noviembre 15, 2016 Publicaciones 2 comentarios

Era previsible que las primeras horas de la COP22, en Marrakech, se desarrollaran con  las expectativas y los ojos puestos en Estados Unidos. Y no precisamente en la  delegación de ese país ante la COP, sino en las noticias vinculadas a su elección presidencial. Pero lo verdaderamente imprevisto fue que esta atención se mantuviera y continuara hasta el día de hoy. Todos observan con minuciosidad cada detalle de los acontecimientos post elecciones luego del inesperado triunfo de Donald Trump.

Sin duda que la elección presidencial en los Estados Unidos fue lo más determinante que sucedió la semana pasada en relación a la política climática a escala global. El triunfo de Trump pone en peligro todo. Uno podría ahora ensayar diversas formas para no dar un mensaje pesimista, pero para ser sinceros, todos sabemos que era la peor noticia con la que podíamos cerrar el 2016.

No ha sido poco todo lo bueno que sucedió este año. Se logró sostener el ímpetu político logrado en París en diciembre de 2015 y estamos transitando ahora una nueva reunión de la Convención del Clima en Marruecos (COP22) en la que tendrá lugar la primera reunión de los miembros del Acuerdo de París (CMA1). En menos de un año, este Acuerdo de enorme complejidad, logró ponerse en marcha. Esto nos habla del sentido de urgencia y la convicción que, al menos hasta hoy, primó en la comunidad internacional sobre la necesidad de actuar rápidamente frente al cambio climático. Recordemos que el Protocolo de Kioto (1997) demoró 8 años para su entrada en vigor.

El Acuerdo de París tuvo en 2016 su primer gran logro. En menos de un año de su adopción, este instrumento legal ya ha entrado en vigor. Una rápida y fuerte movilización de los principales líderes políticos internacionales logró que un número suficiente de países lo ratifiquen. Ahora hay que implementarlo, definir aspectos instrumentales para su funcionamiento y, lo más importante, los países deberán ajustar sus compromisos de reducción de emisiones al objetivo de los 2°C. Pero, por sobre todo, evitar que Trump dinamite este proceso.

Por el momento, la marcha del Acuerdo no se detiene. En estos últimos días, durante el mes de noviembre, han sumado su ratificación nuevos países, algunos de ellos muy relevantes: Australia, Japón, Dinamarca, Arabia Saudita, Sudáfrica, entre otros. Esto muestra que el proceso de puesta en marcha del Acuerdo está fuerte, aunque todas esas ratificaciones se produjeron horas previas al resultado de las elecciones estadounidenses. Son 109 países en total que ya son miembros plenos del Acuerdo.

Que el proceso se muestre sólido e imparable es algo muy positivo, y es una condición necesaria para enfrentar lo que venga. Quizás el mensaje político más importante que debe esperarse en esta segunda semana de la COP22 es que el Acuerdo goza de buena salud, que no existan grietas a su interior, que el proceso de revisión de metas de reducción de emisiones se lo vea como tarea ineludible para los próximos 2 años y que el flujo de dinero comience a aparecer. Anuncios módicos, a esta altura de los acontecimientos, pero suficientes tal vez para un momento tan frágil.

Novedades del planeta Trump

Con Trump sucede algo muy raro. Es un presidente electo del cual muchos esperamos no cumpla con sus promesas electorales.

Activista en las calles de Paris - COP21

Es cierto que no son pocos los analistas que señalan que su gobierno jamás podrá tener la virulencia de lo que fue su campaña. Pero atención, algunas señales aparecen en el horizonte. Según informa hace tres días el New York Times, y así dan cuenta otros medios, el candidato a ser colocado por Trump en la influyente Enviromental Protection Agency (EPA) es Myron Ebell, un reconocido negacionista y activo lobbysta contra la política climática puesta en marcha por el presidente Obama. Esto confirmaría una de los peores presagios de la campaña, que Trump coloque en esa agencia federal a uno de los principales enemigos de los activistas contra el cambio climático.

El mes pasado, el Washington Post indicó que, junto a Ebell, estará también Michael Catanzaro, empleado en la empresa de lobby CGCN, que tiene como clientes a empresas de  fracking, petróleo y gas importantes y vinculadas al movimiento escéptico climático, como la Koch Industries o Halliburton.

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Otra novedad preocupante es que se sabe que un grupo de asesores legales estaría analizando las diversas modalidades por la que los Estados Unidos podría retirarse del Acuerdo, acorde a las declaraciones del ahora electo presidente durante su campaña. Aquí se abren diversos caminos, algunos hablan de al menos 1 año el tiempo para que pueda realizarse ese trámite, otros que deberá esperar unos 4. La verdad es mucho más sencilla, salirse del Acuerdo sería fácil para la opinión pública enfrentar al «matón», el consejo que cualquier asesor le daría es «dormir» el acuerdo y mediante una política perezosa empantanar las negociaciones y hacer decaer el actual ímpetu. Es una cuestión de tiempo y desgaste. Algo muy sencillo para ese país. Si opta por la virulenta, bueno, habrá reacciones y lo expondrá en solitario. Alguna de las dos opciones son las que tomará, lo veremos de aquí a la COP23 en Bonn.

Hablando de Alemania. La semana pasada estuve en una ronda de reuniones con diferentes actores gubernamentales, consultoras y centros académicos conociendo y discutiendo acerca de la transición energética y la política climática europea. Alemania es un líder en estas materias, pero un nubarrón absolutamente  lógico ensombrece algunas conversaciones: Alemania no puede continuar con su liderazgo si no es acompañada en su cruzada climática. «No hay liderazgo si no te siguen» me dijo con crudeza un consultor económico. Y tiene razón.

Este es el riesgo Trump. Si el mundo se enlentence y la decisión es dormir el proceso y no hacerlo descarrilar, el peligro es que aún los más avanzados, como Alemania, no puedan inmolarse económicamente para seguir como si nada hubiera cambiado. En la semana pasada, la discusión al interior del gobierno era dura y preocupante ¿Cómo ir a Marruecos? Alemania ha sido uno de los países más avanzados en materia climática, ha emprendido una transición energética que es una  de sus políticas de estado más relevantes. Continuar  ese camino con la misma intensidad depende del resto de Europa y del resto del mundo.

El tercer elemento de la política de Trump es su compromiso con la explotación de hidrocarburos. Su intensificación no tendrá ningún impedimento legal ni ningún límite climático. Eso es parte de las más fuertes convicciones de Trump. Eso implica desarmar el andamiaje creado por Obama para ir por el camino contrario. El efecto que eso tendrá en el G20 será muy interesante. Puedo anticipar una agitada reunión del G20 en Buenos Aires en 2018, tanto internamente como en las calles. Lo que se pensaba como una reunión cargada de buenas noticias como fue este año en septiembre, la de 2018 será pura tensión y cargada  de conflictos.

Una cosa es segura. Ya nada será como antes.

Cali

Written by Juan Carlos Villalonga