Juan Carlos Villalonga, rosarino,  fue desde 1984 un activista del movimiento ambientalista argentino y autor de numerosos artículos en diarios y revistas. Durante 16 años fue director en Greenpeace Argentina. En 2011 cofundó el movimiento ecologista político Los Verdes. Primero funcionario en el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y desde diciembre de 2015 diputado nacional por Cambiemos.

– Un verde dentro del Pro. ¿Cómo es eso?

– Me nutro de la visión de donde he venido. Tengo una coincidencia en este proceso político con el Pro, es el espacio que podía liderar lo que después fue Cambiemos, un espacio fuertemente republicano, de valoración de las instituciones, de la democracia, que era algo imprescindible para la Argentina en esta coyuntura. Tiene un concepto moderno de democracia y de política. En esa concepción moderna, los temas ambientales tienen una cierta permeabilidad. Pero en cualquier espacio político, más cuando se ejerce el gobierno, todo hay que mirarlo en un balance de más y menos.

– ¿Admite que el tema ambiental no es el prioritario?

– Está claro que no y no lo podría. Podríamos discutir si debe estar un poco más arriba, pero no lo podría estar porque hoy la Argentina tiene que salir de un quebranto económico que nos llevaba al abismo y salir de una manera, más o menos virtuosa, con este gradualismo. Se debe atender una situación de 30% de pobres que no es la misma pobreza que conocíamos cuando éramos chicos. Esta pobreza es marginación, es una bomba de tiempo. Esto hace que uno tenga como concepto la sostenibilidad. La institucionalidad y cierto ordenamiento que nos permita empezar a emprolijar todo esto es esencial. A partir de esto se puede volcar de nuevo sobre la mesa la agenda de sostenibilidad más concretamente. En el contexto anterior, estos temas eran abstractos. Energía renovable no tenía ningún tipo de predicamento ni chances de ser desplegado, la política iba por otro lado. Hablar de eficiencia energética era abstracto. Cambiemos es una excelente respuesta a la coyuntura argentina, es el carrier de ideas innovadoras muy necesarias para Argentina. Este desarrollismo que tiene que desplegar este gobierno, cualquier gobierno con un mínimo de decencia tenía que hacerlo. Tenemos que tener un plan gigantesca de rutas, no podemos seguir matándonos en las rutas, pero pasamos décadas sin hacer nada. Argentina tiene que atender este enorme atraso en infraestructura, pobreza endémica enorme y la agenda de sostenibilidad. Esto exige equilibro y tolerancia grande.

– Cuando se habla de lluvia de inversiones, lo principal son para Vaca Muerta y mineras

– Sí. La sostenibilidad exige tomar decisiones. Argentina está en situación complicada donde la política tiende a aceptar lo que venga de inversiones y es difícil que pueda ponerse en una posición de altas exigencias en la materia. Eso tendrá que venir luego, hoy tenemos una absoluta necesidad de generar empleo porque si no, no es viable el país. Lo verde como política no significa ver únicamente los temas que entran en categoría ambiental, sino también desde lo social, económico, derechos humanos y en ese combo hay que saber en qué coyuntura estás parado. Cambiemos es quien mejor equilibra eso.

– Viniste a exponer sobre la ley 27.424. ¿Qué es?

– Es algo totalmente nuevo en la Argentina que es el derecho que todo consumidor de energía a poder generarla a partir de fuentes renovables, autoconsumir y entregar los excedentes. Esto es parte de la modernidad de la cual Argentina está 20 años atrasada del mundo. Esta ley es totalmente disruptiva. Hoy sos usuario y tu vínculo con EPE es de usuario; consumís, te cobra y listo. Con la ley esto cambia porque podes ser autoconsumidor generador, podes vender. Tu vínculo con la distribuidora se modifica. El desafío es regulatorio, cómo hacemos para que el servicio de la distribución de energía siga existiendo, sea de calidad, se modernice y no dependa únicamente de cuánta energía te vendió. Esto requiere un reformateo y una revisión de todo esto como por ejemplo, cómo te cobran el servicio. Vos vas a necesitar que el servicio de distribución sea bueno pero de repente consumiste cero. La ley requiere un proceso de revisión y de actualización y de cómo se presta el servicio de la distribución de la energía eléctrica. Se vienen las baterías, podremos almacenar energía en casa; el auto eléctrico. Todo esto hace que este domicilio en pocos años tenga una complejidad diferente: almacena energía, entrega, redes inteligentes para consumir con precios diferentes, programar servicios internos. Esto es disruptivo y mi prédica no solo que las provincias adhieran a la ley y se inserten, sino que las distribuidoras provinciales tienen que ir encontrando ese modo.

