Este domingo, el diario La Nación publicó una excelente nota de la periodista Alejandra Folgarait acerca de la proliferación de teorías conspirativas y su enorme difusión a través de las redes sociales. Recomiendo enfáticamente su lectura: “Quiero creer. ¿Por qué tienen éxito las teorías conspirativas?”

Prácticamente no hay campo temático o rubro informativo que no haya sido alcanzado por la ola de opinadores que hacen “like” o comparten las notas más absurdas, disparatadas y tenebrosas que explican los sucesos cotidianos a partir de acciones manipuladoras de oscuros intereses. La revelación de esos poderes ocultos tiene un enorme poder de seducción, básicamente porque encajan en una manera prejuiciosa de ver al mundo. Un mundo donde casi todos los males se explican a través de actores muy malos y ocultos que tienen planes para dominarnos. Una lectura así de las cosas nos exculpa automáticamente de nuestras responsabilidades ciudadanas y colectivas, de los garrafales errores sociales y políticos que se cometen a diario.

La teoría conspirativa nos hace sentir cómodos. Siempre hay una que explica las cosas tal cual nuestros prejuicios raciales, políticos, corporativos o científicos lo necesitan. Saber de una conspiración nos hace quedar ante el resto como poseedores de una información que los demás no tienen o de una evidencia de la que no se habían dado cuenta. Conocer eso que los demás no saben nos hace pasar, de manera instantánea y fugaz, como seres despabilados y como lectores sagaces de la realidad. Demasiadas tentaciones para no ceder ante una buena explicación conspirativa.

Claro que es este un fenómeno que siempre existió. Existen libros emblemáticos sobre conspiraciones globales y sectas que actuaban como células de resistencia ante el mal oculto. Pero el avance de las comunicaciones, en particular internet 2.0, permite que cualquiera, sin tener que leer demasiado ni abrevar en muchos vericuetos argumentales, sea parte de la divulgación de las mismas. Debo reconocer que leer los libros que fundamentaban la existencias de aquellas sectas requerían de un ejercicio intelectual no despreciable. Hoy sar a conocer al mundo estas conspiraciones es mucho más rápido, fácil y cómodo.

En lo pesonal experimenté cómo, progresivamente, este tipo de explicación de las cosas fue ganando terreno dentro del movimiento ambientalista. Particularmente, con la popularización de internet. En los ’90, a través de la vedette de entonces, el “e-mail” y su facilidad de envíos a listas infinitas de destimatarios, cualquiera podía dedicarse a distribuir y bombardear sus presunciones más alocadas a muhas personas al mismo tiempo. También, es justo decir, aparecían mensajes esclarecedores y brillantes. Pero de esos dos tipos de mensajes, los más populares y con mayor poder de “viralización” eran los primeros.

Fue en los años ’90 que apareció un e-mail emblemático. No, no hablo del correo de aquel nigeriano que tenía un tío millonario (¿lo recuerdan?). Se trató de un e-mail que nos llegaba desde Tierra del Fuego, firmado por una maestra perteneciente a un sindicato docente de la provincia. Allí pedía ayuda porque allí se había instalado una base militar norteamericana, lo que disparó dos traumas nacionales: la invasión “yanqui” y el interés internacional por la Patagonia. El combo pefecto.

Ese e-mail me llevó inmediatamente a investigar la veracidad de la información. Imaginen que de existir una base militar de Estados Unidos en Tierra del Fuego era raro que todos nos enteraramos por un e-mail de una maestra preocupada. El correo electrónico se transformó en una ola de indisgnación: la instalación de la base era un hecho que debía ser “repudiado” por los movimientos sociales y ambientales.

La información no era cierta. Se trataba de un equipo de medición de ondas subsónicas del sistema de alerta de un tratado internacional al que Argentina pertence. Una instalación igual a otras dos que ya existían en el territorio nacional. Pero explicar eso iba en contra del “sentido común” y de lo que se quería creer. La verdad sobre la base era explicación demasiado simple y poco digna para una cruzada contra el imperialismo y nuestro “victimismo criollo”. Así fue que el e-mail fueguino fue imparable.

Al principio, ante las consultas, me dedicaba a responder a aquellos que escribían preocupados a Greenpeace. Por ese entonces estaba en la Dirección de Campañas de Greenpeace. Imaginen que para  muchos expresar preocupación tenía la facilidad que implica un simple forward. Uno a uno respondí esos infinitos mails. Luego pasé a recolectar las direcciones y a hacer respuestas masivas. Lejos de agradecer la información con los datos reales de la base recibía puteadas. El sentimiento de traición que generaba mi e-mail iba in crescendo.

Desde  ese momento, allá por los ’90, descubrí cuanto molesta la verdad a los que prefieren una buena conspiración a la que oponerse,  sintiéndose parte de una cruzada encarnizada vía internet.

La intensidad bajaba de pronto y uno podía creer que finalmente la verdad había prevalecido. Pero no, bastaba que alguien desempolvara el e-mail luego de años de su original emisión, para que otra vez una nueva oleada de denunciantes se hagan eco. Y otra vez todo se repetía. Para colmo, finalizando esa década, la situación que desembocaría a la megacrisis del 2001 generó como una “primavera” de activistas virtuales contra la hegemonía de las corporaciones y los intereses “yanquis”.

