Circo Criollo

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Ya pasaron exactamente dos semanas desde las elecciones. Los días siguientes fueron todavía más abrumadores. Si no fuera porque los diarios están inundados de artículos y notas acerca del disparate general en que vivimos, find yo me comenzaría a sentir medio raro. Bah!, me siento raro, pero me parece que somos muchos los que estamos sintiendo algo parecido.

Luego de esta campaña, protagonizada centralmente por el show humorístico de la temporada y por candidaturas teatrales diversas, secretamente pensaba que lo peor había pasado. No fue así.

El artículo de Reynaldo Sietecase que reproduzco al final me parece elocuente de algunas de las cosas sucedidas en estos días. Sólo quiero añadir dos observaciones que manifiestan la inapropiada lectura de la realidad que se está haciendo al más alto nivel político.

El primero. A pocas horas de pasadas las elecciones, Kirchner, Scioli y Balestrini dieron una supuesta conferencia de prensa donde sólo estaba la agencia Telam, en la que Kirchner explicó su pedido a Scioli para que no asuma el cargo en la Cámara de Diputados y así garantizar la gobernabilidad de la Provincia. Scioli lo acompañaba con cara de serio, como si alguna vez hubiera dicho que dejaría la gobernación. Francamente, supuse que terminada las elecciones se terminaban esas ficciones y volvíamos al trabajo verdadero.

El otro tema, Honduras. Es claro que la debida defensa de la democracia y frenar toda expresión golpista en la región exige de acciones, no sólo palabras. Ahora, eso en nada justifica el viaje de la Presidente a la región en esos días. La presencia directa del propio canciller, el apoyo al rol de los organismos regionales y la acción conjunta con los presidentes de la región eran las medidas básicas y necesarias. El viaje fue un acto intrascendente. Para quienes adoptan una actitud de defensa de la Presidente se tienen que dar cuenta que estas cosas improvisadas lo único que logran es el desgaste, precisamente, de la figura presidencial. Además, me acabo de enterar que desde el año 2007, Argentina retiró el Embajador en Honduras, en fin.

avionmazeldk05 La lluvia de críticas a que hace referencia Sietecase se hizo más evidente ante la casi total ausencia de opiniones que sostengan la razonabilidad del viaje, más allá de las “buenas intenciones”.

Por otro lado, mientras Cristina Kirchner se encontraba con Zelaya, éste realizó un acto de una peligrosidad extrema. No conozco demasiado a Zelaya, pero me animaría a decir que, por lo menos, es temerario. Al anunciar su vuelo de regreso a Honduras, cuando se sabía de antemano la total imposibilidad de su descenso en Tegucigalpa, convocó al pueblo al aeropuerto a defenderlo!. Bueno, un “acting” que le costó la vida a un pibe de 12 años, fusilado por el ejercito. La matanza pudo haber sido peor.

Tengo como referencia dos episodios en la historia argentina, uno en el ’55, el golpe al gobierno de Perón, el otro el levantamiento carapintada contra Alfonsín, el de las “felices Pascuas”. En ambos episodios aparecía la pregunta frecuente a los protagonistas: “por qué no convocaron al pueblo a defender al gobierno?” y la respuesta de ambos era más o menos la misma “porque hubiera sido una masacre”. Más allá de que la verdadera historia sólo la saben los protagonistas directos, hay algo allí que muestra la estatura de un político cuando sabe discernir ante situaciones así, donde la “heroica” es de un altísimo costo, especialmente para los que siempre pagan los costos. Cuando yo miraba por televisión el avión que transportaba a Zelaya pretendiendo bajar en Tegucigalpa, me impresionó la fragilidad de esa situación límite. En esa improvisada y frágil situación estaba Cristina Kirchner.

Así de frágil me resultó ese viaje y sus explicaciones. Va la nota de Reynaldo.

Cali

Una semana en la Argentina

Pasaron las elecciones. Merecíamos un descanso. Algo así como una semana en el Paraíso. Sin tanta tensión ni preocupaciones. Pero no, esto es la Argentina. Reynaldo Sietecase.

Por R. Sietecase

Diario Crítica, 08.07.2009

Pasaron las elecciones. Merecíamos un descanso. Algo así como una semana en el Paraíso. Sin tanta tensión ni preocupaciones. Pero no, esto es la Argentina.

Cualquiera sabe que una pandemia es como un guerra. Tal vez peor, porque el enemigo es invisible y no respeta ningún código. Para esos momentos, nada mejor que un conductor seguro y sereno. Durante una crisis sanitaria, la población agradece el verticalismo y las indicaciones claras y precisas. La llamada gripe A no sólo reveló las deficiencias del sistema sanitario nacional sino que también expuso los problemas de la clase dirigente para enfrentar una emergencia de estas características. La escena donde el ministro de Salud de la Nación, su par de Buenos Aires y la Presidenta de la Nación dijeron cosas distintas sobre el número de personas contagiadas fue una postal incontrastable.

