abril 25, 2010 Publicaciones 1 comentario

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Me estoy reiterando si digo, sovaldi sale como tantas otras veces, que estoy asombrado por los supuestos debates políticos de estos tiempos. Porque no son “debates”, son un ejercicio intensivo de la consigna, y  no se corresponde a “estos tiempos” porque se sigue decodificando la realidad anclados en el pasado. Como eternos adolescentes viviendo los años 70.

A partir de esto que se ha dado llamar “kirchnerismo” se ha generado una atmósfera de confrontación, a mi entender, anacrónica. La dichosa “crispación”, palabra con la que será recordada esta etapa de la historia. En tal dinámica, la política puede ser, por momentos, peligrosa, en otros, tragicómica, pasando también por el enredo, la estudiantina y el papelón.

Entiendo que para el carácter adolescente es funcional la confrontación con ciertas figuras para ir conformando una personalidad. En la edad adulta andar buscando enemigos para hacerse de una personalidad, es patético. En eso andan un conjunto de señores mayores cuyo rasgo común lo definen como “Kirchnerismo”.

El kirchnrismo, rx así lo demuestra su práctica,  necesita de enemigos. La construcción de imageenemigos le demanda buena parte de sus energías, del tiempo de su gestión y de su pericia administrativa. Esos “enemigos” permiten construir a cada instante epopeyas ficticias y tergiversar cualquier hecho, presente o pasado.

Los enemigos se generan en toda circunstancia: Clarín, los medios, el campo, los canales clandestinos en Areco, Botnia, Uruguay, el “yuyo”, Obama, la puta oligarquía, Cobos, el golpe destituyente, el país “virtual”, etc. etc.

No estoy negando la existencia de conflictos de intereses, pujas, mezquindades y los mil y un atropellos que tenemos que resolver. Eso es una cosa. Otra bien diferente es estar creando todas las semanas una escena desgarradora donde pareciera que las instituciones de la patria y la vida de los argentinos está en peligro por alguna monstruosidad. Es raro. Es raro porque además, los verdaderos conflictos e intereses ni siquiera se rozan.image

El gobierno viene procurando instalar desde hace tiempo un clima de “golpe”, de “destitución inminente”. No ahorra nada en esa construcción. Abusa de la memoria y de la causa de los derechos humanos. Abusa en colocarse como víctima de todas las conspiraciones pasadas, presentes y futuras. Esta dinámica polariza, confronta, es maniquea. Si hay peligro de golpe, entonces estás de un lado o estás del otro. El gobierno conserva de ese modo apoyos y le permite colocarse en la historia como un gobierno “progresista”, ya que todo golpe es “reaccionario”.

Es un modo complicado de hacer política. Lo que se genera no es bueno.

imageResulta que en su “lucha contra los medios golpistas” el nuevo capítulo es el escrache a periodistas. Una brutalidad que no tiene correlato con la actual realidad. Además, en un intento permanente de ubicar como “golpistas” y “colaboracionistas” de la dictadura a muchos de ellos. Un ajuste de cuentas a destiempo y por demás discutible. Al punto que algunas figuras del gobierno tuvieron que salir a despegarse. Pero no importa. Lo que importa es el enemigo creado, la pelea instalada y la polémica en marcha. ¿Para qué? ¿que se quiere dirimir? ¿qué se piensa hacer? Por parte del gobierno, nada que sea confesable. Para los entusiastas “K”, tienen otra estudiantina para interpretar.image

Quiero dar un ejemplo. No me voy a poner a defender a ningún periodista en particular. Sólo un ejemplo, uno de los números de este circo. El actual embajador en Estados Unidos, Héctor Timerman, duro crítico de Clarín. Mantuvo una polémica con ese diario durante febrero de este año por algunas opiniones vertidas en uno de sus blogs. La polémica no cesó y en el mes de marzo, para el aniversario del golpe, Clarín sacó a relucir, algo que yo desconocía, que el actual embajador fue director de La Tarde, un diario creado con el golpe, para el golpe y a favor del golpe del 76. Timerman, reconoció tal cosa, pero de un modo muy particular, diciendo que prefería “no explicar” y siguió, en su respuesta, criticando como si nada. Sólo dijo: “No voy a explicar las razones o realizar una reflexión sobre esos meses de mi vida. No lo hago porque prefiero seguir como desde hace 34 años recriminándome por esa acción. Tampoco hablo de mi trabajo por los derechos humanos porque nada de lo que vengo haciendo desde 1977 quiero que me sirva de alivio. Mi único y silencioso consuelo es la actual amistad de quienes fueron mis compañeros de militancia y sobrevivieron con más dignidad que yo”.

Luego de tal cosa, siguió criticando, sigue siendo hoy embajador en Estados Unidos de este gobierno y por supuesto, no aparece en los afiches de los periodistas colaboracionistas. Imaginen si algo de esta magnitud se destapa de alguien de la oposición. ¿Se imaginan 6,7,8?

Así las cosas, no resultó sorprendente la curiosa frase de esta semana del presidente uruguayo, José Mujica, cuando le preguntaron por el corte de ruta de Gauleguaychú y contestó “dejenmé hablar con la dueña del circo primero”.

