diciembre 10, 2015 Publicaciones No hay comentarios

Con un texto más limpio, doctor un poco más corto y con aún un montón de incógnitas, los delegados continuaron en la noche del jueves las negociaciones en París de la COP21, la cumbre del clima. A las 21 horas, en un día de frío polar, el canciller francés Laurent Fabius, que oficia de presidente del proceso, indicó en tono positivo que sólo faltan “los últimos metros”, aunque todavía quedaba por saber si el borrador iba a poder sobrevivir, try con todas sus complejidades y conceptos, otra maratón de debates.
Entre otras cosas, esta vez desaparecieron los corchetes (lenguaje cuestionado) del objetivo de delimitación de la meta de aumento de la temperatura del planeta. En el texto anterior, había tres opciones. Ayer decía sólo que la meta era limitar la suba a “mucho menos de 2 grados” por encima de los niveles preindustriales, order y remarcaba la necesidad de hacer esfuerzos para alcanzar eventualmente un aumento de 1,5 grados, “reconociendo que esto significará reducir riesgos e impactos del cambio climático”. Un lenguaje claramente de compromiso.
Enfatizaba además que si se tiene mayor ambición antes de 2020, se tendrá mayor ambición después. Y lo que no es menos importante, pedía un mecanismo de revisión cada cinco años de las contribuciones nacionales voluntarias a partir de esta fecha, mientras que invitaba al Panel Intergubenamental de Cambio Climático (IPCC), el organismo internacional encargado de producir la ciencia para estas negociaciones, a producir un informe para 2018 sobre “los impactos que el calentamiento global de 1,5 grados” por sobre lo que existía en la era preindustrial.
En los últimos años, se ha producido mucha nueva ciencia respecto del daño que el alza de la temperatura ha tenido ya –con una suba cercana a un grado– sobre la Antártida, Groenlandia y los glaciares montañosos, y el resultado es tan alarmante que se ha empezado a dejar de lado el lenguaje de los 2 grados, que antes era considerada como una meta deseable. Si bien la diferencia parece nimia, no lo es. El fin de la era de hielo significó un calentamiento de la temperatura de apenas 4 grados, lo que cambió completamente el mapa global.
El texto de este jueves tenía aspectos interesantes, como que urgía a las partes a “reducir su apoyo a inversiones que producen altas emisiones” y contenía lenguaje interesante en la llamada meta de largo plazo. “Las partes deben apuntar a tener un punto máximo de emisión lo más pronto posible, reconociendo que esa tarea le va a tomar más tiempo a los países en desarrollo”, indicaba, y pidía que se alcance una “neutralidad de emisiones en la segunda parte del siglo en base a la equidad y guiada por la ciencia en el contexto del desarrollo sostenible y de la erradicación de la pobreza”.
Pero mientras los delegados y organizaciones gubernamentales se concentraban en entender este texto complejo, difícil, lleno de precisiones técnicas y legales, no se podía hacer un balance claro sobre su real alcance y saber quiénes habían ganado o perdido en la negociación. Lo cierto es que durante todo el día sonaron los teléfonos en todas las capitales, más allá de lo que se discutió aquí en grupos pequeños, coordinados por los llamados países facilítadores. Se sabe, por ejemplo, que desde el Vaticano se telefoneó a países con mucho peso en este proceso.
Argentina, justamente, quería ocupar ese rol de empezar a tender puentes, para ayudar a los franceses a sacar la negociación con éxito. Ayer, coincidiendo con el recambio presidencial en nuestro país, Juan Carlos Villalonga asumió el liderazgo de la delegación. Su instrucción fue que todos los objetivos del texto estuvieran orientados a asegurar la meta del límite de 1,5 grado y que esto se pudiera traducir a la realidad con acciones concretas. Y, con ese fin, se reunió con sus pares de Francia, Estados Unidos y un grupo de América latina llamado AILAC, considerado como uno de los más progresistas. Allí están, entre otros, Colombia, Chile, Perú y Costa Rica. El delegado de Mauricio Macri hasta aceptó sacarse una foto junto con un cartel de una campaña de la organización Avaaz, que recogió 3,6 millones de firmas por un futuro “100% renovable”.
A pesar de que los propios negociadores se duermen sobre sus escritorios por el esfuerzo de estas últimas rondas, no está claro que el proceso vaya a concluir este viernes, en la fecha programada. En los pasillos, llenos de gente harta de todo esto, se rumoreaba que podría extenderse al domingo. Quedan muchas cuestiones por resolver, como los llamados mecanismos de daños y pérdidas, en el que se juega la suerte de los más vulnerables del cambio climático. Y lo que no es menos: cómo se termina resolviendo el tema de quién paga los costos.

Fuente: Clarin

Written by Juan Carlos Villalonga