En una nota que titulé “La primera y la próxima estación” (septiembre 2008) escribí:

“…me saca de las casillas cuando veo a Kirchner (como han hecho tantos) hacer inauguraciones de ramales que se caen a pedazos, apenas pintan por encima del óxido y la precariedad a una locomotora, le ponen las banderas y la marcha, y ya está el acto para la gilada. Con eso, lamentablemente no funcionan los trenes. A la semana, por supuesto, sale en los diarios que ese mismo tren se paró en medio de la nada, que demoró 12 horas en llegar a destino. Pero claro, ya no sale en la sección política y nadie paga el costo. Nunca pagan porque no se les cobra la mentira y la demagogia. Eso no se hace porque fallamos nosotros, no porque los ‘bonistas’ nos acorralan. A mentirnos de esa manera no nos obliga el FMI ni Bush ni Ménem, aunque siempre se los use como un mantra que neutraliza toda crítica”.

En definitiva, tengo un profundo interés en la reconstrucción del ferrocarril en Argentina. No en reconstruir aquel antiguo ferrocarril que algunos añoran, hablo de un ferrocarril acorde a las demandas de este siglo, con la tecnología que eso requiere y sabiendo que debe competir con otros medios de transporte que han tenido una evolución radical desde los años 50 para acá.

Yo sé que a muchos les encanta señalar los 90 como el momento en que se “destruyeron” los trenes. Yo prefiero decir que en los 90 se abandonaron definitivamente los trenes y el Estado renunció a ese medio de transporte. Los trenes estaban destruidos desde mucho antes.

Entonces, no puedo menos que felicitar al actual gobierno por la reconstrucción del ramal y servicio que une Buenos Aires con Mar del Plata. Una reconstrucción verídica, no de simulación como lo hizo el kirchnerismo. Un tren que pueda seducir al pasajero a optar por ese medio.

Muy probablemente, con las reparaciones realizadas en las vías y el mejor equipamiento de los coches, ya no ocurrirán esas paradas eternas en el medio del campo. Ese ferrocarril que era en sí mismo un desprecio por los pasajeros, precisamente, los pasajeros con menor poder adquisitivo.

Confío en el profesionalismo con que fue encarada esta obra y me pone muy contento ver que aquellos ramales con potencial para  el transporte de pasajeros o cargas, comienzan a revitalizarse.

Ahora bien, la duración del viaje sigue siendo demasiado prolongada. Mucho tiempo para ese viaje, unas 7,5 horas. Eso torna inviable o poco atractiva la opción Bs.As.-Mar del Plata por tren. Es necesario que ese tiempo de viaje se vaya reduciendo notablemente. Debemos estar en un par de años en unas 4 horas. Eso se puede lograr en la medida que se ponga a punto los tramos de vías que aún no han sido mejorados, los pasos a nivel estén mejor protegidos con barreras o sean convertidos en pasos bajo nivel. El objetivo debe ser reducir el tiempo de viaje y ofrecer un confort que haga atractivo el viaje en tren.

No se trata de “volver” a aquel antiguo tren que conocimos. Se trata de subirse a un tren que pertenezca al siglo XXI.

Cali

 

En el tren a Mar del Plata, la comodidad compensa el largo viaje
El primer servicio con pasajeros tardó 7,5 horas, pero fue amigable

Pablo Mascareño
LA NACION
MIÉRCOLES 05 DE JULIO DE 2017

MAR DEL PLATA.- Sobre la tradicional avenida Pedro Luro de Mar del Plata se percibe una atmósfera de fiesta. Luego de dos años de inactividad, volverá a salir el tren con destino a Buenos Aires. Son las 23 del lunes 3 de julio. En el andén 4 descansa el coloso de doce coches y una locomotora.

Sobre la plataforma, los operarios dejan a punto el tren para que pueda partir. Familias con niños, jóvenes estudiantes y una buena cantidad de jubilados conforman el nutrido grupo de pasajeros ansiosos por abordar, para descender en alguna de las 12 estaciones intermedias o en la terminal porteña.

