“(Donald) Trump es la peor opción en el peor momento”, dispara en entrevista para Energía Estratégica Juan Carlos Villalonga, referente en materia medioambiental y Diputado nacional por el PRO. ¿El avance Trump será un retroceso para las energías renovables en Argentina y el mundo? Las observaciones del ex Greenpeace, miembro de la ONG Los Verdes Argentina.

 

La semana pasada ocurrió un suceso gris para el ambientalismo mundial. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un decreto titulado “Independencia energética” donde se promueven medidas que alientan el uso de combustibles fósiles altamente contaminantes, como el carbón, y elimina regulaciones que impulsaron el desarrollo de energías renovables, la energía nuclear y el gas natural (fósil de menor impacto ambiental).

“Hoy celebramos el inicio de una nueva era en la producción de energía estadounidense y creación de empleo”, justificó Trump.

Con esta medida, el mandatario atenta contra el legado de lucha frente al cambio climático de su predecesor, Barack Obama, y hace tambalear el Acuerdo de París celebrado por más de 170 naciones durante fines del 2015, al punto que, según anunciaron desde la Casa Blanca, a finales de mayo el gobierno de Estados Unidos decidirá su continuidad en el compromiso adoptado en Francia.

Cabe recordar que el Acuerdo de París apunta a que las naciones del mundo se comprometan a reducir emanaciones de CO2 para mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, e, inclusive, aumentar los esfuerzos para limitar la temperatura a 1,5 ºC. No obstante, este nuevo suceso parece cambiar todo el escenario.

En entrevista para Energía Estratégica, Juan Carlos Villalonga, referente en materia medioambiental y Diputado nacional por el PRO, analiza la situación.

En materia medioambiental, ¿en qué situación considera que nos encontramos? Por un lado pareciera que el mundo está recapacitando a partir del Acuerdo de París pero, por otro, se relativiza el cambio climático con posiciones como la de Trump…

Estamos comenzando a atravesar un período extremadamente complejo, luego de un período lo suficientemente bueno como para que, por ejemplo, algunas ideas y urgencias quedaran plasmadas en un instrumento como el Acuerdo de París. Ese período coincide bastante bien con el mandato de Obama  en los Estados Unidos, luego del derrumbre de las negociaciones en Copenhage en 2009. Esto nos muestra lo influyente que es la política de los Estados Unidos a escala global, en ésta como en tantas otras materias.

Luego del desconcierto inicial, estamos en un momento en que muchos actores están a la expectativa de entender hasta dónde irá Trump. No lo digo únicamente en torno a la política climática. La agenda ambiental ha sido degradada por Trump y eso baja la vara a nivel global. Eso ya se puede ver reflejado en las conductas de algunos sectores productivos que comienzan a actuar con más imprudencia, con la osadía de quien sabe que los límites comenzaron a ser flexibles. Percibo una avanzada por debilitar regulaciones, normativas y, por supuesto, acuerdos globales. Veo con preocupación que la política ingrese en una fase muy destructiva.

¿Podría tambalear el Acuerdo de París si Trump consigue consensos de parte de mandatarios de naciones poderosas? No obstante, ¿el hecho de que las medidas adoptadas por los países sean vinculantes, eso no garantiza que se cumpla el objetivo del pacto celebrado en Francia?

Soy optimista, pero no puedo desconocer la realidad.

El Acuerdo de París hoy se encuentra, en el mejor de los casos, formalmente en vigor y con sus compromisos ratificados. Ahora, eso sabemos que no alcanza. Los compromisos asumidos por los países nos llevan a 3°C y si los compromisos se debilitan, vamos a 4°C o más. Por lo tanto, lo que iba a ser un período de ajuste en los compromisos para elevar los objetivos de reducción de emisiones, durante 2017 y 2018, habrá que focalizar ahora el esfuerzo político para que nadie se baje ni nadie relativice sus actuales metas de mitigación.

Si tengo que decirlo de un modo dramático, hoy estamos defendiendo no superar los 3°C. Por supuesto, hay que revertir este escenario y volver a la senda de París.

¿Puede que esta coyuntura afecte el desarrollo de las energías renovables en el mundo y particularmente en Argentina?

Una de las grandes y buenas noticias es la fortaleza de la industria de las renovables, que hoy tienen una madurez suficiente como para que el efecto “Trump” no las afecte.

Ahora bien, debemos estar claros que el despliegue de las renovables por sí mismas no alcanza para estar a la altura de lo que se necesita, no superar un aumento de 2°C en la temperatura global. Deben existir políticas muy activas para producir la transición energética global que se necesita.

Que las renovables sean competitivas es una gran noticia y una señal de que esa transición es viable, pero serán necesarias decisiones políticas valientes. Lo que comenzó a hacer Trump, desactivando la política climática de Obama, es desactivar el Acuerdo de París. Trump es la peor opción en el peor momento. En el seno del G20 comenzará a percibirse que la agenda climática ya retrocedió.

Para la Argentina no creo que este nuevo contexto internacional perjudique a las renovables. Las licitaciones podrán seguir y si se sostiene un ingreso de alrededor de 1.000 MW por año está bien para cumplir nuestros objetivos legales y, además, no tendríamos mucho margen para ampliar esos objetivos, por restricciones de infraestructura. Argentina tiene que ampliar la participación de las renovables en el sector eléctrico a cerca del 30% para el 2030 para acercarnos a lo que debemos hacer en materia energética.

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Guido Gubinelli para
04 Abril 2017
Written by Juan Carlos Villalonga