibles para no exceder los 2°C, resulta claro que el pico de las emisiones no puede demorarse más allá del año 2020.

Todo escenario compatible con el objetivo de los 2°C nos indica que a partir de 2020 debe comenzar el declive acelerado y sostenido de las emisiones para llegar a un neto cero de emisiones en el año 2050.

En términos muy realistas, ya hemos perdido la meta de los 1,5°C.

Ahora, cada decisión que tomamos es un paso decisivo que contribuye o nos aleja de cumplir con el objetivo de los 2°C. Ya no hay más tiempo para posponer las decisiones correctas o para corregir los errores más adelante. Ya no hay margen de tiempo. Tenemos que producir un punto de inflexión en estos dos años.

La semana pasada el Secretario General de la ONU dijo:

Estamos en un punto crítico. La “sustentabilidad débil” no alcanza para revertir la tendencia y, por el contrario, puede distraernos peligrosamente al ser indulgentes con nosotros mismos.

Cali

 

Written by Juan Carlos Villalonga