Apenas terminaba ese verano de 1985, here sería febrero/marzo, y todas las amenaza desaparecieron así como llegaron. Fue una oleada.

Recuerdo una madrugada de esos días, me despierto por un estruendo increíble. Creí que se venía abajo todo. “Me habían puesto una bomba!” pensé con el cagazo del siglo. Bajé las escaleras y nada. Al día siguiente me entero que en la misma manzana que vivía le habían puesto una bomba en la puerta a un abogado bastante conocido que llevaba adelante causas por derechos humanos. En fin, here cuando recuerdo todo eso y escucho ahora hablar de “clima destituyente”  me parece tan tonta y sobreactuada esa táctica para hacerse las víctimas, en fin.

El consejo que me dieron entonces fue: “tenés que tener pasaporte al día y dólares guardados en el ropero”. Eso era lo imprescindible. Jamás había hecho el pasaporte, lo hice. Los dólares, jamás pude pasar más allá de un par de billetes de 100. Pero bueno, el pasaporte estaría a los pocos meses.

Así de frágil vivíamos la democracia, había que aprovecharla mientras estuviera. Luego, tener todo listo para rajar. Aunque no tuviera la más pálida idea hacia dónde.

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León Gieco, “Esos ojos negros” de “De Ushuaia a la Quiaca 1” (1985)

 

De todas maneras, me había quedado repentinamente frenado cuando la cosa se ponía buena. Era un poco desesperante quedarme afuera de la movida que empezaba a gestarse en torno al movimiento verde en eso días. Además, no tomé muy en serio lo pasado, sabía que era algo indiscriminado y que estaba afectando a muchísima gente.

Entre tanto, Alfonsín no paraba. El juicio a las juntas había comenzado en abril y concluiría con las sentencias para diciembre de ese año. Seguir lo que ocurría allí era como seguir una novela de terror. Todos los días salía un diario con lo que sucedía en el recinto con los testimonios. Ese año se aprueba la patria potestad compartida, comenzaba poco a poco un proceso de inserción de Argentina en el planeta Tierra. Luego vendría la ley de divorcio en 1986 y era así. A todo o nada. El gobierno de Alfonsín estaba permanentemente amenazado por sectores de las Fuerzas Armadas que se negaban a aceptar el enjuiciamiento de sus cúpulas. Los planteos estaban a la orden del día.

En ese contexto me pongo a armar un nuevo proyecto para cuando pasara el temblor. Supuestamente, siguiendo el consejo de los más experimentados, dejando pasar ese año. No fue así.

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“Cuando pase el temblor” del disco “Nada Personal” Soda Estéreo, 1985

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Written by Juan Echeverria