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Para continuar tratando de descubrir algunos signos vitales de la Argentina de los que hablaba en una entrada anterior, pilule vamos a ver qué pasa con un indicador que pueda darnos una idea de dónde estamos parados en términos de desarrollo.

Desarrollo es una palabra que da para cualquier interpretación. De allí que no exista una única variable para evaluarla. El método más comúnmente usado es el PBI (Producto Bruto Interno). Una variable puramente económica que, sabemos, es un parámetro muy rudimentario y simplista. Una burda sumatoria de actividades económicas que sólo permiten medir la dinámica de la economía de un país, aunque esa economía esté basada en la venta de esclavos, armas y la producción de películas de Sylvester Stallone.

El PIB contabiliza sólo los bienes y servicios producidos durante un periodo y su cálculo se encuadra dentro de la contabilidad nacional, por lo tanto no tiene en cuenta los bienes y servicios que son fruto del trabajo informal (trabajo doméstico, intercambios de servicios entre conocidos, el trabajo voluntario, etc.). Existe una economía paralela que es invisible para el PBI. Por el contrario, como ya lo mencioné, la venta de diez bombarderos es una transacción que califica bien para incrementar el PBI.

Por las limitaciones anteriores se han diseñado diversos indicadores alternativos al PBI. Ninguno logró un nivel de precisión y aceptación como para desplazar al PBI en los cálculos económicos. Por lo general, a esta altura se busca contar con una diversidad de indicadores.Así, uno de los índices desarrollados que cuenta con mayor aceptación es el IDH.

El índice de desarrollo humano (IDH) es una medición por país, elaborada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Se basa en un indicador social estadístico compuesto por tres parámetros:

Como se puede ver, el IDH no tendrá una variación interanual importante como sí lo puede tener el PBI que reacciona rápidamente a los vaivenes económicos. El IDH contabiliza algunas cosas que hacen a la calidad de vida y que hacen al capital que tiene una sociedad, más allá de los sube y baja de la economía y de la cantidad de bienes que se comercializan ese año.

Cuando se mira este parámetro, aparece otra Argentina. Se ubica en una posición completamente diferente a la que vimos en materia de corrupción. Argentina posee un capital y un potencial importante y eso viene de lejos, por lo menos, desde cuando se hicieron las primeras estimaciones del IDH.

Acorde al último Informe de DH del PNUD (2009), Argentina se ubica en la posición 49, escoltado de la siguiente manera, para el último año analizado, el 2007.

48. Latviaimage

49. Argentina

50. Uruguay

En el ranking del IDH 2007, en las primeras posiciones, se ubican:

1. Noruega

2.Australia

3.Islandia

Así arranca la serie de 38 países con un “muy ato nivel”  de Desarrollo Humano. Argentina se ubica en un  segundo tramo de 45 países con un “alto nivel” de Desarrollo Humano. Los países mejores ubicados de la región son:

HDI País 1980 1985 1990 1995 2000 2005 2006 2007
44 Chile 0.748 0.762 0.795 0.822 0.849 0.872 0.874 0.878
49 Argentina 0.793 0.797 0.804 0.824   0.855 0.861 0.866
50 Uruguay 0.776 0.783 0.802 0.817 0.837 0.855 0.860 0,865
51 Cuba           0,839 0,856 0,863

Argentina es uno de esos países que sorprenden por calificar tan alto en este parámetro y tan bajo cuando hablamos de corrupción, como ya lo vimos. Los países que nos escoltaban en el estudio sobre la corrupción, Armenia y Tanzania, se ubican en las posiciones 84 y 151 respectivamente en el IDH.

A partir de 1990 Argentina ya entra en la categoría de Alto Nivel de IDH (>0,8) y no hemos cesado de crecer. Vale destacar que Chile arranca en la serie con un valor por debajo de Argentina y Uruguay, y en la actualidad supera a ambos.

Mirar lo que sucede con el IDH es importante porque muestra que Argentina no carece ni de potencial ni de capacidad y que, en buena medida, tenemos una pésima administración y resolución de los asuntos políticos y económicos. Esto es lo que podemos destacar de mirar la evolución del parámetro IDH. En relación a la nota anterior, sin establecer una relación directa ni nada parecido, parecerá ser que la corrupción es más determinante para muchos problemas nacionales que otros aspectos estructurales. Seguiremos viendo algunos otros signos vitales.

Tres cosas quiero destacar de los datos anteriores:

1) por supuesto que es un índice, nada más, sólo que señala un aspecto, no menor, de la situación argentina. Situación que no es mala y que no se deteriora a pesar de los desastres cometidos, con lo cual, no hay que confundir las cosas, superadas ciertas crisis, es obvio que Argentina se recupera o tiende a hacerlo. En qué medida y a qué costo, es para otro capítulo, pero no se debe confundir la capacidad de recomposición de la Argentina con la “muñeca” de un gobierno o un presidente. Hacerlo es querer simplificar demasiado la realidad. En otras palabras, Argentina posee un capital y una dinámica socioeconómica que no tienen que adjudicársela ninguno de los gobiernos actuales, los que deberían estar poniendo el rumbo hacia horizontes nuevos y superadores, y no estar usufructuando del capital o las glorias del pasado.

2) Aún así, el crecimiento del IDH de Argentina desde 1980 es el menor frente al que tuvieron Chile y Uruguay. Vivimos de glorias pasadas en este aspecto y, si algún efecto produjeron las políticas seguidas en los últimos años, ha sido retrasar el desarrollo humano de la Argentina respecto de dos países tan comparables como Uruguay y Chile.

Crecimiento de IDH periodo 1980-2007: Chile (17%); Uruguay (11% ); Argentina (9%)

3) Argentina no asume su condición de país con la envergadura que tiene y, por el contrario, vive del triste nacionalismo victimista (“todo el mundo está en contra nuestro”), lo que por otro lado es una muy práctica coartada para borrarnos de nuestras responsabilidades en cuando eso nos conviene.  Algo de eso, relato en varias entradas previas. Aunque, cuando nos conviene, nos mostrarnos como la potencia del Cono Sur, eso nos gusta, por eso nos enorgullece ser parte de G20, pero eso sí, que nadie nos exija nada, ya que cuando de obligaciones se trata, nos hacemos los distraídos y somos los “pobres” de la tierra. Sobre esto último, un botón de muestra: fragmento de la cobertura de las recientes negociaciones sobre clima en Bonn, “Argentina, por su PBI, es considerada un país de ingresos medios. Esto podría ponerla en una lista de naciones con compromisos similares a Brasil o Rusia y no tendría la posibilidad de aspirar a ninguna ayuda para la reconversión de sus industrias. Por esta razón, dicen fuentes de la delegación argentina en Bonn, es mejor que nadie se acuerde de nosotros  (Clarín, 8/6/10). O sea, hacerse los pelotudos!, disculpen la expresión.

Cali

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PS: “El Humahuaqueño”, Jaime Torres, de “Electroplano” (2007)

Written by Juan Echeverria