noviembre 13, 2016 Publicaciones 3 comentarios

El populismo es una práctica política que busca la rápida adhesión popular apelando a mostrarse simpático, solidario y portavoz de aquellas preocupaciones, temores, miedos y prejuicios arraigados en la opinión pública. Opiniones públicas que son adoptadas en base a trazos gruesos y rudimentarios de la realidad, expresiones y reacciones epidérmicas que sólo son síntomas y que no configuran un programa político en sí mismo. El “dirigente” político, capaz de generar un sano liderazgo, comprende el malestar popular y lo traduce en políticas que atiendan la natural complejidad de los problemas y conflictos sociales. La política en serio procura dar verdaderas respuestas a estos problemas, se trate del desempleo, las desigualdades sociales, los inmigrantes, el delito, la corrupción política, la impunidad, etc.

El populismo suele ser tanto de “derecha” como de “izquierda”, depende del origen y de la oportunidad en la que surja el candidato populista. Su simbología ideológica es poco relevante en este punto. El magnate Donald Trump es el ejemplo populista del momento.

El líder populista promete resolver problemas complejos a través de fórmulas simplistas y radicales. Obviamente, soluciones mentirosas. Falsas soluciones. Soluciones populistas que sirven para ganar elecciones y para entusiasmar al electorado en una cruzada contra la “política”.  La “política” es eso que no puede darles respuesta, por eso vota a la “antipolítica” o al “antisistema”. Así la emprenden contra los partidos políticos, los medios de comunicación, las corporaciones o lo que fuere, depende del humor del momento.

Escucho a mucha gente despotricar contra Trump y sus votantes “engañados”. Sin embargo, me parece necesario comentar algo que ha venido ocurriendo durante las últimas semanas en Argentina y sin una aparente conexión.

Durante las últimas semanas viene siendo motivo de preocupación pública los “aumentos que se otorgaron” los diputados nacionales. A mi juicio este “debate” manifiesta la latencia de la demanda populista en nuestro país. Se trata del famoso“dietazo” en el Congreso Nacional. Un verdadero “issue” demagógico en base a datos falsos y cifras engañosas que se alimentó desde la prensa y algunos diputados demagogos. Un tema repetitivo que activa los peores prejuicios populares hacia la “política”, particularmente sobre uno de los poderes del Estado, el Poder Legislativo.

Es un clásico este tipo de prédicas en la boca o pluma de algunos polemistas. Con facilismo y mucho prejuicio, se informa mal aún a sabiendas de la realidad de los números. Tampoco parece interesar la realidad y la naturaleza de la tarea que realiza un legislador. Todo esto se hace procurando hacer que “doña Rosa” reaccione y así ganar fácilmente audiencia o lectores. Convertirse en fiscal mediático de la “política corrupta, ladrona y parasitaria” es bastante simple. Luego, cuando doña Rosa vota a Trump, esos mismo periodistas y analistas nos dictan cátedra de populismo y de cómo esos candidatos oportunistas engañan a la gente.

De  la devaluación de la política y de su mal uso, se sale haciendo mejor y más política. Algo de eso ha ocurrido en el Congreso de la Nación durante 2016, pero el prejuicio no se supera por sólo un buen año. Se superará a través de muchos años de buena política y una buena comunicación de los logros que repercuten en la vida de la ciudadanía. Ahora, esta tarea requiere de tiempo y un periodismo que haga análisis político crítico y cierto. De otro modo, periodistas y políticos demagogos, seguirán alimentando el huevo de la serpiente de una opinión pública desinformada y cargada de prejuicios.

Cali

PS: todas las dudas sobre el famoso “dietazo”, ningún problema en responder preguntas.

Written by Juan Carlos Villalonga