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En la anterior entrada señalé algunas de las razones por las que resulta altamente inconveniente la ratificación por el Congreso Nacional del “Memorándum de Entendimiento” firmado recientemente con Irán. Quiero recordar ahora la historia detrás de la acusación a Irán por el atentado a la AMIA. Historia que involucra delicados y temerarios negocios nucleares con ese país.

Cuando se establece la relación entre energía nuclear y problemas de seguridad, tadalafil no vinculada únicamente a accidentes radiológicos, los argentinos tenemos aquí un dramático ejemplo. La energía nuclear es una fuente de riesgos e inestabilidades políticas como pocas tecnologías.

Su tradicional vínculo de origen con la fabricación de armas nucleares se ha ido ramificando en situaciones intermedias, en donde ha pasado a ser clave la mera posesión de ciertas capacidades de manipulación de materiales radioactivos por parte de distintos actores, ya no sólo de los Estados. Es decir, la energía nuclear hoy es una fuente de inestabilidad y riesgo para la seguridad internacional mucho más diversificada y compleja que durante la clásica confrontación durante la guerra fría.

Esta semana Le Monde Diplomatique publica una nota acerca de las limitaciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) a la hora de controlar la proliferación de materiales sensibles y sus potenciales usos no pacíficos. Quiero rescatar una histórica cita que allí se hace de Joseph Rotblat:   

El concepto “Atomos para la paz”, que se convirtió en el slogan del Organismo, trata de enmascarar el horror de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, presuponiendo que el uso militar y civil de la energía atómica son dos cosas distintas. El único físico que se retiró del “proyecto Manhattan” (nombre del código del programa de investigación que desembocó en la primera bomba atómica) antes de la destrucción de Hiroshima en agosto de 1945, el profesor Joseph Rotblat, sin embargo, advirtió: “el vínculo intrínseco entre los aspectos pacífico y militar de la energía nuclear, el hecho de que es imposible producir electricidad a partir de un reactor que funciona a base de uranio sin, al mismo tiempo, producir plutonio, material de las armas nucleares, significa que a fin de cuentas, o bien la civilización será destruida, o bien la energía nuclear, basada en la fisión, tendrá que abandonarse”.    

Reproduzco a continuación un fragmento de una historia que reconstruí en el año 2001 acerca del rol jugado por INVAP en las últimas décadas. Pertenece al “Informe de Greenpeace sobre INVAP. Una historia que la industria nuclear quiere ocultar”. Para entender de dónde viene la acusación a funcionarios iraníes en relación a la AMIA.

 

Irán: otro escándalo internacional.

A comienzos de 1990, el secretario para Asuntos Especiales de la Cancillería, Alfredo Karim Yoma, inició conversaciones con el titular del gobierno iraní, Hashemi Rafsanjani, para arribar a un acuerdo de transferencia nuclear hacia ese país. El acuerdo incluía proyectos nucleares por un total de 300 millones de dólares -50 millones por año- más la provisión de dos reactores para la central de Busheir y el suministro de plantas de irradiación de alimentos totalizando 500 millones de dólares.(61)

El acuerdo despertaba enormes sospechas a nivel internacional e incluso dentro del gobierno
argentino. El entonces canciller Domingo Cavallo y el director de Seguridad Internacional y Asuntos Nucleares del palacio San Martín hicieron duras críticas a las gestiones de Yoma. Finalmente, en Julio de 1990 se produce la renuncia de Karim Yoma y los acuerdos con Irán quedan suspendidos, especialmente al participar Argentina en septiembre de ese año en el bloqueo marítimo en el Golfo Pérsico.

En realidad, los negocios con Irán habían comenzado unos años antes. Durante 1987 la cancillería informó que se había firmado un convenio para que INVAP realizara modificaciones en un reactor experimental en Irán. Tal acuerdo incluía la exportación de uranio enriquecido a ese país.(62) Esta información se hizo pública como resultado de denuncias realizadas desde el exterior, especialmente desde los Estados Unidos, que por ese entonces propiciaba un embargo para evitar que Irán obtuviera tecnología nuclear. Se pudo saber entonces que la Argentina, a través de INVAP, se disponía a vender, entre otras cosas, uranio enriquecido a Irán.(63)

Según un informe realizado en 1992 por Robert Gates, director de la CIA durante la administración Bush, la Argentina, junto con Brasil y Paquistán eran los principales países que suministraban tecnología para el enriquecimiento de uranio a Irán. Esta cooperación venía siendo seguida de cerca por los observadores estadounidenses e israelíes.

Pasado el conflicto bélico con Irak (1988), Irán vuelve a la carga para reactivar los acuerdos con Argentina. Es entonces cuando las presiones norteamericanas se multiplican para evitar nuevos envíos nucleares hacia ese país. Fruto de estas presiones se detuvo en enero de 1992 en el puerto de Campana (Buenos Aires) el primer embarque de máquinas, herramientas y tuberías «de uso dual» -es decir que pueden ser utilizadas para usos pacíficos o militares- destinado a una planta piloto para la purificación de uranio y fabricación de combustibles.(64)

Las protestas iraníes y la tensión diplomática generada por el incumplimiento de los contratos con INVAP se agravaron luego de producido el atentado a la embajada de Israel en Buenos Aires dadas las acusaciones que del lado argentino señalaban a Irán como promotor de tales actividades terroristas. Esta situación requirió de reuniones diplomáticas entre argentinos e iraníes en Francia para intentar alcanzar nuevos acuerdos. Se apostó entonces a realizar todo nuevo acuerdo nuclear bajo la aprobación de la Agencia Internacional de Energía Atómica.(65)

