diciembre 11, 2010 Publicaciones 2 comentarios

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Atravesamos días donde no encuentro una dosis de cordura mínima suficiente. Lo que abunda es política barata, for sale rastrera y sin grandeza.

La negación a actuar por parte del Estado ha generado una situación de desolación y barbarie como pocas veces vi, no sólo por intensidad, sino por su extensión en el tiempo. Todos estamos asistiendo al espectáculo caníbal que desde el Indoamericano (vaya paradoja de nombre!) nos provee la TV.

Me es increíble los tweeters al rojo vivo de los funcionarios que aprovechan la “pantalla caliente”. No se puede creer lo que están haciendo.

¿Qué podrían hacer? Muy simple, primer paso, una de las funciones básicas por las que se creó el Estado, disponer de fuerzas policiales que imposibiliten la violencia entre los grupos enfrentados, no dejar que la situación avance, no dejar que haya más heridas que luego no se reparan fácilmente (no estoy hablando sólo de la de las balas). Dejar de caer al vacío como sociedad. Dejen de sacar cuentas y piensen un poco en la gente. Se que es una frase que puede sonar hueca, pero que se aplica literalmente

Luego habrá que ver qué sucedió. Cómo es que aparecen actores políticos identificables delante de la cámaras actuando como “vecinos”, los problemas estructurales, la falta de viviendas, el desempleo, la explotación, etc, etc.

Por favor, hay niños. Hay niños en el Indoamericano, en Villa Soldati, hay niños mirando por TV. Nos están mirando.

Cali
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Opinión

De espaldas a la ley

Por Santiago Kovadloff
Para LA NACION

Sábado 11 de diciembre de 2010

La Argentina despide el año trágicamente. La violencia social vuelve a sembrar muertos en el país. Tal es la evidencia. Pero la lectura de fondo que debe hacerse de ese hecho es que la Argentina despide el año -otro años más- de espaldas a la ley.

El Gobierno se empeña en homologar la aplicación de la ley a la represión. Con ello desbarata toda posibilidad de contribuir a dar forma a una comunidad organizada. Con ello, además, se convierte en promotor de la impunidad que debería combatir y de la anarquía social que debería impedir. Obra como un cómplice cuando debería hacerlo como un juez.

¿Qué teme el Gobierno? Mucho más los costos de la asunción de sus obligaciones que los amargos frutos de su escalofriante prescindencia. Esa y no otra es su conducta perversa. Quiere ganar, ganar siempre, al precio que sea, caiga quien caiga. Y esta verdad es la que buscan disimular sus aparentes cambios recientes. Los comportamientos últimos de la Presidenta, que parecían indicar que se distanciaba del estilo de su esposo, hoy vuelven a probar que ese estilo no murió con él.

Si el gobierno de la ciudad de Buenos Aires es impotente para proceder, el nacional es irresponsable, pues debiendo y pudiendo intervenir, no lo quiere hacer. ¿Cómo no sospechar que su propósito es terminar con Mauricio Macri y no con el delito?

Villa Soldati es el escenario que refleja la magnitud alcanzada por la ausencia de la ley, por su instrumentación perversa, por su manipulación. Tal vez los ánimos se apacigüen en un tiempo más. Pero el problema que los enardeció hasta caer en el salvajismo no estará resuelto mientras la simulación democrática en que vivimos no dé lugar a los mandatos de la democracia auténtica.

Written by Juan Echeverria