Leo la entrevista a Naomi Klein en el suplemento Enfoques en La Nación y me surgen varias reflexiones que hacer. Primero debo aclarar que las haré basándome en lo que aparece en la nota, thumb y sé que a veces hay cierta distancia entre lo que está escrito y la explicación dada por el entrevistado. Esto siempre ocurre. Pero en este caso no creo que eso sea un impedimento ya que los conceptos a los que me referiré los he leído en reiteradas entrevistas a la señora Klein.

En primer lugar subyace una crítica sobre la ONU, el proceso de negociaciones, las ONG ambientalistas y demás actores históricamente involucrados en esta materia. Esa crítica se basa en que no estarían estos actores dimensionando el problema, ignorando el dilema moral del que nos habla y que sus enfoques son meramente reformistas. Algo absolutamente injusto. La dirigencia de la Convención de Cambio Climático, desde la más alta jerarquía de la ONU y la completa gama de ONG ambientalistas han venido alertando sobre la dimensión del problema y la radicalidad de su solución. Decir que el ambientalismo propone poner filtros a las plantas de carbón y no eliminar los combustibles fósiles es una mentira grave.

Probablemente recurre a esta crítica para diferenciarse de quienes históricamente han venido luchando contra la inacción y la falta de comprensión, que poco a poco, ha logrado el nivel de aceptación que hoy tiene. Ella, una relativamente recién llegada al tema, pareciera necesitar marcar un antes y un después de su aparición en escena.

Que el cambio climático es el mayor desafío civilizatorio y un imperativo moral, se viene señalando desde la ONU, el IPCC y las ONG ambientalistas desde hace mucho tiempo. Nada nuevo con señalar eso. Que una nueva economía sin dependencia de los fósiles ni basada en un consumo creciente de materias primas resulta ya insostenible, es consenso. No nos está diciendo nada nuevo que no aparezca hasta en los documentos del sector empresarial.

Cuando intenta señalarnos su propuesta de cambio, señala: “Intento ser muy realista sobre cuán difícil es lo que propongo. No digo que se trata de algo fácil, ni que estamos cerca de lograrlo”. Bien, debemos recordar que el camino que tenemos delante es corto, muy corto. Las soluciones a largo plazo son bienvenidas, pero se trata de que tan sólo en los próximos 5 a 15 años es donde debemos producir un cambio radical de tendencias.

Su apuesta a los movimientos “globalifóbicos” y otros por el estilo, ha mostrado ser poco eficaz. Dichos movimientos de ningún modo podemos decir que han servido para catalizar un cambio, ordenar la discusión global en un sentido diferente y en empujar las cosas por un proceso de transformación creíble. Por el contrario, se han debilitado y atomizado de manera constante. Su apuesta, como las que procuró impulsar en Argentina, ha tenido poco sustento y una efímera existencia.

No quiero señalar mucho más. Bienvenida Naomi Klein, es necesario más voces que señalen lo que hay que señalar. Pero no hace falta generar más divisiones.

 

Written by Juan Carlos Villalonga