agosto 23, 2009 Publicaciones 1 comentario

K_15

Me es muy difícil decir algo luego de la cadena nacional de la semana pasada. “Sólo el grotesco salva esas frases de la herejía” dijo Susana Viau .

La “armadura” ideológica con que visten todos los días al gobierno un grupo de intelectuales, periodistas y operadores me hace acordar cada vez más al famoso cuento de Andersen “El nuevo traje del emperador”.

EMPERADOR1

Ya que estoy, Sinead O´Connor con “The emperor´s new clothes”

Gol en contra de la memoria

Ricardo Gil Lavedra
La Nación, Sábado 22 de agosto de 2009

En el acto destinado a anunciar un convenio estatal con la Asociación del Fútbol Argentino para la televisación de los partidos de fútbol, acerca de cuyo contenido nada se informó, la Presidenta de la República parangonó a los crímenes cometidos durante la última dictadura militar con el «secuestro de goles» que, según su criterio, habría realizado la empresa que antes se ocupaba de emitir los encuentros al restringirlos a quienes podían pagar un abono.

Cualquiera diría rápidamente que se trata de expresiones desafortunadas o desgraciadas, pues no es posible asimilar sucesos que no guardan relación alguna entre sí, pero si se repara con mayor detenimiento en los alcances de esas manifestaciones, se advertirá que poseen una notable gravedad, habida cuenta de la jerarquía institucional de quien las realiza.

En primer lugar, comparar un contrato comercial, moralmente neutro, con el sanguinario plan delictivo de lucha contra el terrorismo, minimiza la gravedad de este último, pues su importancia queda reducida al considerarlo semejante a una mera consecuencia contractual, aún cuando ésta resulte popularmente odiosa. Pero, además, resulta una grave afrenta hacia las víctimas y sus familiares que ven increíblemente parificados sus terribles padecimientos con la emisión o no de fútbol por televisión.

Seguramente la señora Presidenta no tuvo en cuenta los posibles efectos de sus palabras, fruto probablemente de una improvisación irreflexiva, pero este infeliz episodio se inscribe en una tendencia permanente del Gobierno respecto del modo de presentar sus políticas públicas. En vez de proporcionar razones para apoyar racionalmente sus decisiones y someterlas así a la deliberación pública, siempre se las justifica como un acto épico en una lucha contra las fuerzas del mal, el campo oligárquico de las 4 x 4, la derecha destituyente, los empresarios inescrupulosos, la prensa mendaz y malvada, las corporaciones reaccionarias, etc. En el caso, para sostener una cuestionable y hasta ahora imprecisa política, se recurrió a la torpe mención de los «secuestros» tratando de recrear en el imaginario colectivo algo repudiable para legitimar, cuando no, una acción «salvadora» del Gobierno.

El autor es constitucionalista y diputado nacional electo por el Acuerdo Cívico y Social

infofutbolinterior

La banalidad de una época

Lila Luchessi
La Nación, Sábado 22 de agosto de 2009

La cuestión es simple. La cultura es el espacio en que se producen las luchas sociales por la producción de sentido. Hacer sentido tiene el valor y la responsabilidad de instalar en la sociedad temas, categorías y elementos con los cuales se comprenden los sucesos que marcan el espíritu de una época. La nuestra -exaltada, indignada e irritable- tiene la particularidad de retomar discusiones que sólo en lo aparente parecían saldadas por la historia.

La brutalidad con la que resurgen -frivolizados, enervados y vaciados de contexto- algunos significantes que en otros momentos expresaron una altísima densidad manifiesta, al menos, dos asuntos insoslayables: por un lado, que las relaciones sociales y políticas son inarmónicas per se y, por otro, que el campo del discurso expresa -con mayor o menor virulencia- los climas que se generan a partir de las intervenciones públicas de la dirigencia en su conjunto y la capacidad manifiesta de convertirlas en cambios concretos.

Para ser optimistas, estos discursos descarnados ponen en blanco sobre negro quién es quién en el escenario social. Sin embargo, sin un paso hacia adelante, que se hunda con firmeza en las complejidades políticas y sociales, tanto los análisis comunicacionales cuanto las acciones que los fundamentan carecen de todo valor.

En este contexto, las declaraciones de la Presidenta sobre el manejo privado del fútbol -y su comparación con las acciones específicas de un gobierno dictatorial- abonan el terreno sobre las discusiones que cambian el eje de los problemas de fondo y sacralizan significaciones que tiempo atrás tuvieron otros sentidos.

Del mismo modo, sus contrincantes naturalizan -omitiendo que la democracia y la monarquía no son la misma cosa- discursos autoritarios acerca de un gobierno que irrita a ciertos sectores, pero que fue elegido por mayoría.

En ese juego binario, en el que se desplazan las zonas grises, la Presidenta corre el riesgo de dar una vuelta ascendente en esa suba de las apuestas. De este modo, la tribuna de adherentes festeja las intervenciones que profundizan los enfrentamientos, al tiempo que los detractores afinan sus miras para el disparo verbal de munición pesada.

* * *

En este punto, la pregunta puede personalizarse o convertirse en espejo: ¿qué hay en esa virulencia que nos vuelve tan virulentos? ¿Qué tiene esa actitud, analizada como intolerante, que nos vuelve tan intolerantes?

La reflexión obliga a pensar en las posibilidades e imposibilidades colectivas de construir otra cosa, para profundizar en el análisis y el desarrollo de políticas concretas y la potencial ruptura de este pobre espíritu de época que no logra salir de su propia banalidad.

La autora es licenciada en comunicación social y profesora investigadora de la UBA-UNRN

Written by Juan Echeverria