Hay que recordar que Argentina no era aún miembro del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), acuerdo al que se resistía firmar desde su creación en 1970 y al que recién se sumó en 1995. Durante marzo de 1995 la cancillería argentina tuvo que salir a desmentir la existencia de acuerdos nucleares con Irán denunciados por fuentes israelíes. La cancillería enfatizó entonces que desde 1992 no había acuerdos con Irán, si bien se reconocía la participación de INVAP en el rediseño de un rector experimental de la Universidad de Teherán.(66)

En 1995, un informe de Kenneth Timmerman, Director de Middle East Data Project, dice que en 1989, INVAP firmó un contrato por 18 millones de dólares con Irán para construir instalaciones sin salvaguardias para procesar uranio. El objetivo era procesar combustible para un reactor que Irán había adquirido ese mismo año a China y que luego sería reprocesado para obtener plutonio.(67)

La suspensión abrupta de los contratos nucleares con Irán ha sido relacionada con los actos terroristas ocurridos posteriormente en la Argentina (68). Un testigo de identidad reservada en el caso AMIA ha dicho que los atentados a la Embajada de Israel (1992) y de la AMIA (1994) fueron promovidos y organizados por los servicios secretos iraníes, en represalia por el incumplimiento argentino de contratos de transferencia de tecnología nuclear (69). Según la revista Nueva, «hacia 1991, presumiblemente por presión de otros países, la Argentina desistió de las operaciones, algo que sin duda debe de haber disgustado al país comprador».(70)

«Se trataría de una respuesta monstruosa» respondió el vocero de INVAP, Tomás Buch. Lo cierto es que la cancelación del negocio con Irán tuvo diversas consecuencias. INVAP debió revisar varios de sus negocios en marcha, ya que la mayoría de los países con los que tenía relaciones comerciales eran árabes. Es así que un contrato con Siria debió ser cancelado posteriormente.

Como uno de los coletazos del escándalo con Irán, el Presidente Menem decidió crear la «Comisión Nacional para el Control de las Exportaciones Sensitivas y de Material Bélico» con el objetivo de monitorear todas las operaciones de venta de insumos y equipos militares o tecnologías de uso estratégico. INVAP ajustó entonces sus posteriores contratos a este nuevo régimen de fiscalización. Sin embargo, el mismo no dio pruebas de eficacia, ya que pocos meses más tarde se producen las ventas ilegales de armas a Ecuador y Croacia.(71)

Otra de las consecuencias de esta operación de INVAP fue el reclamo económico que esta empresa le hizo al estado argentino por haberle hecho perder los 18 millones de dólares de los iraníes. Un informe de la entidad decía: «Ante la decisión del Poder Ejecutivo de cancelar/suspender los contratos con Irán, INVAP ve repentinamente amenazada su existencia».(72)

Así es que el Gerente General de INVAP, Héctor Otheguy, encabezó entonces una fuerte operación de lobby sobre diputados y Gobierno Nacional en la búsqueda de un «resarcimiento» económico para INVAP. Esa gestión tuvo éxito y el Parlamento, vía el Presupuesto Nacional, condonó a INVAP deudas impositivas para recuperar los 18 millones de dólares que había perdido por su fracasada venta a Irán.(73) Más tarde se sabrá que la Argentina también debió negociar una indemnización a Irán. La negociación se realizó en Viena, a instancias de la AIEA, con el gobierno iraní e INVAP.(74) Irán habría amenazado con un juicio por daños y perjuicios por 34 millones de dólares. Según algunas fuentes el gobierno nacional habría pagado unos 5 millones de dólares.(75) Esta es una nueva ocasión en que los argentinos terminan pagando las riesgosas aventuras de INVAP.

 

61. «Convenio nuclear con Irán». Ambito Financiero, 19/5/1987.

62. «Auxilio nuclear a Irán». Editorial de La Capital (Rosario), 26/5/1997.

63. «Los versos satánicos», Walter Goobar, Página/12, 4/9/1994.

64. La detención de este cargamento constituye una de las situaciones más escandalosas en las que se vio involucrado INVAP. El cargamento estaba cargado en el Fathulkhair, un barco de carga iraní

65. «Los versos satánicos», Walter Goobar, Página/12, 4/9/1994.

66. «La cancillería negó que exista un acuerdo nuclear con Irán». Clarín, 3/3/1995.

67. «Iran’s Nuclear Program: Myth And Reality», Kenneth R.Timmerman, Middle East Data Project, Inc. 1995

68. En marzo de 1992 un atentado terrorista hizo explotar un artefacto en la Embajada de Israel en Buenos Aires. Murieron 24 personas y 150 fueron heridas. En julio de 1994 una explosión, presumiblemente proveniente de una camioneta con explosivos, derrumbó el edificio de la Asociación Mutual Israelita (AMIA), en Buenos Aires. El saldo fueron 89 personas muertas, 12 desaparecidos y 206 heridos.

69. «La cancelación de un embarque nuclear a Irán, móvil del ataque», La Nación, 16/5/1998.

70. «Irán-Argentina: El conflicto que supimos conseguir», revista Nueva, 18/6/1998.

71. «INVAP rechazó una hipótesis de la represalia iraní», diario Río Negro, 19/5/1998.

72. «INVAP perdió plata y dice que el Gobierno la tiene». Diario Página/12, 12/3/1992.

73. «INVAP rechazó una hipótesis de la represalia iraní», diario Río Negro, 19/5/1998.

74. «Argentina indemnizará a Irán», diario La Reforma, Gral. Pico, La Pampa, 5/6/1996.

75. «Ventas de armas. Hombres de Menem», Daniel Santoro, Editorial Planeta, 1998, 2001. ISBN 950-49-0797-0.

Written by Juan Echeverria