Mauricio Macri anunció que construye una nueva policía con el mejor material de la vieja policía. Para el jefe de Gobierno y candidato a presidente en 2011, el comisario Jorge “Fino” Palacios es el hombre ideal para conducir la nueva fuerza de seguridad metropolitana. Sorprendente ya que para el fiscal especial que investiga el atentado contra la AMIA, Alberto Nisman, hay elementos suficientes para procesar al comisario Palacios por no allanar el domicilio de sospechosos del ataque. El elegido de Macri está acusado, además, por su relación con un integrante de la banda que secuestró y asesinó a Axel Blumberg. Pero Mauricio no escucha a nadie. Dice que ganó y que los que ganan tienen derecho a no escuchar.

En la misma semana, la Presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, brindó una conferencia de prensa para explicar que el Frente Justicialista para la Victoria había sacado más votos que todas las otras fuerzas en los comicios del 28 de junio. También resaltó que ganó en El Calafate por el 60 por ciento de los votos. En la misma charla con la prensa, ante un pregunta puntual, rechazó la posibilidad de cualquier cambio en el Gabinete. “Hay que dar una demostración de fuerza”, le habían aconsejado sus asesores. Desde entonces ya se fueron tres ministros y dos secretarios de Estado. Hubiera bastado con decir: “Haré los cambios que crea conveniente, en el momento que crea conveniente”.

Hugo Moyano, líder de la CGT y uno de los principales aliados del Gobierno, se despachó con un pedido de aumento del 25 por ciento para los camioneros y anunció un paro si no lo escuchaban. Los empresarios del Transporte se pusieron igualmente intransigente: “Ofrecemos el 0 por ciento, una cifra justa si se tiene en cuenta que bajó el trabajo entre un 30 y un 60 por ciento en relación con el año anterior y que el gasoil aumentó entre el 8 y el 9 por ciento esta semana”. El Estado, vía subsidios, apagará el incendio. En tanto, los Gordos de la CGT van por la cabeza del camionero.

Julio Alegre, el intendente de Santiago del Estero, fue detenido acusado de encabezar una asociación ilícita y por defraudación. El juez que lo investiga analiza una lista de bienes que se le atribuyen al intendente: un chalet en Punta del Este; un amplio departamento en Córdoba; varias propiedades en Santiago del Estero, entre ellas una finca con pileta; una camioneta Peugeot sin estrenar, una camioneta Ford y tres cuatriciclos nuevos. Los gastos mensuales de su tarjeta de crédito rondan los 40 mil pesos. Alegre, un radical K, llegó al poder de la mano del gobernador Gerardo Zamora con un objetivo: acabar con la corrupción política heredada del matrimonio Juárez.

Pino Solanas anunció su intención de conversar con fuerzas afines con miras a 2011 y no excluyó en ese armado a dirigentes como Sabbatella, Luis Juez y Hermes Binner. En tanto, desde los grandes grupos mediáticos comenzó una cruzada para “domesticar” el cineasta. Tratan de hacerle entender que no debe apoyar el proyecto oficial de ley de Radiodifusión si quiere seguir teniendo difusión, claro. Todos celebran a Solanas pero lo quieren manso y tranquilo.

Hay que decirlo: cuando estás en la mala no te perdonan nada. Ni las buenas intenciones. A Cristina Kichner le llovieron críticas por su viaje en apoyo de Manuel Zelaya, el presidente depuesto por un golpe de Estado en Honduras. El gobernador de Chubut, Mario Das Neves, hasta le pidió la renuncia al canciller. La derecha se horrorizó a coro: “Fue con Correa y Lugo cuando tendría que haberse quedado como Lula y Bachelet”. Son los mismos que aseguran: “Hay que saber bien quién es Zelaya y por qué lo echaron”.

Y como si esto fuera poco para una sola semana, volvió Eduardo Duhalde. Estuvo de gira por Europa y llegó justo a tiempo para ver pasar por el umbral de su puerta el cadáver de su enemigo. El Momo Venegas, titular de las 62 Organizaciones Peronistas, anunció: “Debe ser el referente nacional del peronismo”.

Hay más. Esta semana se cumplen veinte años de la llegada al poder de Carlos Menem. Un grupo de menemistas de la primera hora entre los que se encuentran el hermano Eduardo y Ramón Puerta propician una reinvindicación del líder riojano. Quizá tengan razón. Basta con revisar una semana de la actualidad política para comprender que la liquidación del patrimonio público, la escandalosa venta de YPF, los indultos, la corrupción, la destrucción del aparato productivo y la tragedia educativa durante los noventa no nos enseñaron casi nada.