Niebla del Riachuelo


Hace ya varias semanas, participando en una discusión acerca del futuro del Riachuelo, sostuve, a modo de broma e ironía, que el Riachuelo debía ser dejado tal como estaba dado que era un sitio que ha sido motivo de inspiración de innumerables artistas; que se trataba de un lugar con un potencial poético inmenso. Un Riachuelo “saneado” y cristalino sería un sitio anodino y vacío de toda la carga emotiva que tiene.

Mi argumentación no tenía otra pretensión que rescatar el significado que esa porción de la ciudad ha representado por mucho tiempo dentro de la poesía ciudadana. Por supuesto que la situación del Riachuelo es de una crueldad y una miseria imposible de sostener, se trataba sólo de una picardía, pero que contiene una innegable realidad.

A modo de desafío y para sustentar mi insólita postura, pasé a dar algunos ejemplos en los que el Riachuelo ha inspirado a la poesía urbana.

Uno de esos ejemplos fue el tango “Niebla del Riachuelo” de 1937 cuya letra pertenece a Enrique Cadícamo y su música a Juan Carlos Cobian.

Luego, ya en mi casa, me puse a buscar qué versión tenía de ese tango y sólo tengo una interpretación de ese tango por Horacio Molina, una versión suave y muy íntima, al estilo de Molina.

Me propuse encontrar una versión un poco más enérgica. Finalmente, hace unos días, encontré la versión de Edmundo Rivero en un disco doble, cuyo primer CD contiene una serie de “standards” y el segundo está dedicado a versiones de tangos lunfardos, una especialidad de Edmundo Rivero. Se trata del disco “Esencia Criolla. 40 Obras Fundamentales” una compilación del año 2000.

La versión de “Niebla del Riachuelo” que contiene es del año 1962 y es realmente muy buena. De paso, comparto esa letra inmensa:

NIEBLA DEL RIACHUELO

Turbio fondeadero donde van a recalar
barcos que en el muelle
para siempre han de quedar;
sombras que se alargan en la noche del dolor;
náufragos del mundo que han perdido el corazón;

Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar;
barcos carboneros que jamás han de zarpar;
torvo cementerio de las naves que al morir,
sueñan, sin embargo, que hacia el mar han de partir.

Niebla del Riachuelo,
amarrado al recuerdo,
te sigo esperando;
niebla del Riachuelo,
de ese amor, para siempre, me vas alejando…

Nunca más volvió;
nunca más la vi;
nunca más su voz nombro mi nombre junto a mi…
…esa misma voz que dijo “Adiós!”.

Sueña, marinero, con tu viejo bergantín;
bebe tus nostalgias en el sordo cafetín…
llueve sobre el puerto, mientras tanto, mi canción;
llueve lentamente sobre tu desolación…

Anclas que ya nunca, nunca más, han de levar;
bordas de lanchones sin amarras que soltar;
triste caravana sin destino ni ilusión,
como un barco preso en la botella del figón…

Niebla del Riachuelo,
amarrado al recuerdo,
te sigo esperando;
niebla del Riachuelo,
de ese amor, para siempre, me vas alejando…

Nunca más volvió;
nunca más la vi;
nunca más su voz nombro mi nombre junto a mi…
…esa misma voz que dijo “Adiós!”.