El futuro laboral, los empleos disponibles que tendremos en el futuro, es un tema tabú para la política. Al igual que en tantos otros temas, los dirigentes políticos, empresariales y sindicales, mayoritariamente, apuestan a un optimismo infundado. Suponen que la cosa se solucionará de “algún modo”.

Lo cierto es que nada indica que ese “algún modo” esté apareciendo en el horizonte.

Se pregona hasta el cansancio, cual mantra de la época, la necesidad de educar para que los jóvenes sean emprendedores, incentivarlos para la creatividad y la innovación, etc. Por supuesto que eso es esencial para los tiempos que vienen. Pero, ¿es suficiente?… parece que es mejor no hablar de algunas cosas.

De hecho, ocurrió recientemente en el Foro de Davos. Las noticias no era buenas, pero se las pasó por alto completamente. Al optimismo tecnológico que nos anuncia un porvenir donde todos seremos programadores o alguna cosas por el estilo, o que tendremos nuestras propias empresas, parece que nadie le quiere sembrar ninguna duda. El riesgo en estos tiempos tecno-optimistas es pasar por conservador o temeroso. Creo que se comete un error garrafal.

En enero de este año se presentó en el World Economic Forum (Davos) un informe titulado “The Future of Jobs. Employment, Skills and Workforce Strategy for the Fourth Industrial Revolution”. El informe trae noticias importantes. Algunas cosas ya las sabemos. Las nuevas tecnologías de la información están cambiando radicalmente nuestro entorno laboral y muchas de estas tecnologías se potencian unas a otras generando innovaciones y avances notables día a día. No es sorpresa, por el contrario, es un fenómeno al cual, mayoritariamente, lo consideramos positivo y alentador. Menos trabajo rutinario, más velocidad, menos carga laboral y más creatividad.

El ritmo de esos cambios son vertiginosos. Se sabe que el 65% de los niños que hoy ingresan a las aulas de educación primaria, trabajarán en empleos que hoy ni siquiera existen. ¿Cómo se los prepara? Es parte de ese gran desafío que nos propone el nuevo entorno laboral.

Pero la cuestión central es saber si esta transformación en el mundo laboral nos conduce a una mayor o menor cantidad de empleos disponibles. Esa es la cuestión.

En una primera aproximación, la mayor eficiencia tecnológica, la robotización, la inteligencia artificial y tantas otras disciplinas reemplazan empleos. El desarrollo de tales disciplinas generan empleos y el nuevo entorno genera otros empleos también. ¿El balance es neutro, positivo o negativo?

De manera rudimentaria, el sentido común diría que se producirán pérdidas de empleos. Pero decirlo parece que uno es un ludita trasnochado. Bueno, el WEF dice que se perderán empleos.

El informe dice que durante el período 2015-2020 se producirá una pérdida neta de 5,1 millón de empleos. Será transitorio? nadie lo sabe. Pero ese es el futuro inmediato.

Se perderán alrededor de 7,1 millón de empleos y se generarán alrededor de 2 millones de nuevos puestos de trabajo. No sólo cambia el tipo de trabajo, sino que habrá menos trabajo para repartir. No es buena noticia. No la escondamos abajo de la alfombra.

Las estrategias para paliar semejante futuro se sabe que es la educación y prepararse para ese futuro. Los Estados deben prepararse para una situación compleja: menos empleos, mayor longevidad de la población y la necesidad de limitar la expansión material de la economía más allá de los límites del planeta.

Hay que hablar del mundo que se nos viene. Luego sigo.

trabajo

Written by Juan Carlos Villalonga