Uno de los aspectos centrales del Acuerdo Climático adoptado en París a fines de 2015 es que contiene un claro reconocimiento de lo que la ciencia señala en materia de reducción de las emisiones gases que están provocando el calentamiento global.

Por Juan Carlos Villalonga

En una de sus partes sustantivas indica que se debe “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC con respecto a los niveles preindustriales… (Art.2)”. Cumplir este objetivo es esencial para que los impactos del cambio climático sean en, cierto modo, “tolerables” y no impliquen fenómenos disruptivos de un modo generalizado en los ecosistemas del planeta.

Ese objetivo climático o de limitación en la suba de la temperatura global implica drásticas reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), esencialmente dióxido de carbono cuyo origen principal proviene de la actividad energética basada en combustibles fósiles y de la deforestación. En este punto el texto de París optó por una redacción un tanto elíptica cuando indica que se debe “lograr que las emisiones mundiales de GEI alcancen su punto máximo lo antes posible”, aclarando que “los países en desarrollo tardarán más en lograrlo” y reconociendo que se deberá “alcanzar un equilibrio entre las emisiones antropógenas por las fuentes y la absorción antropógena por los sumideros en la segunda mitad del siglo… (Art.4)”

Detrás de este lenguaje mesurado está la cruda realidad: debemos comenzar con las reducciones de emisiones sin más postergaciones, llegar al valor máximo de las mismas en un tiempo que no debe extenderse mucho más allá de 2020 y las emisiones deben caer a cero apenas atravesemos el año 2050. Para lograr estos objetivos muchas cosas deben ocurrir desde ahora mismo y en diversos sectores de la economía. Por ejemplo, para el año 2050, dentro de 34 años, toda la electricidad que consumamos debe ser cero emisiones. Los combustibles fósiles deben haber desaparecido prácticamente para ese entonces, siendo cero en la generación eléctrica y mantener un uso marginal en el sector transporte. Esto implica que todo proyecto de nuevas centrales térmicas en base a fósiles o todo desarrollo de nuevos yacimientos deberán tener en cuenta este límite.

La pregunta obvia es si tal cambio será factible y en un tiempo tan breve. Por estos días el Programa de Naciones Unidas para el Medio  Ambiente (PNUMA) publicó su visión “Carbono Cero América Latina”, que muestra una vía para la descarbonización neta de la economía regional para mediados de este siglo. Lo que el PNUMA muestra es que el sector eléctrico, la electrificación masiva del transporte, la deforestación cero, la modernización de la industria y las actividades agrícolas de bajas en emisiones son posibles y nos permiten alcanzar la neutralidad de emisiones para el 2050. El documento debería ser una guía para la definición de las estrategias de desarrollo en nuestros países y tener políticas climáticas a la altura de desafío global.

En el sistema eléctrico, según el documento del PNUMA, tres pilares son fundamentales: a partir del 2020 toda nueva demanda es satisfecha por renovables y capacidad hidroeléctrica; la redes eléctricas se regionaliza facilitando los intercambios energéticos entre los países vecinos; y la generación distribuida por parte de los usuarios individuales se masifica. Tales transformaciones se logran con cambios regulatorios, redirigiendo subsidios y sin tener que pagar mayores costos y en una rápida implementación.

Los países de la región que iniciaron este camino muestran resultados que van en esa dirección y hacen totalmente creíble un escenario de cero emisiones a mediados de este siglo. Esperamos que Argentina despierte y comience a recorrer ese camino lo antes posible y nos encaminemos hacia la ineludible tarea de descarbonizar o neutralizar las emisiones de nuestra actividad económica, sin renunciar por ello al desarrollo ni los beneficios de un suministro confiable de energía. Es parte de la tarea que debemos asumir para transitar de manera responsable las próximas décadas en un contexto de rápidos y profundos cambios a escala global.

Fuente: Energia Estrategica

Written by Juan Carlos Villalonga