– Santa Fe tiene el programa Prosumidores

– Es un buen paso en la dirección correcta, muestra la amplitud del tema y que no venimos a Santa Fe a hablar de platos voladores. El programa está pensado para pequeños usuarios y lo que se visualiza que el sector que más se va a mover es el de medianos y altos consumos, por eso pymes, sector rural, van a ir rápidamente a esto porque les va a permitir bajar los costos energéticos.

– ¿Y lo harán con renovables?

– Básicamente solar. En el sector rural algo de eólica, biomasa, pero básicamente solar. El sector de la producción vamos a tener el mayor aporte a la ley. Las energías renovables son aliadas para bajar costos energéticos y de producción.

– ¿Esto es una respuesta virtuosa al debate hoy sobre tarifas?

– Las renovables son fuentes de energía disruptivas. Vamos a una matriz energética donde deben tener más y más preponderancia, para eso se necesita que haya un mercado mayorista y usuarios. Se necesitará un suplemento de fuentes convencionales que irá a la baja y necesitará capacidad de respuestas flexibles. Cuando las renovables tengan poca producción, acompañar, y cuando las renovables tengan mucha producción, retirarse. Eso se llama flexibilidad. Un ejemplo es Uruguay que apaga las térmicas durante horas. Esa flexibilidad de las convencionales lleva a dos fuentes: hidroelectricidad y el gas. El mercado dejará de lado carbón y nuclear, que son más estáticas.

El parque convencional actual va camino, en algunas décadas, a ser de reserva. Ya la inversión se deberá pagar de una manera distinta. Son los desafíos que se vienen.

– ¿Desafíos que tienen otros países?

– Exacto, esto no es futuro lejano, esto es mañana. La Argentina tiene que avanzar no solo en la integración del país sino también regional. Habrá que ir a buscar el viento y el sol y la configuración de las redes eléctricas tendrá que anillarse mucho más y venir más del NOA, Patagonia. Las cuencas serán eólicas, solares. Se diversifica y con integración más profunda con países de la región por dos razones: en términos de gas a corto plazo va a tener más y sobrará en verano y deberemos exportarlo e importarlo cuando alga falta, especialmente en invierno; y eléctrica porque la matriz eléctrica va a electrificarse, autos, consumos, debemos tener una red eléctrica más integrada con chile, Brasil, Uruguay y Paraguay.

Represas y centrales nucleares

– En este marco, ¿son necesarias las represas en Santa Cruz y las nuevas nucleares?

– Esto es parte del dilema energético. Arrancamos 20 años tarde con las renovables, si no hubiésemos dejado el incipiente camino que iniciamos en los 90, hoy tendríamos alta producción de renovables y nos hubiera permitido obviar algunas opciones. Hoy estamos arrancando y es imposible ir más rápido en renovables. En 2016 se contrataron 2.600 megas, el año pasado 2.000, este año mil megas más. Ningún país va más rápido. Empezamos tarde y tenemos un déficit de generación energética que no la pueden cubrir solamente las renovables. ¿Con qué suplís ese faltante?. Mi plan es gas y hidroelectricidad y esto último sabemos que no es inocuo. Las represas eran casi inevitables ya que el gas demora estar disponible. No me parece adecuado avanzar con las nucleares y en esto entra la cuestión de la dureza que tienen los acuerdos con China.

– No hay contradicción entre lo que dijiste y lo que hace el gobierno

– No pienso diferente, no se ha cumpliendo lo que yo proponía en 1998 que era un plan de 3000 megas eólicos en diez años. Nos hubiera permitido evitar varias cosas como las nucleares. No se hizo. No coincido plenamente con el plan energético actual, tengo discrepancias pero es un plan energético coherente, es el mejor plan energético en materia de renovables, es un plan que en materia fósil tiene grandes atributos, está quitando subsidios al sector petrolero como nunca antes, se incorporó el impuesto al dióxido de carbono, son todos elementos altamente impositivos, y me genera mucha duda el programa de continuidad de Río Turbio que tendría más que ver con una cuestión de contención social que energética y las dudas nucleares. Pero uno tiene que saber que cuando es parte de un gobierno no puede pretender que todos opinen como uno. Esta es la diferencia que uno debe aceptar estando dentro de una estructura política y estando dentro de una ONG. En una ONG uno está para desafiar al Estado, para confrontar en el buen sentido.

Cuando uno está adentro, uno tiene que tener con esa opinión que dar respuestas y esto significa que no siempre logras la respuesta deseada pero hay que saber negociar cuando se tienen una opinión minoritaria dentro de un espacio político. Sería un signo de inmadurez no reconocerlo.

 

El Litoral, 6 de mayo de 2018

Written by Eugenia Testa