septiembre 4, 2015 Microblogging 1 comentario

Con frecuencia me reclaman que sostenga mis convicciones y sea radical en mi acción y planteamientos. Comprendo a quienes me exigen una actitud contestataria y rebelde frente a la realidad y las actuales instituciones. Sobre esto, treatment algunas consideraciones que me parecen pertinentes.

El mundo va por mal camino, nada nos indica lo contrario. No hay variable que se pueda tomar como referencia que no abone tal diagnóstico. Desde esa perspectiva, es bastante obvio que los cambios necesarios deberán ser radicales, en tanto que modifiquen la raíz de algunos pilares del desarrollo tal cual han sido concebidos hasta hoy. A esto hay que sumarle que el tiempo por delante es escaso y que nuestras oportunidades se agotan y las opciones se van estrechando.

El dilema aparece cuando uno debe, cialis o quiere, adoptar una práctica social o política a través de la cual se pueda sentir que se está promoviendo los valores y las visiones de ese cambio. Dilema que cada uno lo resuelve acorde a su particular contexto, su propia valentía y acorde a la estrategia que le sea más convincente.

Por mucho tiempo he participado muy activamente del movimiento ecologista a través de las llamadas organizaciones no gubernamentales. Esta fue una opción que tomé en 1983 cuando decidí que ese era el campo de acción más apropiado ante la apertura política post-dictadura. Previamente había actuado en actividades culturales “alternativas” bajo el régimen militar. Fueron dos contextos diferentes, look dos actividades diferentes. Ambas válidas y de las que me siento muy satisfecho de haberlo realizado.

A partir de cierto momento, junto a mucha otra gente, percibí que el ambientalismo tal como había madurado tenía frente así un contexto que había cambiado. De allí el paso hacia la política verde, es decir, intentar trasladar los valores y visiones del ecologismo al duro contexto institucional del sistema político. Esta decisión no implica que considere no válidas otras opciones de activismo. Sólo implica que es una decisión que no puede ser evaluada fuera de contexto y de la coyuntura histórica.

Actuar en el sistema político institucional exige un constante ejercicio de construcción propia, de evaluación y exploración de alternativas de asociación con otros. No hay libreto previo. Quienes lo tienen y no lo sueltan caen en el dogmatismo, el sectarismo y su voz se apaga tarde o temprano. Hacer política exige otro tipo de acción y de riesgos. Hacer política es asumir riesgos. Grandes riesgos. Pero la incidencia puede ser enorme también.

Hay quienes permanecen en la construcción de espacios alternativos, de exploración de modos de vida “fuera del sistema” y en diversos proyectos de innovación cultural y del desarrollo humano y espiritual. Es valioso y nos es fuente de inspiración para muchos. Personalmente, he explorado ese mundo hace años y no me resultó atractivo y no me sentí muy “productivo”. De allí que me dediqué al activismo verde para desafiar al sistema política y productivo.

Hoy creo que lo que podía dar y contribuir en ese ámbito lo he dado, del mejor modo que pude y me fue saliendo. Hoy quiero aportar lo que he aprendido en otro espacio y ejercer, en la medida de mis posibilidades, un accionar mucho más modesto en el protagonismo personal, y colaborando en la maduración de la visión verde en el mundo de la política institucional. Lo hago en aquellos sitios donde la apertura para poder hacerlo lo permite. La práctica es muy diferente a la que desarrollaba en las ONG o a la que tenía cuando distribuía revistas de poesía a la salida de los recitales de rock.

¿Una cosa en mejor que la otra? Quien lo hace o quien lo ha hecho, sabe que no. Sabe que cultivar la sensibilidad y el desarrollo personal frente a la anestesia cultural o demandar frontalmente a los poderosos y oponerse a sus proyectos destructivos no es incompatible con quienes también se juegan el pellejo haciendo política para mejorar la vida social, aunque sea, milímetro a milímetro.

Quienes practican alguna de tales actividades con seriedad y honestidad, llegan a conocer el potencial y las limitaciones de cada una de ellas, hasta dónde se puede y hasta dónde no en cada caso. Y cuando eso se conoce, entonces los juicios y opiniones sobre los demás tienen una cuota de humildad y de mayor comprensión por el trabajo ajeno.

 

…no es igual juzgar de afuera cuando se opina, paisano…
de afuera todo es pan dulce de adentro es galleta dura…

“Allí donde alcé mi rabia”, José Larralde

 

 

Written by Juan Carlos Villalonga