Despejar el camino para la transición a una economía verde (Un keynesianismo de mercado)

Viene un tiempo en donde los gobiernos tomarán un rol central en el proceso de recuperación económica. Ese liderazgo debe enfocarse en despejar el camino hacia una economía verde, atendiendo la doble crisis, económica y climática. Se necesita liderazgo político, no mero intervencionismo.

Nos encaminamos hacia una recesión muy pocas veces vista, tanto a escala global como en nuestra economía local, y esto nos obligará a generar políticas severas y, en muchos casos novedosas, para logra la recuperación. Debemos prestar especial atención a los mecanismos de estímulo que se utilizarán para lograr la deseada reactivación. Ingresamos a una etapa donde los Estados, organismos multilaterales, sector privado y la sociedad en su conjunto, deberán realizar esfuerzo coordinados para movilizar recursos de todo tipo para recuperar empleos y servicios de calidad. Ahora bien, podemos movilizar esos recursos y esfuerzos mirando el pasado o podemos hacerlo mirando el futuro.

Hace ya más de una década en que se presentó la idea de un “Green New Deal” o un Pacto Verde que haga posible alcanzar los acuerdos básicos para colocar al mundo en el camino de la sostenibilidad ambiental y social. Más allá de la denominación que queramos darle, resulta imprescindible que la economía ponga foco en las urgencias globales que nos apremian como humanidad. Necesitamos encaminarnos rápidamente en la transición hacia una economía baja en carbono, que haga un uso eficiente de los recursos naturales y que sea socialmente inclusiva.

No han sido suficientes los acuerdos multilaterales alcanzados hasta el día de hoy. Los gobiernos, por diversas razones, vienen fracasando en la tarea de colocar en sus prioridades domésticas lo que se expresa en los foros internacionales. El sector privado, como la sociedad civil, reciben constantemente señales confusas y cambiantes de parte de los gobiernos. Es el sector público quien debe mostrar decisión y contundencia, por ejemplo, en alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible durante esta década. Parece obvio, pero una cosa es lo que se dice y otra la política que se ejecuta verdaderamente.

El sector corporativo ha mostrado en la última década que se encuentra en capacidad de dar un salto cualitativo en el carácter de sus inversiones y acelerar el desarrollo tecnológico. La madurez alcanzada por las energías renovables, por ejemplo, tuvo como protagonista central al sector privado, tanto en la investigación, el desarrollo y la producción. Pero eso tiene límites, nadie puede ir más allá de las fronteras regulatorias y las barreras que se imponen a través de subsidios mal asignados o una obra pública pensada de modo anacrónico.

Por eso es necesario un acuerdo político y social que coloque prioridades y objetivos claros. Si tomamos por ejemplo la emergencia climática, enfrentamos la muy compleja tarea de reducir drástica y urgentemente las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar así la suba de la temperatura global. Esto no ocurrirá únicamente por la dinámica de los mercados y la exigencia de los consumidores, eso ya está ocurriendo, pero su velocidad no es suficiente. De allí que sea necesario que la política pública acelere el cambio y despeje el camino.

No son pocos los que miran con recelo a las propuestas asociadas al “Green New Deal” por temer que escondan una idea demasiado pretensiosa en el intervencionismo estatal. Lo entiendo exactamente al revés, puesto que se trata que las políticas públicas comiencen a desbloquear y alentar, de un modo constante, a las nuevas tecnologías, los negocios y, por ende, a los empleos asociados a un desarrollo “verde”.

Las condiciones que hoy tenemos, permiten diseñar una recuperación económica y que atienda a la emergencia climática mucho menos costosa que años atrás. Si se observa, por ejemplo, en el Global Green New Deal diseñado por Naciones Unidas en 2008, allí se hablaba de la necesidad de inyectar una cifra enorme de dinero por parte de los Gobiernos. En buena medida en el impulso de las tecnologías de cero emisiones. Acelerar hoy el “círculo virtuoso” del desarrollo verde es mucho más sencillo y menos demandante económicamente.

En el año 2007 los costos de generación eléctrica por turbinas eólicas, en promedio, oscilaba entre 75-110 USD/MWh. Hoy esos costos están alrededor de 30-35 USD/MWh, un costo de generación que está por debajo al de las fuentes convencionales. El caso de solar es mucho más drástico, pasamos de alrededor de 520-850 USD/MWh a 30-40 USD/MWh en la actualidad. Una reducción de un tercio para la energía eólica y de casi 20 veces para el caso de solar. Acelerar el ingreso de esas fuentes energéticas hoy depende más de decisiones correctas, antes que en subvenciones o ayudas al sector.

Si tomamos el caso de nuestro país, podemos ver en el siguiente cuadro los costos reales de generación por tecnología informados por la Secretaría de Energía en el año 2019.[1]

Sin duda, donde más se deberán movilizar recursos a una gran velocidad es en el mundo de la energía, ya que las reducciones de emisiones de CO2 deben bajar a casi la mitad para el año 2030 y encaminarse a la neutralidad a mediados de siglo. Es el sector de la energía quien puede y debe hacer mayormente ese esfuerzo. Esto significa que el reemplazo de la quema de combustibles fósiles es urgente y debe hacerse desde ahora mismo.

Los proyectos energéticos que nos permitirán bajar las emisiones en esta década, son los proyectos que se están comenzando a evaluar y proyectar en este mismo momento. Son esos proyectos, los que se iniciarán durante los próximos 4 años, los que determinarán si podremos cumplir con esa reducción de emisiones. Tomemos como referencia que el desarrollo de proyectos renovables oscilan entre 4 y 5 años, desde su concepción, adjudicación y construcción. Para el caso de un proyecto nuclear o hidroeléctrico eso representa unos 10 años o más. Proyecto térmicos o fósiles entre 5 y 7 años.

Lo anterior significa que tenemos una única oportunidad, un solo tiro. No hay tiempo para pensar en inversiones “intermedias” o de “transición”, las reducciones de emisiones para 2030 se deciden con los proyectos que los gobiernos están proyectando realizar en estos momentos, a través de sus licitaciones, inversiones, contratos y demás mecanismos. El sector privado construirá una planta a carbón o un parque eólico, dependerá de lo que el gobierno quiera o deje hacer.

Un Pacto Verde, un Green New Deal, significa que la política pública, el mercado y la sociedad comparten el compromiso con un programa de desarrollo con objetivos claros y tiempos perentorios para encaminar a la economía global y en cada uno de nuestros países en el sendero de la sostenibilidad social y ambiental.

[1] “Escenarios Energéticos 2030. Documento de Síntesis”. Dirección Nacional de Escenarios y Planeamiento Energético. Subsecretaría de Planeamiento Energético. Secretaría de Energía de la Nación. Noviembre 2019.

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