Fue un día histórico. Dos décadas a la espera de que un acuerdo termine con las excusas para poner manos a la obra en cada uno de los países y se empiece a trabajar para luchar contra el cambio climático. Oscar Soria es un argentino que vivió todas las cumbres. Lo hizo desde un lugar especial: el activismo ambiental. Trabajó para tres de las ONG más grandes del planeta: Greenpeace en su capítulo argentino, capsule primero; WWF internacional, después, y este logro lo encuentra en Avaaz, como senior campaigner, vocero y lobbista. Hizo todo lo que estuvo a su alcance para llegar a este resultado. LA NACION dialogó con Soria en Le Bourget, en medio de la excitación por el acuerdo alcanzado en la cumbre.

-¿Empieza un nuevo capítulo luego del acuerdo?

-Definitivamente: esto es histórico. París representará un punto de inflexión en la diplomacia internacional climática, pharmacy abriendo el camino para un cambio hacia un modelo energético 100% limpio, algo que el mundo necesita. Marchando en las calles, llamando a los jefes de Estado y firmando peticiones, la gente en todas partes creó este momento, y ahora la gente en todo el mundo logrará asegurar el futuro de la humanidad.

-¿Cómo se siente después de haber trabajado tantos años, y desde distintas ONG llegar a este punto?

-Cuando [el canciller francés] Laurent Fabius mencionó a Copenhague, me emocioné. Estuve los primeros días allí, recuerdo la tensión, el poder del lobby petrolero y a la comunidad internacional dividida. Me acuerdo de los presidentes entrando para hablar brevemente y luego, literalmente, escapándose. Recuerdo la angustia y la frustración de las últimas largas noches… Seis años después, estamos en otro mundo, con una comunidad internacional que, compleja y diversa, hoy está preparada para salir adelante y enfrentar la crisis climática.

-¿El cambio climático desaparece como tema? ¿Qué podría pasar con las cumbres de aquí en más y qué papel tendrán las ONG?

-Todo lo contrario. El cambio climático será un tema prioritario en la agenda diplomática internacional, y marcará profundamente los debates nacionales en las próximas décadas. Más que cerrar o saldar este debate, hoy asistimos a una nueva discusión: si hace 20 años se discutía si el cambio climático era real o no, o cuanto realmente afecta, ahora lo que se discute es cómo salimos de la era de los combustibles fósiles y diseñamos un modelo 100% limpio para las próximas generaciones. Las ONG salimos de esta cumbre con la frente en alto. El movimiento climático está más fuerte que nunca, pero ahora vamos a tener nuevos desafíos, como profundizar el diálogo con los gobiernos e influir más efectivamente a los que toman decisiones, sin perder independencia ni integridad.

-Durante esta cumbre la sociedad civil tuvo gran protagonismo a través de Avaaz. ¿Cuál es el balance que hace como miembro de la organización?

-Estamos muy orgullosos de lo realizado por nuestra comunidad en particular. La respuesta no sólo de nuestra comunidad, sino de todo el movimiento ambiental y social en todo el mundo, ha sido impresionante. Mas de 3,6 millones de personas pidieron por un modelo 100% limpio para el mundo, y más de 785.000 marcharon en cientos de países, superando todas las expectativas e incluso sin contar con la marcha central de París, que fue cancelada por los ataques terroristas de noviembre. Las historias de la gente movilizándose no deja de conmoverme.

-¿Cree que la Argentina ocupará un lugar preponderante en la nueva agenda de cambio climático?

-Debido a las circunstancias políticas de la Argentina, la delegación cambió de mando al último día y no tuvo mucho margen de maniobra. Asimismo, hay una serie de compromisos y alineamientos que la Argentina tomó anteriormente en el plano internacional y que deberá revisar si quiere ser un actor constructivo en la lucha contra el cambio climático. Con todo, hay mucha expectativa en la comunidad internacional sobre el rol de Buenos Aires en las próximas discusiones, en especial teniendo en cuenta que la nueva delegación ha dado los gestos correctos en París: abrir puentes de diálogo, escuchar y por sobre todo no obstruir el consenso construido en estos días. El desafío de la Argentina es doble: por un lado tendrá que recuperar credibilidad en estos foros globales y, al mismo tiempo, que eso se refleje en casa, donde el cambio climático deberá formar parte de la agenda. Marcos Peña y Juan Carlos Villalonga ya lo han mencionado, e incluso el propio presidente Mauricio Macri prometió públicamente un impulso a las energías renovables. Sin embargo, existen discusiones que la Argentina debe resolver puertas adentro: temas como el fracking o la deforestación tendrán seguramente una incidencia en las posiciones de Buenos Aires en las próximas cumbres climáticas.

Fuente: La Naciòn

Written by Juan Carlos Villalonga