Retomo lo que expresé en unos “tuits” de la semana pasada.

El kirchnerismo dejó una serie de bombas activadas y listas para que detonen en las manos del gobierno que viniera post-Cristina. Se trata de bombas de relojería compuestas por  conflictos no resueltos -imposibles de seguir postergándolos- o situaciones insostenibles que impiden una adminitstración medianamente seria del Estado sin tener que revertirlas adoptando medidas “impopulares”.

El populismo, clinic entre otras cosas, se caracteriza por dejar este tipo de “herencias”. La “fiesta” la deben pagar otros.

Entre las muchas “bombas de tiempo” que dejó la era K está la superpoblación de medios adictos al Estado. Un invento delirante e insostenible de generar imnumerables e ignotos espacios mediáticos destinados a la propaganda y la infomación oficialista: radios, revistas, diarios, canales de TV, portales de noticias, blogs, periodistas y medios audiovisuales de todo calibre.

Un gigantesco dispositivo comunicacional, ineficiente por su escasa audiencia y extremadamente costoso para el Estado por sus abultados contratos y pautas publicitarias. Obviamente que todo eso “estallaría” en cuanto hubiese una mínima racionalidad en el gasto y en cuanto hubiese una política comunicacional estatal más abierta y democrática.

Era inevitable el “estallido” y caída de estos medios dado lo insostenible de un sistema de comunicación creado para mera propaganda gubernamental.

A la caída en desgracia de estos medios y periodistas “gubernamentales”, por sus propias debilidades y baja calidad, se la quiere mostrar ahora como “censura”. Tontería y fantasía K.

Los argentinos votaron dejar de tener un Estado con aspiraciones hegemónicas. El Estado Nacional replicaba, vergonzosamente, lo que sucede con los medios de comunicación en las provincias feudales.

No es censura. No es dictadura.

No se puede disfrazar de otra cosa lo que es simplemente ineptitud empresaria o periodística. No puede defenderse semejante mamarracho de acomodos y emprendimientos parásitos que robaban del presupuesto lo que debía ser destinado a tener un Estado al servicio de la gente.

Written by Juan Carlos Villalonga