noviembre 20, 2010 Publicaciones 3 comentarios

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Está bien complicado el panorama político y eso se refleja en el Congreso. Siempre me resulta esclarecedor o, cialis al menos, es una suerte de alivio mental cuando alguien pone las cosas sobre la mesa y habla con claridad, aunque sea lo trivial. Nuevamente una nota de Beatriz Sarlo para comentar y ayudar a pensar en lo que nos está pasando. Este artículo lo escribió  hace más de una semana, aún no había ocurrido la bofetada de la diputada Graciela Camaño ni muchas otras denuncias y acusaciones. Lo que lo hace más valioso aún.

Cali

 

El escándalo del Congreso y los problemas de la oposición

Razones de un cuadro caótico

Beatriz Sarlo
La Nación, viernes 12 de noviembre de 2010

La discusión del presupuesto para 2011 convirtió al Congreso en un escenario paradójicamente significativo, donde se representan, mal cruzadas, las internas de los partidos, las competencias entre dirigentes por el primer plano efímero al que seguirá otro igualmente efímero, cure y la convicción presidencial de que no debe negociar, discutir ni pactar nada de nada, ni siquiera dar aclaraciones. Las lógicas incompatibles de estas tres líneas dan un cuadro caótico.

Si los partidos de la oposición coinciden en que los ingresos de 2011 fueron groseramente subestimados por el Gobierno para asegurarse una caja suplementaria de donde saldrán millones para financiar la campaña electoral, si esto es verdaderamente así y, por lo tanto, extremadamente grave ya que no se trata de asignar recursos a tal o cual gasto sino sencillamente de mentir, es difícil entender el motivo que, antes del plenario de la Cámara de Diputados, les impidió lograr un dictamen conjunto haciendo foco en este punto escandaloso. Si lo que la oposición dice fuera cierto, el presupuesto es cuestionable no por tal o cual asignación de gastos, sino inválido en su base misma. Los diferentes partidos de la oposición tendrían razón en oponerse a votar un invento. Un presupuesto dibujado no puede aprobarse y quienes lo voten cometen un delito. Si todas las hipótesis anteriores son ciertas, es incomprensible que la oposición no haya resignado otras diferencias para obtener un dictamen común. image

Las cosas son más complicadas, porque en el Congreso no se está jugando solamente el destino de una ley. Durante meses, y hasta las elecciones de 2009, los diputados de la oposición se quejaron de las mayorías que el oficialismo construía para evitar sancionar leyes o para imponerlas sin modificaciones. Cuando esta situación cambió, al cambiar la composición de la Cámara de Diputados se anunció una nueva época. El Congreso volvería literalmente por sus fueros. Sin duda, algunos cambios fueron visibles y el Gobierno tuvo que jugar en situaciones que, meses antes, tenía ganadas de antemano. Esto hay que reconocerlo.

Sin embargo, de lleno en el año electoral, cuya pregnancia aumenta por la ausencia de Kirchner -un experto en organizar el campo de los amigos y los enemigos; es decir, un experto en la política de conflictos-, la oposición ha trasladado al Congreso una competencia propia de las próximas electorales. El Salón de los Pasos Perdidos es un set de televisión con los focos encendidos todo el tiempo, que lleva a las pantallas no sólo los acuerdos o desacuerdos que son típicos de la discusión de leyes, sino las denuncias que pertenecen a las campañas. Elisa Carrió, con el ademán efectista que la singulariza, denunció un "Pacto de Olivos", sin aclarar más. Dijo "Pacto de Olivos" y abrió la serie de asociaciones: acuerdo espurio, hecho de espaldas a los representados, en beneficio de quienes lo firman, que reviste con grandes objetivos los fines más rastreramente personales. image

Cuando se dice "Pacto de Olivos" no se está mencionando el capítulo de un libro de historia, sino un cliché. "Pino" Solanas no se quedó atrás, y como un actor que dice la frase breve pero reveladora de la escena, pasó por ahí y dejó caer: "El Pacto de Olivos sigue vigente". En ambos casos, no existe la preocupación de explicar más, ni de hacer menos enigmática la ofensa que recibe el radicalismo. Se trata de lo que se llama el sound-bite , el clip visual para la tribuna.

