Las obras para piano, pero particularmente las improvisaciones, ya sean en base a un tema o totalmente libres, tienen a mi juicio la capacidad de expresar, como pocas otras manifestaciones musicales, la infinita capacidad humana para la belleza. El músico y el piano configuran una situación que despierta en mí admiración y devoción.

Hay una obra emblemática. El “Köln Concert” (1975) de Keith Jarrett que es un hito contemporáneo. Una referencia para la música del siglo XX. Una improvisación que expresa como pocas esa conjunción de músico que expresa libremente una música que no se sabe de dónde viene.

Algo de eso quiero empezar a compartir los miécoles. Obras de solo piano, de muy diferentes estilos, pero que hacen a la magia de la que hablo.

 

Written by Juan Carlos Villalonga