Juan Carlos Villalonga, ampoule el representante del gobierno del presidente Macri en las mega negociaciones climáticas de París, es uno de los muchos delegados que celebran el acuerdo alcanzado ayer al tiempo que reconocen sus límites. Sin embargo, como lo señala Villalonga, ex director político de Greenpeace, el texto pactado en París marca un momento de la historia de las naciones.

–Hay un entusiasmo generalizado en todas las delegaciones. ¿Lo comparte?

–El estado de ánimo es muy bueno porque sin dudas se trata de un acuerdo histórico. Si miramos el acuerdo de una forma estricta y nos preguntamos qué deberíamos estar haciendo en relación al cambio climático se podría decir que este acuerdo es pobre, es poco. Pero si uno lo mira teniendo en cuenta que venimos del fracaso del Protocolo de Kioto, del fracaso de Copenhague, y que de esas cenizas se ha venido construyendo de manera muy particular este texto, entonces tenemos que decir que esto es un éxito. No es un acuerdo que vaya a alcanzar para lograr el objetivo de los dos grados o el grado y medio. Para eso el acuerdo tendrá que evolucionar mucho. Pero, lo bueno es que esto se alcanzó, es el primer acuerdo global, donde cada uno interviene con sus responsabilidades. Esto no había ocurrido nunca.

–Hay alguna ambigüedad fuerte con respecto al valor vinculante del acuerdo. De hecho, lo esencial, que son las contribuciones de los Estados, no es vinculante.

–Lo vinculante son las estructuras que tienen que ver con la información y los mecanismos de revisión. Las contribuciones voluntarias de los países no forman parte de este acuerdo. Eso tiene que ver con la forma en que se construyó este acuerdo. Se hizo de abajo hacia arriba, o sea, se fue construyendo a partir de lo que cada uno ponía sobre la mesa. Por supuesto, esto tiene la enorme dificultad de que lo que se ha colocado sobre la mesa, o sea, la suma de todos los países, no alcanza a reducir lo que tendríamos que estar reduciendo de aquí al 2030. Para dar una idea, en el año 2030 tendríamos que estar reduciendo casi el equivalente a la totalidad de lo que hoy emite China más la Unión Europea. La brecha que tenemos es enorme y deberemos cerrarla con sucesivas evaluaciones de las contribuciones. El trabajo que viene ahora es doble: implementar el acuerdo y reactualizar los compromisos de cada país.

–Lo más importante, de hecho, está en que se reanudó una negociación que estaba agonizando.

–Claro que sí. Después del fracaso de la cumbre de Copenhague todo fue muy dramático para las negociaciones. Hubo que esperar un par de años y recién hace poco se logró retomar el ritmo y la credibilidad en todo esto. Por eso valoramos tanto el acuerdo. Los países, en particular los que están en vías de desarrollo, sentimos que a esto le falta mucho, pero el esfuerzo que se hizo acá fue buscar el denominador común para tener algo. Y lo que se tiene es bueno, pero debemos elevar la ambición en todos los países, fundamentalmente los más desarrollados. Hoy la complejidad es mayor que en los tiempos del protocolo de Kioto. En aquel momento, Estados Unidos era el principal emisor y tenía grandes responsabilidades históricas. Pero hoy tenemos a China como principal emisor y, al mismo tiempo, muchos países con responsabilidades históricas, como es el caso de Europa, han reducido notablemente sus emisiones. Tenemos una mezcla de situaciones. La división del mundo entre países desarrollados y en vías de desarrollo ya no es tan fácil de trazar. Por eso este acuerdo global pudo abordarse diciendo que cada uno ponga sobre la mesa lo que considera apropiado.

Fuente: Pagina 12

Written by Juan Carlos Villalonga