Con el nuevo aumento del precio de los combustibles se puso sobre la mesa qué ocurre con el petróleo en la Argentina. Vale hacer entonces algunos comentarios sobre su situación económica, al menos en términos  muy generales.

En primer lugar, el precio internacional del petróleo ha tenido en los últimos años una evolución muy particular: luego de alcanzar un pico de más de 140 dólares el barril a mediados de 2008, cayó en picada a menos de 40 dólares para el final de ese mismo año. Luego recuperó su valor para estar en torno a los 100 dólares y en los últimos meses ha caído nuevamente por debajo de los 40 dólares. Un comportamiento que nadie había predicho o hubiera podido anticipar al comienzo de la década. Hoy ha recuperado un valor apenas superior a los 40 dólares. El siguiente gráfico nos muestra lo ocurrido en los últimos años:

petróleo

 

¿Qué sucede en Argentina entre tanto? Bien, el precio de extracción del petróleo en la Argentina es superior a los actuales precios internacionales. Por ejemplo, extraer petróleo de la cuenca neuquina nos cuesta 67,5 dólares el barril. Para el caso de Chubut o Santa Cruz oscila en 55 dólares. Dólar más o dolar menos, los precios de nuestro petróleo rondan en esos valores. La extracción en Vaca Muerta está en el orden de los 77 dólares.

Si dejáramos a las refinerías elegir adonde comprar el crudo, obviamente que comprarían petróleo importado al valor internacional, alrededor de 40 dólares. Pero en ese caso, provincias como Chubut, Neuquén, Santa Cruz verían paralizarse completamente su actividad petrolera con la consiguiente conflictividad social que eso generaría. Si algo así sucediera, se estima que unas 400.000 familias verían afectados seriamente sus ingresos. El conflicto social y político que estallaría en esas provincias es inimaginable, puesto que son economías regionales casi absolutamente dedicadas a la industria petrolera.

Entonces, lo que se ha optado en nuestro país, desde hace ya un tiempo, es sostener el precio interno del crudo en un precio especial al que se denomina “barril criollo”. Esto permite que las instalaciones de exploración y explotación se mantengan operando en terreno, sosteniendo empleo, y a su vez permita a las provincias mantener sus ingresos provenientes de la regalías.

Obviamente, la diferencia entre el precio internacional y el “barril criollo” es dinero que pone el Estado Nacional. Este proceso de subsidiar la actividad, más allá de algunas desprolijidades o situaciones colaterales que se puedan generar, tiene por objetivo subsidiar las economías regionales vinculadas al petróleo.petroleros

A veces, de manera liviana, se dice que en Argentina pagamos un barril de petróleo más caro cuando en el mundo el petróleo bajó, expresando asombro o induciendo a pensar que eso se debe a la voracidad empresaria o del Estado, según quien lo diga. También se dice, demagógicamente, que el Estado está subsidiando a las compañías petroleras en lugar de invertir en políticas sociales. Esto último manifiesta no sólo desconocimiento sino también una idea de que las políticas sociales son únicamente planes sociales.

Para tener un orden de magnitud de lo que representa este esfuerzo, el Estado hoy está transfiriendo a las provincias más de 12 millones de dólares diarios, unos 170 millones de pesos cada día para sostener a la industria petroleo. En Neuquén, si no existiese este mecanismo, el Estado provincial dejaría de percibir unos 1.600 millones de pesos anuales por regalías. Esta discusión tiene un vínculo con la polémica por la quita o baja de retenciones a otros recursos de exportación: cuánto permiten sostener actividades económicas o cuánto deja de recaudar el Estado nacional?

El “barril criollo” explica sólo en parte el desacople de los precios de los combustibles en Argentina respecto de la “flexilidad” que poseen en otros países con los que se suele comparar. Interviene también en el valor del precio de los combustibles la fluctuación del dólar y la carga impositiva, entre otros. Vale también señalar que en esos países que tienen precios “flexibles” eso conlleva también a la flexibilidad en la estabilidad laboral en el sector del upstream. Pensemos que a escala global, sólo las grandes empresas, suspendieron proyectos de inversión por unos 380.000 millones de dólares en los últimos meses.

Dicho todo lo anterior, lo que debemos pensar seriamente, lo que queda expuesto, es cómo salimos de esta economía “fosilizada” y nos ponemos en marcha hacia una economía que sea compatible con los objetivos climáticos expresados en el Acuerdo de París. Mantener el cambio climático bien debajo de los 2°C y procurar estar en 1,5°C nos obliga a pensar en una economía que pone fin a la era del petróleo en no más allá del 2050, 35 años. Durante los próximos años habrá que desactivar una economía y pasar a otra libre de fósiles o donde los mismos cubren porciones de la demanda energética muy menores a lo que hoy sucede.

La descarbonización de la economía plantea un doble desafío. El primero, la reformulación del sector energético en términos de fuentes e infraestructura. Este desafío se vincula básicamente con una transición tecnológica, centralmente, la incorporación masiva de fuentes renovables y la electrificación del transporte.

Pero el segundo desafío es el desafío social y económico. Hay que imaginar el impacto que tendrá en las economías regionales, y en algunos países, la desactivación de la economía del petróleo. Cómo preparamos a la sociedad para amortiguar el colapso que sufrirán enclaves hidrocarburíferos, como existen hoy en provincias como Chubut, Neuquén o Santa Cruz. Es imposible seguir pensando que la subsistencia de tales economías pueda estar atada a la explotación hidrocarburíferta por mucho tiempo más. En cualquier escenario de acción climática que nos propongamos, para 2050-2060, el petróleo habrá dejado de ser la fuente energética que hoy es. Se sabe que cerca de 2/3 partes de los yacimientos hoy en explotación en el mundo deberán quedar bajo tierra.

El panorama es complejo, por la magnitud y la velocidad a la que habrá que trabajar. Si la polémica por la distribución de subsidios aparece en el nivel que hoy ocurre por el aumento de la nafta, imaginemos cuando haya que desembolsar cuantiosas sumas para amortiguar el impacto en algunas regiones por sobre otras. Estos son los temas que están sobre la mesa para los que quieran ver.

 

 

Anexo: Entrevista Marcos Peña sobre aumento de naftas

Written by Juan Carlos Villalonga