Generación de energía limpia por parte de los usuarios

La forma en que producimos y consumimos la energía no es sostenible. Por un lado, salve las fuentes de generación predominantes son los combus­tibles fósiles -principales contribuyentes al cambio climático-, además se trata de recursos escasos y no renovables que están distribuidos de manera desigual en el planeta, por lo que el ac­ceso a ellos se hace cada vez más crítico y costoso.

A su vez, el consumo no puede seguir creciendo de manera constante. El crecimiento de la demanda conduce a un mayor uso de tecnologías de altísimos costos económicos, viagra mayor presión sobre los recursos naturales y perturbación de ecosistemas.

El cambio de modelo energético debe pensarse en ambos extremos, en la generación como en el consumo, mayor participación de fuentes de energía renovables y mayor eficiencia energética en su uso final. Pero también debe cambiar el sistema eléctrico en su conjunto. No podemos pensar en continuar con grandes centros de generación de energía situados a gran distancia de los centros de consumo.

La “generación distribuida” permite un uso masivo de las renovables y mejora la eficiencia del sistema en general al reducir las pérdidas por transmisión. Permite que las renovables en pequeña escala generen energía allí donde se consume, allí donde están los usuarios.

Pequeñas fuentes de energía eléctrica distribuidas en la red de baja tensión, ya sea en el ámbito urbano como rural, permiten complementar a los grandes generadores bajando los niveles de demanda. De este modo se aprovechan tecnologías como la fotovoltaica en baja escala en sistemas que aprovechan techos, fachadas, aleros y demás espacios urbanos convirtiendo así a la ciudad en un gran generador.

La aplicación de las renovables de forma distribuida es un campo inmenso que aún no se ha explorado localmente. Permitirá desplegar el enorme potencial renovable existente en todo el país, particularmente en materia solar y eólica. Pero para hacerlo es necesario contar con la factibilidad regulatoria de incorporar la generación distribuida integrada a la red y la promoción de un sistema de tarifas que permita su promoción.

Brasil, Chile y Uruguay ya cuentan con normativa que permite las instalaciones domiciliarias con conexión a la red.Argentina es uno de los países más rezagados de la región en la materia. A pesar de ello, algunas pocas provincias han avanzado en sus propias regulaciones. Salta, Santa Fe y Mendoza cuentan con leyes que permiten la conexión bajo el sistema de tarifas de balance neto o net metering y en San Luis se está discutiendo un proyecto de ley de energías renovables que incluye esta posibilidad.

Si bien estas normativas locales significan un avance, el sistema de tarifas adoptado no es necesariamente el más apropiado, dado los precios subsidiados. El modelo más eficaz para una rápida implantación de estas tecnologías es un modelo en base a tarifas preferenciales para quienes inyecten energía limpia a la red, se suele denominar “feed in tariff”.

Se debe establecer un instrumento legal que garantice el acceso a la red y poder cobrar en base a tarifas fijas por cada kWh colocado en la red. Estos precios deben garantizar la amortización de los equipos en tiempos razonables. Este instrumento está pendiente en Argentina.

Debido a la falta de regulación y promoción de la generación distribuida los proyectos de solar fotovoltaica distribuida, la tecnología más difundida, son únicamente en carácter de pilotos o demostrativos. Debe quedar en claro que no existen inconvenientes técnicos ni se requieren modificaciones estructurales en las redes eléctricas para comenzar a integrar generación eléctrica distribuida desde los usuarios al sistema.

Teniendo en cuenta el contexto energético actual, la disponibilidad de recursos para el desarrollo de las fuentes renovables y la factibilidad técnica para el desarrollo de la generación distribuida, Argentina necesita avanzar en un marco regulatorio que permita a los usuarios volcar la energía generada de manera distribuida a la red.

La oportunidad de que los consumidores se vuelvan productores, provocará un cambio de paradigma en el sistema energético. Se modifican sustancialmente los actores intervinientes en el sistema energético, volviéndolo más colaborativo, distribuido, eficiente y limpio.

Fuente: Infobae