El siguiente artículo es de Jorge Sigal. Lo tengo guardado del año pasado, de aquellas semanas en las que Abel Posse fue nombrado por Macri como Ministro de Educación en la Ciudad de Buenos Aires. Apoteótico momento donde la más rancio de la derecha y de la izquierda revivían los bueno viejos tiempos de la guerra fría de entonces. 

Vale rescatarlo ahora que todo sigue igual.

Cali

Guerra fría en la ciudad

Al cambalache nacional le estaba faltando una contribución de la derecha. Y entonces llegó Abel Posse. Como intelectual, resultó sólo un provocador rencoroso y poco original. La incontinencia verbal no es un mérito, generalmente es un síntoma.

Por Jorge Sigal, 13 de Diciembre de 2009. Diario Crítica.

La única ventaja de ser setentista en la Argentina es que el tiempo no pasa. Si no fuera por la imagen –a veces patética– que devuelve el espejo, uno podría imaginar que, como lo anunció el politólogo Francis Fukuyama, la Historia ha finalizado. Nada nuevo alumbra el porvenir.

image Detener el paso del tiempo, se sabe, es una obsesión recurrente de la especie. Por eso, los viejos de alma suelen ser conservadores o francamente reaccionarios. Pujan, desesperadamente, por frenar el movimiento, para retornar a un mundo conocido, controlable, a un sitio más previsible. El cambio asusta porque es la constatación palpable de que la vida es un tránsito leve. Y, muchas veces, un inapelable certificado del fracaso.

Para confirmar que todo es eterno le estaba faltando al cambalache nacional una contribución teórica por derecha. Y entonces llegó Abel Posse. Debido al aporte del intelectual, reciclado funcionario por obra y gracia de la posmodernidad gerencial que gobierna la ciudad, se ha logrado que el círculo finalmente cierre. Ahora podremos decir, con comodidad, que la Guerra Fría no ha terminado, que los fantasmas de antes gozan de buena salud.

Ya llegamos al pasado. A partir de este momento, nos dedicaremos al juego que más nos gusta y mejor jugamos: decodificar el lenguaje de nuestra eterna juventud. Con un poco de suerte, a partir de las funciones que tendrá Posse como ministro de Educación porteño, los veteranos de guerra podremos ser convocados para explicarles a las hordas de la “indisciplina juvenil” en qué consiste “la visión trosco-leninista” que demolió las “instituciones militares” durante nuestra apacible adolescencia. Será, sin duda, un recorrido reconfortante para las nuevas generaciones, esas que hoy divagan, sin rumbo, por el alienado mundo de la internet, y que nada saben de patrias, banderas y otras glorias.

Volverán los bellos días de la “sinarquía”, “el trapo rojo” y “el mejor enemigo es el enemigo muerto”. Entonces, también veremos renacer el “cinco por uno, no va a quedar ninguno”, el “paredón, paredón” y otras creativas fórmulas de la vida simple. Un paraíso ordenado, donde los unos y los otros se alinean prolijamente. Como sucedía en los buenos tiempos.image

La bravata de Posse ha recogido sólo dos tipos de adhesiones. Por un lado, la utilizada en su alegato final por el condenado Luciano Benjamín Menéndez, sentenciado a perpetuidad por aberrantes crímenes durante la represión ilegal. Por el otro, con pretendida sofisticación, la de aquellos que, esbozando la importante trayectoria intelectual del flamante ministro, lo hicieron en nombre de la “provocación”, supuesta cualidad de los rupturistas e innovadores. La primera fue descalifica por peso propio. La segunda es, como mínimo, una pobre justificación. ¿Qué aporte hizo el inefable Posse al debate de ideas? ¿Rescatar a las instituciones militares? ¿Cuáles? ¿Las del pasado reciente, las de la tercera guerra mundial? ¿Equiparar a la justicia con actos de venganza? ¿Descubrir una supuesta “persistencia gramsciana” del kirchnerismo? ¿Desempolvar la antigua amenaza de la revolución “socialguevarista”?

Posse como intelectual resultó, en esta oportunidad, sólo un provocador. A secas. Un detractor, apenas, rencoroso y poco original. Nada hay en su discurso de ruptura e innovación. La incontinencia verbal no es un mérito, generalmente es un síntoma.

No tenemos demasiados recursos para armar el futuro, sólo la experiencia y la creatividad nos aproximan a lo desconocido. Sin embargo, tanto los que proponen “archivar el pasado” sin más trámites como aquellos que sugieren volver a fórmulas “ya probadas”, ignorando nuevas realidades y viejos fracasos, se complementan en una perversa danza que atrapa y distrae. Son dos caras de una misma moneda. ¿No sería más creativo reconocer que estamos ante conflictos que no admiten soluciones simplistas? ¿Nada más hay para decir, a derecha e izquierda, que las mismas verdades reveladas de siempre? ¿Por qué el pasado es el único bien no renovable en la Argentina?

Tienen suerte los adversarios del macrismo. Si éste es el inicio de la batalla de ideas que desarrollará la derecha de ahora en más, sólo deben limitarse –como lo han hecho hasta el presente muchos de ellos– a desempolvar viejas consignas. Y echarse a dormir. No hay nada nuevo bajo el sol: la historia empieza a repetirse como farsa.

El tío Carlos tenía razón. Mal que le pese a Posse.

 

Por eso del fantasma del viejo pasado, “Volvió una noche” (Gardel – Lepera), por Hugo Díaz

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Written by Juan Echeverria