Un ejemplo es este mail que recoge la página Indymedia, muy popular por esos años. Recuerden que la Web no era aún tan accesible como lo es ahora, y no existían las redes sociales ni los blogs.

Este era el tipo de acusaciones que uno recibía sólo por contradecir una muy buena y funcional teoría conspirativa (link):

Greenpeace está de acuerdo con la base militar
Por goyo – Tuesday, Jan. 15, 2002 at 7:59 PM

Esta es la respuesta que Greenpeace le da a ciudadanos “inquietos” por la instalación de la base yanqui en Tierra del Fuego.CUMPAS, PARECE QUE GREENPEACE ES UNA ONG DE LOS YANQUIS.

Yo les escribí un mail diciendo que soy un “socio que les aporta mensualmente, y que estoy preocupado por el futuro de mis hijos” (y lo estaría si los tuviera, hehe). Vean como se desentienden totalmente del asunto de la base militar en Tierra del Fuego.Presten atención incluso a las “comillas” cuando utilizan la palabra “base millitar”, a la que justifican en funcion de los tratados internacionales existentes. De todas maneras, creo que a todos nos falta información, leo la información de esta ONG y la comparo con el comunicado del Sindicato de Trabajadores de la Educación de Tierra del fuego, y pareciera que ambos están hablando de cosas diferentes.Como sea, vayamos precalentando muchachos, estos yanquis de mierda juro que NO PASARAN——————————-

(texto de Greenpeace)

Nos han hecho llegar una gran cantidad de consultas vinculadas a la instalación de una “base militar” en Tierra del Fuego. Esta es la aclaración que hacemos al respecto.

Se trata de una estación de monitoreo prevista en la red de monitoreo global del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBT, por sus siglas en ingles).

Argentina es miembro de ese tratado y ya posee una serie de instalaciones pertenecientes a esa red global.Argentina ratificó por ley ese tratado en 1998 y la estación de Tierra del Fuego es una estación de infrasonido, capaz de registrar ondas de presión generadas por una explosión nuclear. Las estaciones instaladas y a instalarse en Argentina son de infrasonido, sísmicas y de detección de radionucleidos en el aire.

La existencia de estas estaciones estan contempladas en el texto del CTBT y por lo tanto son parte de una Ley Nacional (Ley 25.022) por la cual se ratificó ese tratado.Esta red de monitoreo, a pesar de las limitaciones del propio tratado y de los acuerdos globales de no proliferación de armas nucleares, constituyen un esfuerzo global para detectar cualquier tipo de detonación nuclear que se realice en algún punto del planeta. Esta red es el sistema de vigilancia del cumplimiento de los objetivos del CTBT, es decir, de la prohibición de ensayos nucleares.

 

Juan Carlos Villalonga
Coordinador de Energia
Greenpeace Argentina

 

Alberto Amarilla
Servicios Institucionales
Greenpeace Argentina

Mansilla 3046
(1425) Capital Federal

Visita nuestra pagina: http://www.greenpeace.org.ar

La denuncia se reiteraba por oleadas. Algunos dirigentes políticos se hacían eco sin investigar siquiera, y así llegaban más y más consultas. Y “no consultas”, directamente cuestionamientos de por qué no actuábamos y no nos hacíamos cargo de esa denuncia. No se ponía en duda la veracidad del mail original.

Era así como explicar la falsedad de la denuncia sólo alimentaba aún más la sospecha. Para el pensamiento paranoico y conspirativo que uno explique que la denuncia no es cierta no hace más que reforzar la veracidad de la conspiración y a asociarte a ser parte de ella. El pensamiento conspirativo se demuestra a sí mismo, quien niega la cospiración, justamente lo hace porque está asociado a la misma. No hay salida.

Confieso que al principio me angustiba.

No sé cuando se desactivó, pero hasta hace pocos años he seguido recibiendo ecos de aquel e-mail. Esta es una pequeña anécdota de cómo se prefiere echar luz sobre una gigantesca y maldita conspiración antes que distribuir una sensata y aburrida explicación de los hechos tal cual son.

Confieso también que la base “yanqui” en Tierra del Fuego marca para mí el inicion de las teorías conspitarivas dentro de la agenda verde. Desde entonces, siempre hay alguna dando vueltas, sobre los más diversos tópicos ambientales. Pero ya no me angustia tanto.

Cali

Algunos links que pueden ilustrar esta anécdota de la Base Militar en Tierra del Fuego:

Base militar americana en Tierra del Fuego

Ensayos nucleares, bases extranjeras, mentiras y mails

Pino Solanas: “existe una base en Tierra del Fuego”

Alertan sobre una base estadunidense para estudios nucleares en Tierra del Fuego

BASE NUCLEAR EN TIERRA DE FUEGO??

Recomiendo googlear el tema y comprender la magnitud de la paranoia.

…y aquí les presento la base nuclear de Estados Unidos!

Sitio oficial: https://www.ctbto.org/

Written by Juan Carlos Villalonga