diciembre 3, 2016 Publicaciones No hay comentarios

Estas líneas las escribí durante el desarrollo de las discusiones en el Senado de la Nación en torno a los proyectos de ley de protección de los humedales. Hubo ya un dictamen que fue aprobado por el Senado hace pocas semanas pero que no modifica sustancialmente lo que había escrito  en su momento. Comparto esa reflexión.

En esta comedia de enredos en que se ha convertido desde su inicio la discusión en torno a una posible Ley de Protección de Humedales ha surgido, de manera recurrente, la cuestión de la «definición» de humedales. No quiere decir que éste sea el único tema en cuestión, pero sirve para mostrar la poca vocación de diálogo y de comprensión de lo que representa, o representaría, dicha norma.

De esa definición surge que muchas áreas del territorio nacional entrarían en la categoría de “humedales” y, por lo tanto, deberían ser debidamente inventariadas y evaluadas tanto por su valor en términos hídricos como por su valoración en términos de biodiversidad. Por supuesto, que dependiendo de las definiciones que se tomen, esas áreas pueden ser más o pueden ser menos en términos de superficie.

Hasta ahora conociamos una definición que permitía identificar que alrededor del 23% del territorio nacional caía en la categoría de algunas de las diferentes expresiones de los ambientes de humedales. Mientras no existió una voluntad seria de pensar una estrategia nacional de protección de estos ecosistemas, esa definición no llamó la atención de nadie. La misma tiene su origen en diversas fuentes científicas y de las áreas técnicas de la ex Secretaria de Ambiente de la Nación (hoy Ministerio).

En Argentina, cerca del 23% del territorio incluye humedales3, Dentro de éstos se destacan los sistemas fluviales asociados a la Cuenca del Paraná-Paraguay y en particular el Delta del Río Paraná, por su magnitud, su biodiversidad, y los bienes y servicios ecosistémicos que provee5,6,7.

En Argentina, cerca del 23% del territorio incluye humedales. Dentro de éstos se destacan los sistemas fluviales asociados a la Cuenca del Paraná-Paraguay y en particular el Delta del Río Paraná, por su magnitud, su biodiversidad, y los bienes y servicios ecosistémicos que provee. Mapa: Kandus P., P. Minotti and A. I. Malvárez. (2008). Distribution of wetlands in Argentina estimated from soil charts. Acta Scientiarum, 30 (4): 403-409. Brasil, ISSN 1415-6814.

Así, al calor de la evaluación de borradores y proyectos de ley, surgieron voces y alarmas desde distintos sectores de la producción, gobiernos provinciales, legisladores, etc. Todos ellos pusieron el grito en el cielo por dicha definición y por ende, en el mapa que lo reflejaba.

Lamentablemente no hubo voces con credibilidad y con honestidad intelectual que hayan ocupado un rol preponderante en esa discusión y que pudieran ordenar ese alocado debate. Lo que primó fue el fundamentalismo anti-ambiental, tímidas voces académicas, poca precisión conceptual y una débil presencia en el debate por parte del ambientalismo.

El resultado ha sido una discusión confusa en la que, me atrevo a decir, no ha quedado claro aún hoy, cuál es el sentido de dicha definición. Por ejemplo, el INTA propuso una definición más acotada que reduce notablemente el área que sería considerada humedales, pasando del 23% a un 12% del territorio nacional.

Así, fueron apareciendo ecuaciones semánticas para definir un humedal lo que condujo a una desgastante discusión originada en el terror, a mi juicio infundado, que se había instalado en el sector productivo. Entonces, un sector aterrorizado, no hace otra cosa que procurar dilatar, y en la medida de lo posible, hacer naufragar dicha discusión. Para que haya gente aterrorizada, algunos realizaron la acción de sembrar temores y malos entendidos. Obviamente.

En definitiva, y de manera sencilla, la definición en dicha ley es importante porque la misma obliga al Estado Nacional a realizar un inventario y a realizar una evaluación de cada zona de humedales en todo el país. Esto permite conocer parte de la riqueza natural del país y mejorar la comprensión del Estado sobre el funcionamiento de cada uno de estos ecosistemas. Este conocimiento es esencial a la hora de decidir no sólo políticas de conservación, sino también planificar actividades productivas, obras de infraestructura (caminos, puentes, etc.), urbanizaciones y hasta evaluación de riesgos para muchas localidades.

