La muerte de la Alta Fidelidad

Hace unos días hice mención a la situación paradójica de que la tecnología hoy nos permitiría escuchar música en niveles de calidad y fidelidad como nunca antes, pilule pero sin embargo, las tendencias impuestas llevan a escuchar cada vez peor. Pero eso no sólo degrada la calidad con que muchos escuchan música, sino que además arrastra a que las producciones musicales vayan cada vez dirigiéndose a “esa” forma de escuchar.

El comentario lo hice advirtiendo que si ponía un video de “youtube” era sólo a los efectos de ver y escuchar una aproximación a “algo”, pero que ese algo no es lo que se ve y se escucha, patient es una simple “aproximación”, sólo eso.

En el último número de la revista “Rolling Stone” (versión argentina, enero 2008) se publica un artículo titulado “La muerte de la Alta Fidelidad. Volumen, compresión y MP3 contra la profundidad y la emoción musical. ¿Por qué en la era de los mayores avances tecnológicos la calidad sonora empeoró como nunca?”.

Es altamente recomendable la lectura del mismo, recipe pero para sintetizar lo que sucede es que la popularización del MP3, un formato que logra almacenar información musical en mucho menos espacio, alcanza ese objetivo sacrificando una gran cantidad de “información” musical del archivo original, por ejemplo los registros más graves y los más agudos, generando una reproducción más chata y latosa. Según uno de los técnicos citados en la nota “uno ya no percibe el impacto de la música; se desvanece el impacto del bombo de la batería, o el dinamismo del parlante cuando un guitarrista toca un acorde poderoso”.

Para minimizar la pérdida de calidad deberíamos utilizar archivos MP3 generados por encima de los 224 kbps. Según Levitin, profesor de música y neurociencia de la Universidad McGill, “de todos modos, es como ir a ver la Mona Lisa al Louvre y encontrarse con una reproducción de 10 megapixeles. Yo siempre quise escuchar música del modo en que los artistas la imaginaron. No se me ocurriría mirar una pintura de Kadisnsky con gafas de sol”.

El CD amplía las posibilidades sonoras del vinilo, y los avances tales como el DVD-Audio y los SACD que resultaron en un fracaso a cambio del gusto por los Home Theaters de menor calidad es una muestra del cambio de valores en los consumidores. Según uno de los expertos consultados “la era del audiófilo está acabada”.

Esto explica en parte el fenómeno, en lugar de optar por la mejor calidad o la alta fidelidad, hay un movimiento masivo hacia la oferta de menor calidad sonora, y esto no es una cuestión de precios.

El fenómeno se complementa con la reacción de las compañías discográficas ante este fenómeno. Ya no buscan que sus discos suenen bien, lo que les interesa es que capten la atención de un público disperso, escuchando música en ambientes ruidosos, en parlantes de computadoras mientras se navega en Internet o con auriculares de mala calidad. Entonces lo que se hace es evitar las grabaciones con amplio rango dinámico, es decir aquellas en donde existen pasajes o instrumentos que suenan a bajo volumen, mientras existen otros pasajes o instrumentos a alto volumen. Al evitarse esto, se empuja todo el registro hacia arriba, tratando que siempre suene alto y por lo tanto sin matices y una bola insoportable de sonido que cansa rápidamente. Así la solución es el MP3 que permite cambiar rápidamente a otro tema o mejor aún, ponerlo en reproducción aleatoria, e ir saltando de tema en tema para tener un poco de variedad sonora que el cerebro necesita.

Existe una enorme preocupación entre los ingenieros de sonido porque saben que están matando la alta fidelidad y que incluso se está remasterizando viejas grabaciones con este criterio de quitarles rango dinámico cometiendo un crimen para la obra del artista.

Así las cosas, cuando la tecnología podría darnos buena calidad como nunca y a precios más accesibles, terminamos consumiendo discos que suenan tal como los comprimen en la radio para que se escuchen sólo los rangos medios y toda sutileza es borrada.

Bob Dylan dijo que los discos nuevos “están saturados de sonido, Nada tiene definición, ni las voces, nada; es sólo estática”.

En la nota citada se destacan tres discos que mantiene un nivel bueno de grabación y mezclado:

Modern Times, Bob Dylan

Not Too Late, NorahJones

Raising Sad, Robert Plant y Alison Kraus

“Tres discos notables por la profundidad de su rango dinámico. Suenan bastante fuerte pero con sutileza”.

Consejo: si graban o bajan MP3, por favor, busquen que sean archivos con más bits, por encima de 192 kbps, lo mejor es entre 224 a 320 kbps, entrarán menos canciones en la memoria del MP3, pero tu oído y sensibilidad te lo agradecerá.

