febrero 9, 2016 Microblogging 1 comentario

Se habla de “despidos masivos”, malady de “trabajadores en la calle”, de “compañeros despedidos”.  Son expresiones fuertes que desnaturalizan los verdaderos hechos que están ocurriendo.

Lo primero es señalar el orígen y la razón por la que ocurren estos “despidos”.

Se trató de una maniobra alevosa de manipulación de la gente y de abuso del Estado: sumar miles de contratos y pases a planta permanente en los últimos meses en distintos organismos del Estado, viagra tanto en la órbita nacional, provincial y municipal. Contrataciones sin objetivos de productividad ni  ampliación de servicios o cualquier otra estrategia más o menos sensata. Una maniobra que tuvo como principal objetivo obturar el funcionamiento del Estado y dejarle una “herencia” al gobierno que  asumiera el 10 de diciembre y a la que debería afrontar inexorablemente tomando decisiones ingratas. De  ese modo, quien sucediera al kirchnerismo sería fácilmentte categorizado como “ajustador”, “antiobrero” y de “derecha”.  Una jugada apropiada para un populismo en retirada. Que el mito permanezca. Que el relato pueda continuar vivo.

Lo segundo es verificar qué clase de contratos o plantas permanentes se generaron. Leo que en el Senado, durante la gestión de Amado Boudou, aumentó la planta en 2.900 personas. No hay razonabilidad en ello. Algo similar fue ocurriendo en infinidad de organismos. Contratos fantasmas o vulgarmente llamados “ñoquis” o gente que cumplía funciones que poco tienen que ver con el objetivo central del organismo al que pertenecían. Así tenemos emprendimientos artísticos, sociales y periodísticos en las reparticiones más insólitas, como una radio en Fabricaciones Militares. Es decir, lo que se generó es un segmento generoso de nuevos burócratas, una nueva burguesía estatal cuya función es replicar y protagonizar el relato kirchnerista.

Lo tercero sería verificar, siguiendo lo dicho en el punto 2, que no se trató de un aumento en las plantas de áreas de salud, educación, infraestructura u organismos de seguridad, emergencias o demás actividades netamente productivas o de servicios tangibles para la sociedad. En esas áreas no hay “despidos masivos”. El populismmo nutre al aparato estatal de miles de “operadores simbólicos”  que puedan dedicar su tiempo a la “militancia” del relato.

Finalmente, no todo despido significa que el Estado deba quedarse sin ese puesto de trabajo. ¿Para qué duplicar trabajadores en la biblioteca del  Senado si su plantilla ya está colmada?. Ese puesto de trabajo bien podría estar  en Vialidad Nacional, en infrastructura escolar, hospitalaria, ferrocarriles, brigadas para control de incendios forestales, en áreas de acción en emergencias diversas, en seguridad, en burocracias indispensables en tantas provincias o dependencias municipales en todo el país.

Pensemos que cuando a un municipio se le suman 80 o 100 contratos al fin de un mandato, como sucedió en muchos municipios de Provincia de Buenos Aires, le dejan al que viene luego, un presupuesto distorsionado, incapaz de afrontar los gastos corrientes y sin poder cumplir con los servicios esenciales que debe prestar. Un incendio asegurado es la herencia, y los “trabajadores” son el escudo de esa delincuencia.

Se trata de otra de las “bombas” activadas que dejó el kirchnerismo. Destruyeron la capacidad operativa del Estado y desvirtuaron los presupuestos públicos para que el que tenga que poner orden en las cuentas, deba pagar con el costo del “ajuste”. Usan a la gente, como usaron tantas otras cosas, como “escudos” humanos.

Quien cae en las calificaciones de “despidos” y “trabajadores en la calle” es alguna de estas opciones: a) parte de los protagonistas del relato; b) un distraído fenomenal cuyo vínculo con la realidad no pasa de los títulos y/o comentarios en facebook; c) sólo puede mirar la realidad a través de la lógica binaria de un “obrerismo” bastante ingenuo.

Lo que digo no significa justificar que el reordenamiento se haga sin contemplar cada caso en particular y con la debida revisión. Eso es obvio.

He aquí otra postal de una Argentina “vandalizada”.

Ver también: La “bomba” mediática.

Written by Juan Carlos Villalonga