Miedo Líquido

Acabo de terminar “Miedo Líquido” de Zigmunt Bauman. Si bien son abundantes sus escritos acerca de la “liquidez” del mundo contemporáneo, no deja de sorprenderme una vez más con su filosa mirada sobre la ciénaga en la que estamos hundiéndonos. Recomiendo incursionar en Bauman para intentar comprender el vacío que va generando la violencia global desatada hoy. Va un fragmento de este libro.

Cali

La sociedad contemporánea y sus temores

La perversa “apertura” de las sociedades que promueve la globalización negativa es, por sí sola, la principal causa de la injusticia existente y, consiguiente e indirectamente, del conflicto y la violencia. Como bien comenta Arundhate Roy. “mientras la élite sigue viajando a su destino imaginario, situado en algún lugar de la cima del mundo, los pobres han quedado atrapados en una espiral de delincuencia y caos”. Fueron las acciones de Estados Unidos y de sus diversos satélites –el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio- las que “impulsaron fenómenos adicionales, subproductos tan peligrosos como el nacionalismo, el fanatismo religioso, el fascismo y, por supuesto, el terrorismo, que avanzan de la mano con el proyecto neoliberal de la globalización”.El “mercado sin fronteras” es una fórmula perfecta para la fabricación de injusticias y, en última instancia, de un nuevo desorden mundial en el que (al contrario de la proclamada en su momento por Clausewitz) sea la política la que pase a ser la continuación de la guerra por otros medios. La anarquía global y la violencia armada se nutren mutuamente, se refuerzan y se dan ímpetu la una a lastra; como la vieja máxima nos advierte, inter arma silent leges (cuando las armas hablan, las leyes callan). La globalización de los perjuicios repercute en la globalización del resentimiento y de la venganza.

 

La globalización negativa ha cumplido su misión y todas las sociedades son hoy plena y auténticamente abiertas, tanto en el plano material como en el intelectual, de manera que cualquier herida provocada por una situación de privación e indolencia, se produzca donde se produzca, viene agravada por la laceración de la injusticia: la sensación de que se ha causado un mal, un mal que pide a gritos ser reparado pero, por encima de todo, vengado… Y, por emplear la expresión con la que Milan Kundera resumió tan sucintamente la situación, esa “unidad de la humanidad” que la globalización ha generado significa, fundamentalmente, que “ya no queda lugar alguno al que huir”. Ya no hay refugios seguros en los que ocultarse. En el mundo de la modernidad líquida, los peligros y los miedos tienen también consistencia líquida… ¿o acaso gaseosa? Fluyen, calan, se filtran, rezuman… No se han inventado todavía paredes capaces de retenerlos, aunque sean muchos los que intentan construirlas.

 

El fantasma de la vulnerabilidad planea sobre el planeta “negativamente globalizado”. Todos estamos en peligro y todos somos peligros para los demás. Sólo hay tres papeles posibles que representar: el de perpetradores, el de víctimas y el de “daños colaterales”. Y si para el primero de ellos no faltan aspirantes, las filas de los elegidos para interpretar el segundo y el tercero crecen de forma imparable. Aquellos de nosotros que son ya víctimas de la globalización negativa tratan por todos los medios de escapar de ella y claman venganza. Los que todavía no lo son tienen miedo de que en cualquier momento pueda llegarles (como, sin duda, les llegará) su turno.

 

Zygmunt Bauman (Poznań, Polonia, 1925) es un sociólogo judio británico de lengua inglesa y polaca.

Enseñó filosofía y sociología en la Universidad de Varsovia antes de verse obligado a irse de Polonia en 1968 a causa de la política antisemita comunista después de los sucesos de Marzo de 1968. desarrollada por el gobierno

Posteriormente a su purga de la universidad de Varsovia, ha enseñado sociología en países como Israel, Estados Unidos y Canadá. Actualmente es profesor emérito en la Universidad de Leeds. Su producción data desde los años 50 y se ocupa, entre otras cosas, de cuestiones tales como clase, socialismo, hermenéutica, modernidad y posmodernidad, globalización y nueva pobreza.

En su libro Vidas desperdiciadas, Bauman nos habla sobre la producción de ‘residuos humanos’ —más concretamente de las poblaciones ‘superfluas’ de emigrantes, refugiados y demás parias— como una consecuencia inevitable de la modernización.

Cómo convivir con los otros ha sido un problema omnipresente de la sociedad occidental, y Bauman nos presenta las principales estrategias utilizadas: la separación del otro excluyéndolo (estrategia émica), la asimilación del otro despojándole de su otredad (estrategia fágica), y la invisibilización del otro que desaparece del mapa mental.