La reconstrucción de “Chávez Ravine” por Ry Cooder



Estoy en Aeroparque esperando embarcar en un avión que está demorado. Buen momento para los auriculares y estoy escuchando a Ry Cooder. Siguiendo con la música “efecto borde”, me han regalado este disco de Ry Cooder titulado “Chávez Ravine”. Un disco “conceptual” donde se relata a través de diferentes trazos e imágenes musicales, la historia de la desaparición de un barrio latino en las afueras de Los Angeles en los años ´50s para construir un nuevo estadio de béisbol. El disco es un obsequio de mi “dealer” principal en este rubro musical, Joshua Karliner.

El disco fue editado en el 2005 y acompañan a Cooder una troupe de músicos latinos que logran un disco por momentos melancólico y con el recuerdo de lo cotidiano de ese barrio expulsado violentamente por las topadoras. Engañadosy estafados, los habitantes de Cávez Ravine rememoran ese episodio en una par de videos que incluyo seguidamente. Por otro lado reproduzco la crítica realizada en Soles Digitales. Los links aparecen mas abajo.

Cali

La otra cara del progreso
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar

Sello:
Warner Music. Género: Blues / fusión. Duración: 70:06’. Cantidad de temas:
15.

Con este curioso trabajo, el mítico guitarrista Ry Cooder da continuidad
a su pasión por la música latinoamericana. Años atrás, fue el cerebro productor
detrás del éxito del Buena Vista Social Club, que desempolvó del arcón de los
recuerdos a la vieja guardia del son cubano, como Ibrahim Ferrer y Compay
Segundo. Ahora, se mueve hasta la frontera para transitar ese sinuoso de la
cultura mexicana residente en Estados Unidos, y de nuevo lo hace recurriendo al
pasado. En este caso, para relatar en un disco conceptual la historia del
olvidado barrio chicano Chávez Ravine, de la ciudad de Los Angeles.

Una elección sobrecargada de sentido, donde se cruza la historia política con la
cultura marginal, y se muestra contracara de la triunfante sociedad
norteamericana de la segunda posguerra mundial. Cooder recupera la historia de
un bucólico barrio de clases bajas inmigrantes, que fue erradicado para
construir el estadio del equipo de béisbol Los Angeles Dodgers. Toda una bisagra
donde se enfrentan la cultura alternativa versus el empuje de la creciente y
moderna industria del entretenimiento y el profesionalismo deportivo.

En el medio, queda la pasión popular por los ovnis, la paranoia macarthysta, y un
colorido crisol de personajes mestizos y un eclecticismo musical igualmente
mestizado.

“Poor Man’s Shangri-La” abre el disco con aire casi naif, con una inocencia de aquel barrio que luego se convertirá en amargura ante el desalojo. Así, se comienza desde aquel pasado ya perdido, pero reinventado, y de a poco el disco va perdiendo el optimismo y se hace cada vez más oscuro y denso, como la propia historia del Chávez Ravine.

“Onda Callejera” relata en español y con ritmo ranchero la erradicación. Y si de buscar una excusa para echar a aquellos pobres mexicanos se trata, nada mejor que acusarlos de comunistas (hoy les dirían terroristas), y para eso llega la paranoide “Don’t Call Me Red”. El punto más alto del disco llega con el impecable “Corrido de Boxeo”, un relato claro y nostálgico de honrados boxeadores amateurs que ganan peleas pero no pueden vencer al avance de las topadoras, contado con toda la calidez de la tradicional música mexicana. El swing de la guitarra de Cooder se incrementa con la entretenida “Muy fifí”, y llega a su punto máximo con “Los Chucos Suaves”,
ambas cantadas también en castellano. Se cierra el bloque de canciones en
español con la paródica “Chinito Chinito”, que con acento oriental forzado
coquetea con los estereotipos de los asiáticos tintoreros.

Termina el bloque hispano, y a medida que la lengua de Cervantes va desapareciendo en las letras se apagan lentamente las luces de alegría que iluminan la vida cotidiana del Chávez Ravine. La seguidilla “3 Cool Cats”, “El U.F.O. Cayó”, “It’s Just Work For Me” y “In My Town” van oscureciendo el ambiente hasta que solo quedan escombros. Con ellos, el disco se vuelca definitivamente hacia un blues
intencionalmente enfermizo, que busca recrear la tristeza del barrio y el
escozor de sus habitantes.

La ranchera mexicana le devuelve el acento español al disco, pero ya con aires de derrota, en “Ejercito Militar” y el anímicamente tanguero y melancólico “Barrio Viejo”. El inglés se impone de nuevo con “3rd Base, Doger Stadium”, la aceptación trágica de que el estadio ha pasado por arriba al barrio.

Cierra la historia, cierra el concepto. Cooder ha manejado
en forma impecable los desequilibrios que surgen entre pasado y presente,
tradición y progreso. La lengua como indicador de clase y posición social, como
demarcación entre oprimidos y opresores. Contradicciones, luces y sombras, con
un disco que deja mucho para pensar y una excelente música para oir.

Fuente: Soles Digitalhttp://www.solesdigital.com.ar/discos/rycooder_chavezravine.htm