En el preembarque, el personal pide el boleto y el DNI de cada pasajero. Algunos deben despachar sus valijas más grandes: sólo se puede acceder con bultos de mano o de porte mediano. En la puerta de cada coche, una azafata invita a subir. Los buenos modos definen la atención. El interior luce impecable. De a poco se va colmando, aunque quedarán asientos libres. Suman 388 pasajeros. Las butacas son reclinables y tienen una bandeja para apoyar la notebook o la cena.
La gente se toma fotografías dentro y fuera de la formación. En la Argentina del siglo XXI, un tren a estrenar aún resulta una novedad.

Un video ilustrativo explica cómo actuar en caso de emergencia. Y un tríptico de mano detalla las comodidades del servicio: dispensers de agua fría y caliente, música funcional, aire acondicionado frío-calor y una red para ver películas en el celular o en la tableta. Servirán para amenizar los 404 km de viaje.
El pitido del guarda genera alegría y emoción. A las 23.59 en punto, las puertas automáticas se cierran. Y con rigurosidad el tren arranca. Los pasajeros aplauden.

La formación comienza a entrar en zona rural. En forma paralela serpentea una ruta 2 desolada, transitada por algún camión, muy pocos autos y servicios de ómnibus. Todos circulan más rápido que el tren. Pero eso no importa. Dentro del vagón, los pasajeros caminan y disfrutan. El andar de la formación es muy suave.

Una hora después se apagarán las luces, pero antes se anuncia la apertura del coche comedor. Un staff de mozos toma el pedido. A los comensales se los llama por el nombre. El tren se convierte en una casa de comidas rápidas. Sin embargo, la mayoría de la gente se dispone a descansar.

Cuando las luces se apagan, sólo quedan encendidos los extremos de cada vagón, donde se ubican los sanitarios perfectamente equipados y pulcros. Como las azafatas, el personal de limpieza y los técnicos deambularán durante toda la noche. El silencio se apodera de todo y sólo se interrumpe en cada estación.

Luego de Coronel Brandsen, la zona rural comienza a dar paso a un conurbano inmenso. Las luces se encienden. Se acerca el final del viaje. A partir de Alejandro Korn, el tren comienza a cruzarse con las formaciones del ramal eléctrico. Cada tanto, la formación se detiene un rato. Veinticinco minutos después de lo previsto, alcanza el andén de larga distancia de Constitución. Fueron casi siete horas y media, pero en un servicio tan cómodo como placentero. Y con atención impecable.

 

Mar del Plata, el tren del fracaso

Sebastián Fest LA NACION

MIÉRCOLES 05 DE JULIO DE 2017

Pocas sensaciones más liberadoras e ingenuamente felices que la que produce subirse al tren en una gran estación rumbo al destino soñado, desconocido o, simplemente, lejano. Esas estaciones que, en su monumentalidad, simbolizan una Argentina que fue, y sobre todo que pudo haber sido. Retiro, renovada, da esperanzas. El tren a Mar del Plata, resucitado, da ganas de llorar: se necesitan dos horas más que hace medio siglo para conectar Buenos Aires con la principal ciudad turística del país. Fráncfort y Hamburgo, a 394 kilómetros de distancia, se unen en tres horas y 20 minutos; Madrid y Valencia, a 391, en una hora y 40. Son apenas dos ejemplos.

Hasta Mar del Plata hay 12 paradas, se explica. Y hay 114 pasos a nivel en la traza de la vía. Aún hay que reemplazar 129.000 durmientes defectuosos. Y ya se instalará el Wi-Fi en las formaciones…

Todo muy comprensible, claro, pero las casi siete horas que demanda llegar a destino convierten el tren en un símbolo. Ya naturalizamos el absurdo, porque celebramos un tren que viaja a 60 km por hora. Símbolo de la corrupción y de la ausencia por décadas de un proyecto de país, de ese fracaso que nos subió a éste y a tantos otros trenes traqueteantes.

Written by Juan Carlos Villalonga