Si sólo sucediera esto, podría decirse que es anecdótico. Pero hay más. En medio de la discusión, como si la cosa no pudiera esperar ni un minuto, los radicales decidieron cambiar el orden comprometido para designar a las nuevas autoridades del bloque y a quien le correspondería la vicepresidencia primera de la Cámara. Entonces, en el barullo poco entendible de la discusión de presupuesto, el diputado Aguad es reemplazado no por Ricardo Alfonsín, tal como se había acordado, sino por Ricardo Gil Lavedra. Y los cobistas, que consideran ésta una maniobra inesperada, quedan descontentos, murmurando por esta interna de bancada que aparece en el momento menos oportuno.

Por si la confusión necesitara nuevos ingredientes, las espadas kirchneristas de la Cámara de Diputados exponen, con tono colérico, la idea de que la oposición quiere dejar a la Presidenta sin ley de leyes. Preparados para perder, porque la cuestión pasa por unos pocos diputados, chantajean con que si no se vota el presupuesto a libro cerrado, el país quedará sin su fundamental instrumento administrativo. Los kirchneristas aprovechan este particular momento para avivar el fuego con sus dos combustibles más eficaces: todo se hace para romper el "proyecto" (como si mentir los ingresos fuera tan funcional al proyecto como el dibujo de los números del Indec), y la ubicación inevitable de los responsables en la derecha (como si oponerse a una potencial falsificación de ingresos fuera un gesto naturalmente inscripto en ese lugar del espectro ideológico).

El kirchnerismo da así la prueba de que sólo aceptará dos posiciones: vencedor incondicionado o víctima. Esta disyunción está cargada con el plomo de la mala fe. Desde hace mucho se sabe que con un interlocutor de mala fe es muy difícil discutir. Se pierde siempre. La mala fe es una gelatina resistente a la lógica y a los datos. image

Frente a esto, no se soluciona nada expresando "la oposición tiene que unirse". Porque no hay una sola unión de la oposición sino dos, por lo menos, de diferente naturaleza. La oposición debería unirse en una votación, resignando muchas cuestiones, cuando está en juego algo fundamental, como, en el ejemplo actual, que el presupuesto encierre una falsificación de ingresos. Este es un límite y convoca a un acuerdo de sectores que se diferencian en muchísimas cosas.

Pero existe otra forma de exhortar a la unión que ya fue probada y que sirve para muy poco. Son las uniones en las cuales sucumben diferencias importantes para lograr un objetivo que, una vez conseguido, no sirve porque las diferencias que fueron olvidadas impiden que la victoria de la unión tenga una proyección en el tiempo. Típica de esta unión indeseable fue la Alianza, donde los que se unieron no se entendieron desde el principio. Típico de esta unión fue también el fenecido radicalismo K, otra confluencia sin principios de la que todavía se están viendo las consecuencias. Y sobre esas consecuencias que nadie se queje, porque fue el presidente Néstor Kirchner el que la promovió, tal como en un momento de sinceridad lo explicó su esposa.

El kirchnerismo es curioso y conocerlo significa toda una educación política. Extremadamente abierto para aceptar inscripciones en el libro de pases, para no hablar sólo de Cobos, querría recordar que socialistas menos conocidos, pero los más antiperonistas que tuve ocasión de tratar, fueron aceptados en el club K, que es extremadamente sectario respecto de los que no aceptan su dirección. Con ellos, ni diálogo. Duhalde hizo oposición a Kirchner con rasgos precisamente opuestos a éstos, pero la muerte del ex presidente lo deja en su hora más aciaga. Una fuerza centrípeta llevará a algunos hacia adentro del Partido JusRazones de un cuadro caóticoticialista y dejará afuera sólo a aquellos que tienen poder suficiente en sus provincias como para seguir allí.

Mientras tanto, no hay oposición sino oposiciones y no podría ser de otro modo. ¿O alguien cree en serio que se puede acordar un frente que junte a los radicales con Solanas? ¿O alguien cree que Felipe Solá seguirá discretamente interesado en Carrió cuando el Partido Justicialista inaugura una temporada de maniobras y reclutamiento?

Además, hay oposiciones porque hay diferencias reales y nadie todavía tuvo la fuerza ideológica, el prestigio político, el reconocimiento que permite encabezar un proyecto progresista como alternativa; ni siquiera la derecha, menos principista, logra acordar y están en retiro espiritual con sus asesores de imagen. Una alternativa reúne a mucha gente distinta, pero para no convertirse en una nave de los locos debe tener su eje, que no pasa por una simple composición de partes, sino por una línea de fuerza fundamental. Por eso, de los guiones de distintas obras que se representan en el Congreso, lo mejor que podría salir es un acuerdo parlamentario punto a punto. Lo demás sucederá fuera del set alquilado en el Salón de los Pasos Perdidos.

© LA NACION

Written by Juan Echeverria