junio 15, 2016 Microblogging 1 comentario

Hace unos días publiqué una noticia en la que daba cuenta que el Gobierno Nacional estaba lanzando un plan de mejoras y construcción de autopistas y autovías en diversas rutas en diferentes regiones del país. Rutas que hoy presentan altos índices de accidentes graves producto de un intenso tránsito a través de caminos ruinosos y desactualizados por completo (angostos, mal mantenidos, sin iluminación ni señalización, con pasos a nivel, etc.).

Las obras en cuestión representarían 2.800 km de autopistas con un costo de 200.000 millones de pesos durante los próximos 4 años.

Lo que me llamó la atención es el tipo de varios de los comentarios que recibí. Muchos comentarios se basaban en esa particular actitud de suponer que si eso se hace no se hará otra cosa: “¿y por qué no ponen esa plata en el tren?”. Tal actitud se basa en dos premisas, una, no leen ni sienten la necesidad de informarse, sólo reaccionan leyendo el título y entonces, un plan de obras viales supone que invalida toda otra política, en este caso, en materia de transporte. La otra premisa es la necesidad de plantarse ante cada noticia con una obtusa lógica binaria o dicotómica. Pobre manera de leer noticias y opiniones con las que uno se enfrenta a diario.

La segunda actitud que me preocupa es una basada en un supuesto estilo de “ambientalismo”. Si se hace una autopista “se está priorizando el automóvil en detrimento del tren u otros medios de transporte”. Aquí no sólo se trata de una lógica binaria. Hay algo más. Se trata de un “ambientalismo de baja intensidad» que desconoce que una sociedad ecológica, sostenible o como queramos llamarla, requiere de un proceso de transición que conlleva, en algunos casos, del cierre rápido y terminante de algunas actividades, pero para muchas otras, se requieren períodos de transformación y adecuación.20160323093630c9651c7c96a47ac9b17656ff9fea2671

Pensar que el sistema de transporte puede ser radicalmente modificado de un día para otro es una quimera. Pensar que el transporte vial puede ser desterrado y dejado al abandono es sencillamente una irresponsabilidad y una actitud que ignora la siniestralidad al que todos estamos expuestos. Suponer que es posible desterrar en las próximas décadas el transporte carretero es poco creíble. El pasaje de buena parte del transporte automotor a la modalidad ferroviaria no eliminará el transporte carretero. No existe, bajo ninguna hipótesis de transición del sector transporte, que tal cosa suceda, al menos en las próximas décadas. Siendo así, saber que en las próximas décadas tendremos que continuar transitando por rutas que son verdaderas trampas mortales nos obliga a procurar la urgente mejora de las condiciones en que se transita por ellas.

Para el caso particular de la noticia a la que me refiero son todas obras de mejoras en rutas existentes y que muestran alto niveles de accidentes. Son cerca de 7.000 víctimas fatales por año por accidentes viales según algunas ONG que trabajan en el tema. Hay que sumarle el dolor de miles de víctimas que quedan con graves secuelas físicas y el dolor de miles de familias y vínculos destrozados.

Esta es la realidad que urgentemente debemos superar. Una sociedad sostenible se construye revalorizando el cuidado que debemos darnos entre todos y minimizando los niveles de riesgo al que estamos expuestos.

Poder transportarnos de modo seguro es una de las prioridades que debemos tener. Mejorar las rutas no compite con fortalecer el transporte ferroviario o fluvial. Es parte de mejorar y pensar de modo sostenible el transporte de larga distancia

Advierto con este comentario la necesidad de salirse de la dicotomía permanente y también de un “ambientalismo” superfluo y chillón. Debemos pensar muy seriamente cómo salimos de una sociedad que se autodestruye ecológicamente, deshumanizante y que tolera convivir con niveles de riesgo que no deberíamos aceptar.

Written by Juan Carlos Villalonga