El Acuerdo de París, la Argentina y la revisión de sus metas

La Argentina ya es parte del Acuerdo de París, y si bien este aún no ha entrado en vigor, se estima que lo hará antes de fin de año. Luego de la aprobación por parte del Congreso de la Nación, el Poder Ejecutivo lo ratificó y depositó el instrumento de ratificación en las Naciones Unidas la semana pasada.

Pero, para nuestro país, ahora comienza la etapa más compleja. La Argentina se comprometió en diciembre pasado en el ámbito de la COP21 a mejorar sus metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), debido a las claras debilidades de la primera propuesta presentada -Intended Nationally Determined Contributions (INDC, por sus siglas en inglés)-, en el mes de octubre de 2015 ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc).

A nivel internacional, la cuestión central pasa por no perder el impulso político, consolidar el proceso de ratificaciones y así lograr su entrada en vigor lo antes posible, ya que la acción temprana, pre 2020, es crucial.

Debemos recordar que las INDC presentadas no alcanzan a estar a la altura de las exigencias que impone el Acuerdo de París, por lo que se deberá impulsar una revisión de los objetivos de mitigación con un mayor nivel de ambición. Y son los países miembros del G-20 los que deberán mostrar liderazgo y mayor compromiso.

Entonces aquí viene la pregunta: ¿qué debe hacer la Argentina con su INDC?

Para empezar, la INDC presentada el 1º de octubre de 2015 se convertirá en la NDC (contribución determinada a nivel nacional) en el marco del Acuerdo si no hay modificación alguna  antes de que este entre  en vigor. Lo  primero a decir es que la Argentina deberá modificar sustancialmente su INDC y elevar su nivel de ambición de manera drástica.

¿Es posible hacer eso a corto plazo? Hacerlo bien requiere de tiempo, mucha dedicación, mucho compromiso político y un trabajo de construcción de consensos y acuerdos internos dentro del Gobierno, entre las diferentes fuerzas políticas y los distintos sectores económicos. Solo de ese modo es factible presentar una meta como la que se espera de la Argentina a nivel internacional.

¿Y cuándo debe ocurrir esto? En algún momento antes de 2018. Esto nos da tiempo suficiente para ser serios en la propuesta y que permitirá llegar a ese año con una nueva meta, al momento en que se debe realizar una revisión global para evaluar dónde estamos parados y cuál es el efecto agregado de todas las contribuciones.

Pero primero que nada, recordemos cuál ha sido la INDC presentada por la Argentina. El siguiente gráfico muestra el compromiso presentado:

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Como puede verse, en línea roja tenemos la evolución de las emisiones de GEI en un escenario de Business as Usual (BAU), es decir, un escenario tendencial. Es una suposición de cómo evolucionarían las emisiones en caso de no adoptarse políticas específicas de mitigación.

Según el inventario de emisiones de GEI realizado para la Tercera Comunicación Nacional ante la Cmnucc, el volumen total de emisiones en el año 2012 fue de 440 MtCO2eq. Como muestra el gráfico, la curva BAU ese año indica un valor que supera holgadamente los 450 Mt CO2eq.  Es decir que, desde el arranque, la curva roja está por encima de lo real, por lo que empezamos con un valor “inflado”.

La curva punteada verde claro es la trayectoria de emisiones que propuso la Argentina a partir de aplicar medidas de mitigación, por eso la curva verde clara llega al 2030 con un 15 por ciento de reducción respecto de la curva BAU (meta incondicional). Este 15 % de reducción es relativo al BAU y el BAU es una especulación, que como vimos, está sobredimensionada. Con lo cual, ese 15 % es muy probable que se logre sin hacer ningún esfuerzo adicional. Se reduce “hot air”, es decir, solo es una reducción en los papeles. Lo inadmisible e irrisorio de esta meta es que para 2030 las emisiones argentinas continuarían creciendo. Esto despierta sonrisas a nivel internacional, en el mejor de los casos.

La curva verde oscuro plantea realizar un esfuerzo un poco mayor, reducir un 30 % condicionado a la obtención de ayuda financiera del exterior (meta condicional).

El objetivo de inflar la curva BAU es para que la reducción que se produzca se pueda traducir en porcentajes significativos, tales como el 15 % o el 30 %, cuando en realidad, son reducciones mucho más modestas.

La denominada “meta condicional” resulta un poco más realista. Plantea un crecimiento de las emisiones llegando a su máximo para 2025, para iniciar luego su descenso y volver a los niveles actuales para 2030. Esta propuesta estaría en línea con lo expresado en el Artículo 4 del Acuerdo de París cuando dice que “las Partes se proponen lograr que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcancen su punto máximo lo antes posible, teniendo presente que las Partes que son países en desarrollo tardarán más en lograrlo”. Es claro que esta meta resulta un poco más admisible.

Ahora, lo cierto es que las emisiones de la Argentina deben tener un declive mucho más pronunciado. Aquí el inconveniente es que la dirigencia política y empresaria local aún no ha tomado debida cuenta del esfuerzo que hay que realizar. Revisar la meta para llevarla a un nivel compatible con el objetivo de los 2°C es un debate que debemos darnos en  profundidad. Todavía no estamos en condiciones de afrontar ese desafío. Luego de la ratificación, vendrá un aceleramiento de las negociaciones y eso creará un clima más propicio a nivel nacional.

Mi propuesta es que la INDC actual se convierta en la NDC (contribución determinada a nivel nacional) argentina automáticamente cuando el Acuerdo entre en vigor. Domésticamente, debemos asumir que la meta por cumplir es la que corresponde a la reducción del 30 % de la fantasiosa curva BAU y comenzar ya mismo el trabajo de revisión de una nueva NDC para ser presentada en 2017.

Esta nueva meta hay que comenzar a construirla desde ahora, de manera responsable y con la debida participación de la sociedad. Se tratará de la política de Estado más importante para los próximos 15 años y determinará qué tipo de desarrollo deberá tener cada uno de los sectores de la economía nacional. Y eso requiere mucha madurez.

Juan Carlos Villalonga para Clean Energy News
28 Septiembre 2016

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