La generación distribuida renovable debe ser parte de la agenda energética

Por: Juan Carlos Villalonga para Gaceta Mercantil


No es novedad que Argentina aún tiene una cuenta pendiente con el desarrollo de las energías renovables. El retraso de la promoción de las fuentes limpias es más que llamativo, capsule no sólo por la excelente disponibilidad de recursos renovables con la que cuenta el país –radiación solar y vientos, por ejemplo–, sino también por el avance que han experimentado varios vecinos de la región como Uruguay, Chile, Brasil y naciones centroamericanas.

El retraso local de las renovables no solo es en relación al desarrollo a gran escala, también nos encontramos en pañales con respecto a la promoción de la generación distribuida (microgeneración conectada a la red), medicine también necesaria para desplegar el potencial existente en todo el país.

La incorporación de esta posibilidad abriría un camino para la descentralización del sistema eléctrico en un país con una estructura de toma de decisiones y abastecimiento altamente concentrados y centralizados, lo que genera hoy una traba a la incorporación de nuevas fuentes y tecnologías; y de nuevos actores.

La desactualización de la mentalidad energética local se refleja en la normativa vigente. Un buen ejemplo de ello es el debate al que está siendo sometida la modificación de la Ley 26.190 de Régimen de Fomento Nacional en el Congreso Nacional (2004) con todas sus idas y vueltas. Si bien el proyecto, que ya cuenta con media sanción del Senado, establece una mejora significativa de oportunidades para las renovables, atrasa, siendo generosos, por lo menos una década.

Durante 2013 y 2014, organizaciones de la sociedad civil intentaron incorporar la microgeneración distribuida en esta reforma, que será el marco normativo de las renovables durante los próximos años, pero la propuesta no prosperó. Sin éxito, el proyecto de modificación obtuvo media sanción del en 2014 y se apresta a ser aprobada por la Cámara Baja sin incorporar esta posibilidad.

Hoy no existen inconvenientes técnicos, ni se requieren modificaciones estructurales en las redes eléctricas para comenzar a integrar generación distribuida desde los usuarios. Hace más de 20 años existen en el país experiencias puntuales de instalaciones fotovoltaicas integradas a la red, pero al no estar contempladas dentro del marco regulatorio actual ni, muchos menos, cuentan con un régimen de promoción, no se ha pasado de la etapa demostrativa.

Para poder contar con este potencial de energía distribuida debe disponerse de una normativa técnica que sea adoptada por los organismos que regulan el servicio eléctrico en las diferentes jurisdicciones del país, de modo tal que las potencias y parámetros técnicos que deben cumplir los equipos a integrarse a la red sean similares en todo el territorio nacional.

Por otro lado, si bien a nivel mundial el precio promedio de los módulos fotovoltaicos –la tecnología más difundida para la microgeneración– se encuentra en descenso desde 2008, en la Argentina, el componente impositivo sobre las importaciones (sumada a la dificultad administrativa de su autorización) y las bajas economías de escala, producto de los pequeños volúmenes de ventas de estos equipos, hacen que los precios locales sean mucho mayores que los internacionales.

Como sucede con las renovables a gran escala, nuestros vecinos Uruguay, Chile y Brasil ya cuentan con legislación que permite inyectar energía generada por los usuarios/generadores a la red. Incluso algunas provincias argentinas han avanzado en esta dirección, Santa Fe, Salta y Mendoza, y están demostrando que no se trata de ciencia ficción.

El concepto de generación distribuida ha cambiado considerablemente las nuevas concepciones de transmisión y distribución de electricidad al acercar las plantas de generación al consumidor final, reduciendo la infraestructura en transporte necesaria para su entrega, además de disminuir las perdidas en las redes.

Esta posibilidad que consiste en pequeñas fuentes de generación eléctrica distribuidas por la ciudad, ya sea en edificios, casas, escuelas u otro tipo de lugares públicos, generalmente conforma un sistema de cooperación con las grandes centrales en un modelo descentralizado, lo que hace que una ciudad sea más autosuficiente y no dependa tanto de las grandes usinas para su abastecimiento.

Hoy en día, la opción por el desarrollo de las renovables no está basada en costos o tecnología disponible, sino que es ideológica. Insistir en más centrales nucleares, mega represas y combustibles fósiles no convencionales es profundizar en un sistema energético verticalista, centralizado, obsoleto y contaminante. Por el contrario, avanzar en el desarrollo de la microgeneración distribuida en un sistema descentralizado nos conduce a un sistema energético con menos derroche, basado en la producción social de la energía, horizontal y más democrático. Debemos avanzar tras ello.

Fuente: Gaceta Mercantil