Como paso posterior, ese inventario permitirá que cada jurisdicción -en base a un conocimiento bien fundado y criterios técnicos similares para todo el territorio nacional- realice autónomamente su ordenamiento ambiental de los humedales. Así es, a grandes rasgos, el objetivo de todos los proyectos de ley.

Lo que la definición delimita es la tarea de generar conocimiento por parte del Estado Nacional. Conocimiento del que cada jurisdicción provincial podrá hacer uso. Una definición limitada es una decisión oscurantista. No tiene otro resultado que limitar el conocimiento.

En cuanto al ordenamiento, no sólo es bueno realizarlo porque da señales claras al sector productivo acerca de cómo deberá actuar en cada provincia sino que el ejercicio de realizarlo  permite alcanzar un consenso político y social sobre el uso de los recursos naturales en cada jurisdicción. La experiencia muestra que la conflictividad disminuye notablemente luego de un ejercicio de esas características. También deberá permitir identificar qué usos serán los más apropiados para cada área en función de su dinámica hídrica. Aún en aquellas áreas que hoy se encuentran bajo explotación agrícola, su identificación permite diseñar prácticas y obras acordes a dicha dinámica.

Doy un ejemplo de esta semana. Se publicó en diarios nacionales el inicio de las obras hídricas en el Salado en Provincia de Buenos Aires. Un área totalmente antropizada donde es claro que nadie pensaría en quitar esas tierras de la actividad productiva ni erradicar poblaciones, pero que su caracterización hídrica obliga de manera clara al Estado Provincial o Nacional a abandonar la costumbre de considerar las inundaciones que persistentemente ocurren en esa zona como contingencias fortuitas o azarosas. Y eso viene ocurriendo desde hace muchas décadas.2310065h765

Esta identificación de los humedales, en sus diversos tipos, magnitudes y características, mostrará la necesidad o no de realizar obras y, posiblemente, una adaptación de las actividades productivas para que los impactos de inundaciones sean atenuados.

La crónica sobre las obras en el Salado nos dice que su objetivo “es dotar de mayor capacidad al río para evitar desbordes e inundaciones en zonas aledañas y productivas”. También indica que “el manejo del agua en la cuenca del Salado es uno de los principales problemas que tiene la producción bonaerense. De hecho, el año pasado quedaron bajo el agua 800.000 hectáreas después de las lluvias que provocaron, entre otros registros, la inundación de la zona de Luján”. (1)

Otra nota referida a dichas obras nos dice: “Inundarse en esta región debería dejar de ser un fatalismo en el que no hay nada para hacer. En este sentido, mucho tienen para decir los técnicos holandeses que están colaborando con el gobierno y dispusieron su experiencia en el manejo del agua. Vale recordar que la mitad del territorio de Holanda estaría bajo el agua de no ser por el empecinamiento de este pueblo”.(2)

Un buen inventario, con el debido conocimiento de cada cuenca, con sus valles de inundación y sus áreas inundadas de forma permanente o sólo anegadas en ciertos períodos del año y en su más diversas dinámicas, nada tiene de peligroso. Al contrario, nos acerca a reconocer cualidades de estos ecosistemas valiosos, tanto para su protección como para proyectar una correcta intervención en dichas áreas. Todo esto, pensado de un modo regional y no resolviéndolo a escala de cada proyecto o intervención. El ordenamiento territorial de los humedales nos obliga a una mirada ecosistémica y a planificar el desarrollo conociendo la dinámica macro de cada cuenca hídrica.

Cali

(1) «Ponen en marcha obras en la cuenca del Salado por 1680 millones«, La Nacion (30/11/16)

(2) «Inundaciones que nunca dieron tregua a los productores«, La Nación (30/11/16)

Nota: Escribo estas observaciones siendo consciente que he decidido prescindir de participar activamente durante el debate en el Senado Nacional. No he querido interferir en el accionar de legisladores y miembros de mi mismo espacio, Cambiemos, reconociendo que tengo diferencias de opinión con algunos de ellos. He procurado ser respetuoso del trabajo de los Senadores. En cuanto a mis opiniones acerca de los atributos que una ley de estas características debe poseer los he planteado en numerosos artículos periodísticos -todos publicados en este mismo sitio-  y toda vez que se me ha consultado o el tema recibió algún tipo de tratamiento en la Cámara de Diputados. 

 

Written by Juan Carlos Villalonga