Juan Carlos Villalonga y Andrea Heinz (*)

La eficiencia energética es una protagonista clave a la hora de desarrollar la transición energética que el mundo y nuestro país deben realizar durante las próximas décadas ante la amenaza del calentamiento global. El objetivo es ir remplazando los combustibles fósiles por fuentes de energía renovables y avanzar en el ahorro energético.

A través de políticas de eficiencia energética se procura hacer un uso inteligente y responsable de la energía antes que aumentar la generación. Toda acción que promueva la eficiencia en el consumo implica menor requerimiento de recursos energéticos, menos inversión en generación y distribución y un ahorro económico por parte de los usuarios finales, sean domiciliarios, industriales o comerciales. Este ahorro económico contribuye a su vez a la mejora de la productividad de los distintos sectores y de la calidad de vida de los ciudadanos.

En Argentina recién empezamos a hablar con mayor seriedad sobre la eficiencia energética. Esto sucede, entre otras razones, porque al comenzar a reflejar el costo real por la energía que consumimos, realizar inversiones para hacer un uso racional de la misma pasa a tener mayor sentido.

Uno de los aspectos centrales en materia de eficiencia energética es el acceso a tecnologías y equipamiento más eficientes. El etiquetado de electrodomésticos es una guía útil para el consumidor. También es muy importante que aceleremos el ingreso en el mercado de las mejores tecnologías disponibles y retirar aquellos dispositivos menos eficientes.

En este sentido, debemos potenciar un nuevo salto tecnológico en materia de luminarias. Así como en el año 2010 se prohibió la comercialización de las viejas lámparas incandescentes (las “bombitas”), y se aceleró el ingreso de las lámparas fluorescentes compactas (LFC o “bajo consumo”), estamos en condiciones de dejar atrás las lámparas halógenas, las más ineficientes del mercado, ya que pueden ser reemplazadas para todos su usos por la tecnología LED. Un dispositivo LED tiene una vida útil diez veces mayor que una lámpara halógena y un consumo seis veces menor. El ahorro que se podría generar por el reemplazo de la totalidad de las lámparas halógenas en uso en la Argentina, es equiparable a la energía que generan dos centrales nucleares similares a Atucha II. Lo cual sería un verdadero alivio para el sistema energético en su conjunto.

Si además consideramos que la energía que se dejaría de consumir de manera inmediata, sería la más ineficiente y contaminante, proveniente de fuentes fósiles, se evitaría emitir 1.700 toneladas de dióxido de carbono al año, principal gas de efecto invernadero. Por las razones anteriores, estamos impulsando la aprobación de una ley en el Congreso de la Nación que acelere este reemplazo masivo de las viejas lámparas halógenas por tecnología LED. La prohibición de la comercialización de luminarias halógenas, como ya sucedió con la de las lámparas incandescentes, no afectará trabajo local y el ahorro generado reducirá nuestro déficit energético, mitigando simultáneamente nuestro impacto sobre el cambio climático.

(*) Juan Carlos Villalonga es diputado nacional (Cambiemos) y Andrea Heinz es subsecretaria de Ahorro y Eficiencia Energética

 

Clarín

24/05/17

Written by Juan Carlos Villalonga