Coronavirus: ¿Es el momento para un “Green New Deal”?

Por Juan Carlos Villalonga. La Nación, 5/4/20

La crisis global generada por la aparición del virus Covid-19 tendrá un impacto en la economía que se prolongará mucho más allá de esta etapa de emergencia sanitaria. Los organismos financieros internacionales toman nota de que habrá que poner en marcha un programa de enormes proporciones en muchos países. Todos enfrentan una coyuntura que ocasionará una brutal caída en el empleo. En la Argentina este escenario se da con una economía en recesión, y lo que viene bien puede asociarse a la experiencia de nuestra crisis de 2001.

Esta pandemia, como ha ocurrido con otras, dejará secuelas y cambios sociales diversos: nuevas conductas, nuevos miedos, nuevas regulaciones y, muy probablemente, tendrá correlatos en lo institucional y político. Las decisiones que los gobiernos adopten en los próximos meses le darán forma al mundo de los próximos años. En este sorpresivo y complejo contexto global, debemos ser conscientes de que no tenemos margen de tiempo para relegar la emergencia climática: ¿cuál será el impacto de esta crisis sobre nuestra capacidad de enfrentar el cambio climático? Difícil predecir, pero hay antecedentes que no son buenos.

Durante 2007 hubo un momento de gran dinamismo en las negociaciones climáticas internacionales. Se estaba entonces en la recta final hacia la adopción de lo que debería ser la continuidad del Protocolo de Kyoto, que finalizaba su período de vigencia con el fin de la década. El clima favorable de época se refleja, por ejemplo, en el Premio Nobel de la Paz otorgado al IPCC, organismo de soporte científico de la Convención Climática, galardón que fue compartido con Al Gore, destacado divulgador del cambio climático. También tuvo un importante impacto el llamado “Informe Stern”, un análisis económico global encargado por el gobierno británico al economista Nicholas Stern, que mostró que el costo económico de actuar precautoriamente ante el cambio climático era mucho menor que el costo a pagar por sus consecuencias.

Sin embargo, un “cisne negro” cambió abruptamente la conversación global. La crisis de las hipotecas subprime en los Estados Unidos generó un colapso financiero y económico que contagió a todo el mundo y modificó la agenda de todos los gobiernos. Salvar las economías, a como fuere, pasó a ser la prioridad. Por supuesto, la agenda climática se opacó y las negociaciones se estancaron. En esas condiciones se llegó a finales de 2009 y, obviamente, no tuvimos nuevo instrumento que suplantara al moribundo Protocolo de Kyoto.

¿Será el Covid-19 el nuevo cisne negro? Nuevamente, revitalizar la economía global es prioridad y puede volver a estancar la agenda climática en un momento crucial. Este año debe ponerse en pleno funcionamiento el Acuerdo de París, alcanzado en 2015, y adoptarse un compromiso por parte de cada uno de los países para reducir sus emisiones de CO2, el que deberá estar en concordancia con el objetivo climático establecido. El nuevo contexto que impone la pandemia pulverizará, muy probablemente, el impulso existente hasta hace semanas.

Durante estos días se han hecho algunas lecturas apresuradas sobre el vínculo entre esta crisis sanitaria y el cambio climático. De forma cándida, se mostró como una buena noticia que las emisiones de CO2 estén decayendo. Es cierto, caen, pero de la peor manera: por la destrucción de la economía, la pérdida masiva de empleos y una parálisis que dejará sin sustento a vastos sectores de la sociedad. No es adecuado tomar esa consecuencia como un aspecto “positivo” de lo que ocurre. Las emisiones también cayeron durante la crisis de 2008 y 2009 y luego recuperaron el ímpetu con la recuperación económica.

La inesperada crisis desatada por el Covid-19 es una pésima noticia para un mundo que tiene que afrontar la urgente y difícil tarea de comenzar a reducir las emisiones globales de manera drástica. Hoy la agenda climática debe estar integrada dentro de la respuesta que darán los países a la emergencia social y económica que se viene.

Durante 2008, el movimiento climático diseñó el concepto “Green New Deal” como respuesta oportuna y virtuosa a la doble emergencia económica y climática. Ese “nuevo acuerdo” político y social propone que los megaplanes de asistencia e inyección de recursos que tienen como destino dinamizar la economía tengan un enfoque decididamente centrados en la sostenibilidad.

El Green New Deal fue originalmente lanzado por economistas vinculados al Partido Demócrata en los Estados Unidos, diversas iniciativas de los partidos verdes europeos y una propuesta llamada Global Green New Deal desarrollada por Naciones Unidas en 2009. En todas estas iniciativas, se proponía un paquete de medidas para revitalizar la economía en base a sectores que aceleran la transición energética y la descarbonización; una reforma fiscal cuyos principios centrales son la creación de empleo y la protección ambiental; nuevas medidas para reducir la existencia de activos financieros especulativos e improductivos; y un plan de estímulo a la modernización verde de la infraestructura de transporte, energética y edificios.

Hoy estamos en la misma encrucijada, aunque más urgidos por la crisis climática y con una crisis económica mayor. Es más necesario que nunca generar programas de reactivación verde, un Green New Deal es más necesario que nunca. El sector público tendrá un rol clave y estratégico al definir los criterios de asignación de recursos y orientación de las inversiones. El Green New Deal debe ser un programa de recuperación en base a un “desarrollismo” verde que cambie el rumbo de la economía global. Recientemente la Unión Europea adoptó un paquete bajo este enfoque. Un gran aspecto favorable, es que hoy el sector corporativo y el mundo de los negocios son mucho más proactivos con esta agenda que 12 años atrás. ¿Lo estará también la política?

Nuestro país tiene por delante un panorama difícil, con su economía paralizada, muy bajas expectativas en la recuperación a corto plazo y una muy escasa confianza internacional. Es entonces cuando un “nuevo acuerdo” de esta naturaleza, pensado para la sostenibilidad, puede renovar expectativas y generar la confianza necesaria para convocar a un esfuerzo inédito pensado para esta década. Debemos salir de esta coyuntura crítica, y de nuestra crisis estructural, con un acuerdo de esta magnitud. Un programa verde de recuperación económica es más necesario que nunca. Podemos hacer de esta crisis una gran oportunidad.

Por: Juan Carlos Villalonga. Ex diputado por Cambiemos. Especialista en energías renovables y cambio climático

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