4 Comentarios

  • Cali, se me ocurren algunos comentarios sobre este tema de la “baja” fidelidad.
    Bueno, en principio es sábado por la mañana, y como el mundo está por construírse, todo vale, le voy a ir poniendo número a las ideas que se me ocurren.
    1) Me acuerdo de las noches sin dormir, al pie de los baffles, soldador en mano, escuchando el primer vinilo de Lyle Mays (por ejemplo) y decidiendo si le agregábamos o no un capacitor más al divisor de rango medio.
    2) Los sábados a la tarde, en un cuartucho lleno de herramientas y componentes electrónicos, mate en mano, el amplificador Acoustech a corazón abierto, y el osciloscopio mostrando que el integrado que había sido reemplazado había mejorado “los transitorios”.
    3) El olor del primer disco importado que compré: Exposure de Robert Fripp, y el sonido de “Solo” de Egberto Gismonti, impreso en vinilo de primera calidad por el exquisito sello ECM.
    4) Ir a la ferretería a comprar una pasta pulidora de metal, para pasarle a os ejes del brazo de mi nueva bandeja giradiscos Hitachi… y pulir, pulir, pulir… y después la satisfacción (o sufrimiento existencial?) al escuchar un disco de UK con mejores agudos.
    5) Cuando apreté el botón play de mi grabador Ranser y empezó a sonar el cassette (made in argentina, comprado en la terminal de omnibus de Rosario) de Relayer de Yes, y no hubo palabras para asimilar la catarata de imágenes en mi cerebro virgen.
    6) Cuando a ese mismo grabadorcito le enchufé un baffle Ranser, blanco(!), apuntado al vértice de mi habitación y escuché Money de Floyd… con graves!
    7) Mientras escribo esto, cerca mío hay cajones llenos de cds, un equipo de audio de “alta” fidelidad, revistas y libros sobre música, un discman, en esta pc el acceso a una biblioteca musical sin límites (con audio de alta, media y bajisima fidelidad…)
    8) Quiero recuperar la inocencia de mis oídos, “recuperar la inocencia en un campo de experiencia” diría Fripp, “pintar como un niño” diría Picasso. Volver a emocionarme con música. A veces lo logro, cuando bajo la guardia con el análisis mental y el hecho quizás no dependa tanto de la calidad sonora, sino de permitir la resonancia con la belleza que está (a fin de cuentas) de este lado de la oreja. “Belleza es lo que sentís cuando tus expectativas estéticas se ven excedidas” dice Eno.

    Es sábado, dije, hay un día hermoso allá afuera, me voy de la pc, un abrazo.

    Pedro

    Anonymous 23 febrero, 2008
  • Al igual que vos enumero algunas cosas que vienen al caso:

    1) Intentar hacer sonar bien discos como el primero de Lyle Mays o el disco “solo” de Gistmonti, eran una empresa imposible en discos de vinilo, con esos pianisimos que quedaban atrapados con el ruido del surco.

    2) Recuerdo cuando armé mis primeros “bafles” de madera (hasta ese entonces el winco stereo los traía de plástico!). Cuando puse Brain Salad Surgery, uff!, lo recuerdo perfectamente, era un sábado a la noche en invierno, trascendental!.

    3) Hoy disponemos de todo para escuchar como nunca antes. La tecnología digital lo puede ofrecer, pero… LA INDUSTRIA musical prefiere quitarle rango dinámico a la música de la mano de quitarle rango dinámico al arte.

    4) Recuerdo la primera vez que oí un CD, fue en un discman tuyo, con auriculares. Primero, todo era silencio y cuando empezó la música no podía creer que semejante sonido saliera de forma tan inesperada, estaba acostumbrado a que el volumen uno lo presintiera al escuchar el ruido de fondo del disco… aquí no había fondo (o era casi inaudible). Otra experiencia trascendental.

    5)Pero ir avanzando de la manera en que se avanzó en intentar lograr reproducir en tu casa o en tu cabeza lo que se hizo en un estudio o quiso hacer un artista para llegar hoy día a que los técnicos graben, o remastericen obras viejas , pensando en subir todo el volumen para que suene fuerte en la radio o no se pierdan “detalles” cuando estás en el ruido del subte, es un crimen!.

    6) También es cierto que algunas cosas ya son cada vez más difíciles que uno las pueda repetir en cuanto a “sacudones” artísticos, yo me lo pregunto. Pero tambien recuerdo a Seru Giran en “Frecuencia Modulada”:
    Si en la música que escuchas no hay vida,
    si la letra ya no tiene inspiración.
    Si aunque aumentes el volumen ya no hay fuerza.
    Son los tiempos que están huecos de emoción.

    Cali 27 febrero, 2008
  • Barry Diament, ingeniero que masterizo para cd la primera edición de “Close to the Edge” de Yes, “Houses of the Holy” de Zeppelin, y varios clásicos más en los 80, escribe en su web un texto fundamental sobre la perversa masterizacion del audio en la actualidad:
    http://www.barrydiamentaudio.com/loudness.htm

    De paso, en otro articulo, da algunas recomendaciones sencillas para mejorar mucho la performance de nuestro equipo de audio y la habitación en que escuchamos música… en mi caso, simplemente moviendo los baffles de lugar… sentí como si me hubiese comprado un amplificador clase A!
    http://www.barrydiamentaudio.com/monitoring.htm

    Pedro

    Anonymous 27 febrero, 2008
  • “El mítico Lou Reed suele emitir opiniones fuertes, y esta vez dispará: ´La gente tiene que exigir más calidad´.”

    Se refería al MP3.Lou Reed pidió subir su calidad, y sostuvo que “la gente a la que le interesa el buen sonido es vista como si fuese parte de un zoológico”.
    (Suplemento NO Página/12. Trivia, Patchanka, 20 de marzo 2008.

    Cali 22 marzo, 2008